CUANDO TODO CAMBIA
POV: Thiago
Día 26 de la apuesta. Sábado
El sábado llegó con una sensación extraña.
Habíamos ganado el primer set del partido del viernes,
pero todavía tenía demasiado presente todo lo que había pasado después.
El segundo set.
La tensión.
Los errores.
Y, sobre todo, la certeza de que cada partido se estaba volviendo más difícil.
Me desperté temprano, aunque no tenía clases.
Por unos segundos pensé que podía volver a dormir.
Entonces recordé que teníamos entrenamiento.
—Claro...
Me levanté y me cambié.
Cuando bajé, encontré a Matías desayunando.
—¿Entrenamiento?
—Sí.
—¿A qué hora vuelves?
—No sé.
Raúl dijo que sería una jornada larga.
Matías asintió.
—Entonces come bien.
Lo miré.
—¿Ahora tú también?
—Mamá me contagió.
—Qué desgracia.
Mi madre apareció desde la cocina.
—Escuché eso.
—No dije nada.
—Claro que sí.
Me senté.
Mi padre entró poco después.
—¿Cómo están los resultados del torneo?
—Seguimos avanzando.
—Eso es bueno.
—Sí.
Matías sonrió.
—¿Y el próximo rival?
—Todavía no sabemos todos los detalles.
Mi padre asintió.
—Entonces concéntrate en el entrenamiento de hoy.
—Eso haré.
Terminamos de desayunar y poco después Ricardo llegó para llevarme al polideportivo.
Cuando llegué, casi todos ya estaban allí.
Lucas estaba sentado en las gradas.
Dani estaba estirando.
Bruno hablaba con Mateo.
—Buenos días —dije.
—Llegaste —respondió Lucas.
—Sí.
—Pensé que ibas a dormir hasta el mediodía.
—No soy tú.
—Eso fue innecesario.
Bruno sonrió.
—¿Descansaste?
—Más o menos.
Mateo levantó la mirada.
—Hoy necesitamos estar concentrados.
Lucas suspiró.
—Mateo lleva despierto tres horas pensando en voleibol.
—No es cierto.
—Lo sabía.
Antes de que siguieran discutiendo, Raúl apareció.
—Todos a la cancha.
Nos levantamos.
El entrenamiento comenzó con ejercicios de movilidad y calentamiento.
Nada demasiado complicado.
Pero después Raúl aumentó la intensidad.
Recepciones.
Saques.
Bloqueos.
Ataques.
Defensa.
Todo seguido.
Después de casi una hora, estábamos empapados en sudor.
Lucas dejó caer el balón.
—Creo que ya aprendí la lección.
Raúl lo miró.
—¿Cuál?
—Que debí quedarme en casa.
Todos nos reímos.
—Cinco vueltas —dijo Raúl.
Lucas abrió los ojos.
—¿Por qué?
—Por la respuesta.
—Eso es abuso de poder.
—Seis.
Lucas salió corriendo.
—¡Ya entendí!
La risa volvió a llenar el gimnasio.
Después de un descanso, Raúl nos hizo jugar un partido de práctica.
No había marcador oficial.
No había público.
Pero nadie parecía tomárselo a la ligera.
Jugamos como si fuera un encuentro real.
Al principio todo salió bien.
Después empezamos a cometer errores.
Un saque fuera.
Una recepción demasiado corta.
Un bloqueo mal coordinado.
Raúl detuvo el juego.
—¡Alto!
Todos nos quedamos quietos.
—¿Qué está pasando?
Nadie respondió.
—Están pensando demasiado.
Nos miró uno por uno.
—Quieren hacerlo perfecto y están dejando de hacer lo básico.
Tenía razón.
—No necesitan demostrar nada hoy.
Respiré profundamente.
Raúl hizo una seña.
—Otra vez.
Continuamos.
Esta vez fue diferente.
Jugamos más tranquilos.
Sin intentar resolver cada pelota con una jugada espectacular.
Cuando terminó el entrenamiento, nos sentamos alrededor de la cancha.
Raúl se cruzó de brazos.
—Quiero hablarles del torneo.
Todos prestamos atención.
—La siguiente ronda será la próxima semana.
Lucas levantó la cabeza.
—¿Ya?
—Sí.
Hubo algunos murmullos.
—Y hay algo que deben entender.
Raúl hizo una pausa.
—A partir de ahora, los rivales van a conocer nuestro estilo de juego.
Ya no somos una sorpresa.
Eso cambió el ambiente.
—Van a estudiar cómo sacamos, cómo atacamos y cómo defendemos.
Bruno asintió.
—Entonces tenemos que cambiar algunas cosas.
—Exactamente.
Raúl sonrió.
—Pero no quiero que cambien quiénes son como jugadores.
Nos quedamos en silencio.
—Quiero que aprendan a adaptarse.
El entrenamiento terminó cerca del mediodía.
Mientras guardábamos nuestras cosas, escuché voces provenientes de la otra cancha.
El equipo femenino también había terminado.
Valentina salió con Sofía, Camila y Martina.
Nos vimos desde lejos.
Ella levantó una mano.
Yo hice lo mismo.
Lucas apareció a mi lado.
—¿Vas a saludar o necesitas una invitación oficial?
—Ya saludé.
—Perfecto.
—Lucas.
—Ya me callo.
Valentina se acercó unos pasos.
—¿Cómo les fue?
—Bien.
—¿Entrenamiento difícil?
—Bastante.
Sofía se rio.
—El nuestro también.
Dani apareció.
—¿Qué hicieron?
—Lo mismo de siempre.
—Eso suena aburrido.
—No lo es cuando terminas sin piernas.
Lucas asintió.
—Confirmo.
Valentina me miró.
—¿Sabes cuándo juegan la próxima ronda?
—Raúl dijo que la próxima semana.
—Nosotras también.
—Entonces probablemente nos veamos otra vez.
Ella sonrió.
—Probablemente.
Hubo un pequeño silencio.
Hasta que Camila miró su teléfono.
—Tenemos que irnos.
Valentina asintió.
—Sí.
—Nos vemos —dijo ella.
—Nos vemos.
Se fue con las chicas.
Yo me quedé observándolas unos segundos antes de regresar con los chicos.
Editado: 10.09.2026