3/4 Partes de mi corazón

Capítulo 11: Sky

Nate con suerte me había saludado en clases de música. Había socializado más con Carter que conmigo, y eso me dejó un sabor amargo en la boca. Carpi me dijo que le hablara o que le preguntara cosas, pero cuando lo hice él realmente no parecía interesado en responderlas, así que deje de intentarlo.

Cuando el profesor lo hizo cantar una parte de la canción que Nate cantaría en el partido del viernes, su voz me sonó tan vacía que  me resulto extraño, no era problema de él, sino mío. Hace un par de día me derretía con tan solo escucharlo hablar, me encantaba la forma en cómo cantaba cada estrofa y la forma de su rostro al expresar sus emociones, pero hoy, simplemente había estado vacío.

Tal vez haya sido por la forma en que no me trato. Si hubiera sido más amable conmigo o más interesado en mí, hubiera sentido lo mismo que sentía hace un par de días. Si tan solo Nate fuera como me lo imaginaba en mi mente…

Mi historia de amor no debería ser así, yo no debería estar rogándole a alguien que me preste atención, porque debería ser al revés, y él no debería ser tan arrogante.

Cuando las clases terminaron decidí volver a casa caminando, hace mucho tiempo que no caminaba un buen trecho,  necesitaba despejar mi mente del mal día que había tenido. Caminé hasta que la lluvia comenzó a caer otra vez, ya que tuve que refugiarme bajo el techo de una cafetería hasta que la lluvia se calmara un poco. Me senté en una de las mesas que se hallaban afuera y esperé con impaciencia que las gotas de agua dejaran de caer sobre el cemento.

  • ¿Vas a servirte algo? – Uno de los meseros de camiseta blanca fue a preguntarme. Me di la vuelta para mirarlo y responderle que necesitaba un café caliente, pero las palabras se quedaron en mi boca hasta que fui capaz de procesarlas bien. No era un chico que deslumbrara belleza como Nate, no había nada en aquel mesero que fuese llamativo o interesante, pero por alguna razón encontré algo en él que me hizo perder la razón por un par de segundos.
  • Una taza de café por favor.- Dije recuperándome rápidamente. Él asintió y se dirigió nuevamente adentro.
  • ¿No quieres entrar? Es mejor cuando estás aquí adentro. – Me ofreció él, pero yo realmente estaba cómoda en aquellos asientos de allí afuera.
  • Estoy bien aquí.
  • Solo digo que aquí adentro es más fácil entrar en calor. – Insistió. Odiaba a las personas que eran insistentes. Rodé los ojos y me levanté de mala gana. El mesero hizo una mueca y yo le devolví una mirada fastidiosa. Él no tenía ningún derecho a criticar nada de mis gestos, no con esas muecas. – O tal vez la princesa prefiera quedarse en el frio temporal. – Aquel comentario no me gustó.
  • El café no se preparará solo. – Dije molesta mientras entraba. - Asegúrate de traerme dos bolsitas de azúcar morena y una cuchara. Nada más.

Me senté en una mesa cerca de la ventana mientras esperaba con más molestia que el mesero se dignara aparecer con mi taza de café y más comentarios fuera de tono. El día no podía empeorar.

El chico de ojos oscuros y cabello lacio y negro apareció con mi pedido y lo dejó sobre la mesa con sumo cuidado. Me sirvió el agua caliente y dejó las dos bolsitas de azúcar en su lugar.

  • Supongo que no debo esperar la propina. – Dijo después de que terminara. Yo alcé la vista de forma indignada.
  • Te dejaré propina por tu trabajo, no por la clase de persona que seas.
  • ¿Y qué clase de persona soy?- Él estaba igual de indignado que yo en ese momento, pero a diferencia de mí, él tenía una sonrisa desagradable en el rostro que demostraba que se reía de mí.
  • No lo sé, y no me interesa en lo más mínimo.
  • Típico.- Respondió él con un resoplido. – Puedes pasar a pagar tu café en caja.
  • ¿No vendrás tú a recoger la paga y la propina?
  • No. Tú puedes caminar hasta allá y hacerte cargo de tu café. Además, no me interesa tu propina. – Él chico arqueó una ceja y me dio la espalda con toda la altanería posible.  Abrí los ojos como platos, pero decidí que no me importaba lo que él pensara o hiciese, mientras estuviera alejado de mí, todo estaba bien.

El calor de la taza de café calentó mis manos los minutos siguientes, estaba intranquila en aquel local, pero no tenía adonde más ir para refugiarme de la lluvia, así que me tragué mi incomodidad y esperé.




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