3/4 Partes de mi corazón

Capítulo 33: Carter

Hubiera deseado ver el pronóstico del tiempo en mi celular antes de salir de casa, hacía un frio de demonios que me congelaba hasta los huesos y yo había traído una chaqueta de cuero negra demasiado delgada. En mi defensa, en el auto de mi madre había un calor bastante agradable y no había calculado bien la temperatura respecto a eso.

Agradecí que mi madre se quedara en casa junto a mi padre durante todo el día, ya que así podría utilizar su auto para ir a la prueba de pasteles junto a la madre de Sky y Elliot.

Al parecer mi padre había amanecido con mejor humor esa mañana y quería solucionar las cosas conmigo. Cuando digo “solucionar” me refiero a que prefiere hacer como si nunca nada hubiera pasado entre nosotros y fingir que todo está en orden. No tengo el humor suficiente como para pelear otra vez, tampoco digamos que me importa mucho su opinión, después de tantas peleas he aprendido que más vale ignorar el 90% de sus palabras cuando está enojado.

No me sentía bien, de hecho estaba dolida por lo ocurrido con Eli y no podía dejar de darle vueltas al asunto. No debí haber dejado que se bajara del auto sola a esa hora, no debí haberme ido con Elliot sin haberme asegurado de que ella hubiera cruzado la puerta de su casa. Me sentía terrible.

Había vuelto esa mañana de la casa de Eli en puro pijama, ya que no había tenido el tiempo ni la energía suficiente para ponerme ropa. No era un gran problema, había ido en auto.

Cuando volví, mi madre me tenía preparado el desayuno. Supongo que no fui lo bastante disimulada, ya que no había soltado ninguna palabra desde mi llegada y no los había mirado a los ojos en ningún instante.

Mi padre habló acerca de reparar el techo de la casa y de comenzar a construir una cochera durante esta semana. Habló acerca de algo más, pero no presté la suficiente atención. Cuando terminó de desayunar, se levantó de la mesa de la cocina y me dio un beso en la frente antes de marcharse a la habitación de nuevo.

Mi madre se levantó de la mesa y comenzó a lavar los platos sucios mientras yo aún intentaba tomar mi taza de té.

  • ¿Pasó algo? – Me dirigió una de sus miradas penetrantes.
  • No.- Mentí, pero mi humor no estaba lo suficientemente fuerte en ese momento.
  • ¿Qué sucedió con Eli? Saliste muy temprano y tú no te levantas antes de las 12 del día.- Hice una mueca.
  • Les contaré cuando me sienta mejor.

Siempre podía compartir las cosas con mis padres, porque ellos son confiables y jamás harían nada que yo no les pidiera. Por más distintos que fueran a mí, por más que me hiciesen enojar, sabía que podía contar con su apoyo en cualquier momento. Pero esa mañana, no quería hablar más del tema.

Había vuelto a salir dos horas más tarde, después de haberme dado un baño y arreglado el pelo. Me puse unos jeans y un suéter blanco. Me calcé unas botas negras y largas, y me cubrí con una chaqueta de cuero. Salí de mi casa con las llaves del auto de mi madre y me dirigí directamente hacía el centro de la ciudad.

Que frío hacía afuera, pero dentro del local de pasteles estaba temperado. Me encontré con Elliot en la recepción y lo saludé con un movimiento de cabeza, mientras que a la madre de Sky le di un abrazo a modo de saludo.

Más que un local de simples pasteles, era un restaurante. Nos dieron una mesa en el local y nos trajeron varios platos con diferentes pedazos de torta. Eran una variedad increíble de biscochos, cremas y chocolates.

Elliot me miró de reojo mientras ambos nos llevábamos un trozo de torta a la boca. No pude evitar mirarlo, se veía igual de extasiado que yo por lo espectacular de aquellos pasteles. Las comisuras de su boca se llenaron de merengue rosáceo al igual que la punta de su nariz, rápidamente él tomó una servilleta y comenzó a limpiarse la pegajosa mezcla.

Solté una risita, no se había dado cuenta de que tenía la nariz manchada. La madre de Sky le indicó que seguía manchado entremedio de risas, y él no sabía realmente a qué es lo que se refería. Sin darle mucha importancia, tomé la servilleta de entre sus manos y le limpié la mancha de la nariz. Nunca había visto que Elliot se sonrojara, pero esta vez lo hizo. Me quedó mirando durante segundos que parecieron eternos, y aunque yo hubiera fingido que había sido algo completamente casual, no pude evitar devolverle la mirada.

Que maravillosos ojos verdes tenía. Maldito. Era un ser despreciablemente sexy.

  • ¿Entonces? – La madre de Sky carraspeó. Sus palabras hicieron que Elliot y yo desviáramos la mirada y la concentráramos en ella. - ¿Qué dicen respecto al merengue? – La madre de Sky dirigió sus ojos a las recetas que se encontraban en la carta, como si quisiera evitar nuestra incomoda mirada. Dios, que incomodo se había vuelto esto por una estupidez.
  • Merengue no.- Dije yo.
  • Muy pegajoso. – Apuntó Elliot. Susan asintió.




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