3/4 Partes de mi corazón

Capítulo 52: Elaine

Hubiera querido ir a la fiesta con mis amigas si es que Lee no me hubiera invitado a cenar esa noche. ¿Lo más gracioso? Es que mis padres ni siquiera me habían puesto problemas. Aceptaron de inmediato cuando les dije que Lee me había invitado.

No entendía qué es lo que él pretendía, pero mi madre me hizo ponerme un vestido amarillo ligero y bonito. Yo había insistido en ir en vaqueros y en camiseta, pero terminé aceptando que iba a morirme de frio si es que la noche se volvía helada. Pinté mis labios con un brillo rosa y cubrí mi cuello con un pañuelo. Tal vez no iba a calmar el frio, pero peor era nada.

Lee fue por mí a las 8 y juntos tomamos un autobús al centro. Dimos un paseo por el cine y decidimos ver una película que estaba en cartelera. Yo ya había visto la película, sabía el final, pero acepté verla de nuevo solo porque Lee no la había visto. Yo nunca veo las películas dos veces, pero por él haría lo que fuese.

  • Tengo una sorpresa más.- Me dijo cuando terminó la película.
  • ¿Cuál?
  • Si te la digo no va a ser sorpresa.- Entrecerré los ojos, odiaba las sorpresas.
  • ¿Vas a llevarme a comer verdad?- Él soltó una carcajada, había acertado.
  • Pero será una cena especial.
  • No es necesario que gastes en restaurantes caros, no me gustan mucho.- Usaban demasiados utensilios que no sabía cuál ocupar primero.
  • No, no pagaré nada. – Me prometió.

Amaba la noche, no hacia frio, pero tampoco calor, la temperatura era la adecuada para caminar. Sentía el peso de mi cuaderno de dibujos en mi cartera, y estaba tentada a sacarlo y retratar el paisaje de Millebane iluminado en noches tan oscuras como esta, pero no lo hice, porque Lee tenía otra “sorpresa”  para mí.

Llegamos a una casa bastante bonita con un gran jardín, que supuse que sería la de su madre porque estaba a unas cuadras de donde yo vivía. En cuanto Lee abrió la puerta, la luz de las velas me dieron un golpe suave de calor. Había decorado todo.

La mesa estaba decorada con flores y con un candelabro de tres velas blancas, me senté en una silla y dejé mi abrigo en el respaldo. Lee sonreía de oreja a oreja, fue a la cocina en busca de nuestra cena y la calentó en el microondas. Puede que él no hubiera cocinado nada, y que la pizza fuese poco romántica, pero nunca había probado algo tan delicioso.

  • En serio prometo cocinar la próxima vez.- Me dijo él aun masticando la pizza. Sonreí. – O por lo menos comprar algo más decente.
  • La pizza está bien.- Me encogí de hombros. No necesitaba formalidades con él. Tomé una servilleta de papel y le limpié el costado de la boca. – Me gusta la pizza tal como está.
  • Y a mí me gustas tal como estás. – Desvié la mirada sonrojada. Debería estar acostumbrada a sus ojos verdes, a su mirada provocativa y a su sonrisa tentadora, pero no lo estaba, aún me ponía nerviosa.
  • ¿Qué le hiciste a tu madre? – Pregunté cambiando el tema.
  • Fue a Oklahoma con mi hermano a visitar a mi abuela.
  • ¿Por qué no fuiste con ellos?
  • Porque por ahora estoy ocupado. – Admitió él. Sabía que se refería a mí.
  • Me alegra que lo estés.- Besé sus labios y luego volví a concentrarme en mi comida.
  • ¿Eli? – Me di la vuelta para mirarlo.- ¿No vas a irte verdad? – Me preguntó.
  • ¿Te refieres a que si me iré después de que termine la escuela?- Lee asintió.- No. Voy a quedarme aquí. Estudiaré en Portland, pero seguiré viviendo con mis padres. ¿Por qué preguntas?
  • Porque temía perderte cuando te fueses. – Aquello hizo que mi corazón se apretara contra mi pecho. Él sonrió.- Pero ya está todo bien. Gracias.- Se acercó y besó mis labios de forma rápida, pero yo no quería alejarlo. Lo acerqué nuevamente hacía mí e hice que me besara nuevamente. Yo tampoco quería alejarme de él, y no lo haría.

Mis brazos rodearon su cuello y él me sostuvo con delicadeza contra su cuerpo, sus besos eran el motor de mi corazón, si dejaba de tenerlos, probablemente me daría un paro cardiaco. Recorrí con mis dedos los botones de su camisa y los fui desabrochando lenta y cuidadosamente. Lee sonreía, y me miraba como si quisiera preguntarme si estaba segura de lo que estaba haciendo. Mis besos despejaron sus dudas.

Mis manos recorrieron su torso desnudo y firme, tocaron sus brazos fuertes y sintieron cada vello de ellos, hasta llegar hasta un poco más arriba de sus muñecas. Bajo mis dedos sentí las cicatrices, que eran prácticamente invisibles, pero solo a la vista, no al tacto. Lee se detuvo al darse cuenta. No se separó de mí, pero dejó de besarme. Me quedo mirando con sus ojos verdes y grandes mientras ambos estábamos sentados en el sillón.

  • Fueron de hace mucho tiempo.- Admitió él.- Pensarás que fui un estúpido.- Se llevó una de sus manos a la cara para cubrirse con ella. Se sentía avergonzado, y yo no sabía cómo hacerle ver que a mí no me molestaba.
  • Hey…- Agarré su rostro entre mis manos e hice que me mirara. – No tienes de que avergonzarte. Está bien.
  • Son marcas permanentes. Algunas están cubiertas con tatuajes.
  • Lo sé. Y cada uno tiene derecho a expresar sus emociones como quiera. Aunque… Mis preferencias no son estas. – Miré sus muñecas. Él volvió a desviar la mirada.
  • Tenía 14 años. Era una época…  Complicada.
  • Hey, no te avergüences de ellas.- Le dije al momento en que acariciaba las marcas.- Al contrario, deberías alegrarte de saber que has sido fuerte al superarlas. Eres mejor que esto Lee y lo has demostrado. No tienes que explicarme nada. Ya lo he visto. – Una sonrisa débil apareció entre sus labios y volvió a acercarse a mí para besarme. Lo besé con más emoción que antes, ya que había confirmado que él era el indicado.




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