3/4 Partes de mi corazón

Capítulo 61: Carter

Tal vez no debí tomar tanto ponche ni tantas margaritas la noche anterior, porque hoy en la mañana sentía como mi cabeza retumbaba. Me levanté más temprano de lo normal, eran las 9 de la mañana cuando estuve en pie. Me paseé por la cocina en pijama, en busca de comida y varios vasos de agua, mis padres aún no despertaban y yo no quería molestar a mi madre para que me preparara el desayuno. Saqué la caja de cereales de la encimera y lo serví en un pocillo junto a la leche. Mi perro apareció a mis pies y me siguió a mi habitación para recostarse conmigo en mi cama. Mientras me servía los cereales, leía el siguiente libro que estaba en mi lista, pero mi mente no dejaba de divagar entre mis sentimientos y Elliot. Odiaba tener que pensar en ello, odiaba estar despierta un sábado tan temprano para interrogarme a mí misma.

Los pensamientos parecían no callarse nunca, intenté leer, volver a dormir, comer tranquila, mirar televisión y nada resultó. ¿Qué hace la gente normal los sábados por la mañana si no está durmiendo? Miré mi celular un millón de veces, jugué con las aplicaciones e incluso descargué juegos de carrera.

Mi madre se levantó un par de horas después para preparar el desayuno y como yo no podía conciliar el sueño y no tenía nada más que hacer, decidí bajar a ayudarla.

  • Deberías ponerte zapatillas. – Me dijo mi madre al verme descalza en las baldosas de la cocina. He perdido la cuenta de cuantas veces me ha dicho lo mismo a lo largo de mi vida, desde que era niña me ha gustado estar descalza, no importa si el piso está lo suficientemente helado.
  • En cuanto termine.- Le dije, aunque en el fondo ambas sabíamos que no lo haría. Puse el pan en la tostadora y saqué la mantequilla del refrigerador.
  • Te has despertado temprano hoy día. – Aquello no era una conclusión, sino más bien una pregunta, quería saber por qué. Yo igual quería saberlo.
  • No lo sé… Tal vez Dios quiso hacer su milagro del día. – Mi madre sonrió, pero yo no lo había dicho en modo de broma.
  • ¿Estás bien? – Me giré hacía ella para mirarla perpleja. ¿Acaso se me notaba tanto? Siempre he creído que soy buena actuando y escondiendo cosas de los demás. – Digo, sé que has estado bajo presión últimamente, con el asunto de la universidad, la escuela, las notas y las becas…
  • Estoy bien.- Le interrumpí al momento en que dejaba salir el aire de mis pulmones aliviada. No sabía nada acerca de Elliot, para mí eso era suficiente. Es verdad que últimamente todo en la escuela se ha vuelto un caos, pero yo me siento bastante tranquila al saber que puedo estudiar literatura. Mi madre asintió con una mueca y las tostadas salieron.
  • Tú padre quiere hacer algo lindo para la graduación. Tal vez quieras invitar a Derek para una cena, no sé.
  • ¿Derek? – Exclamé irritada. ¿En serio todavía no eran capaces de superar a aquel idiota? Mi madre se dio la vuelta y me miró como si no entendiera mi enojo repentino.- ¿Por qué habría de querer invitarlo?
  • Son amigos ¿no?
  • No. No lo somos. –Dije recogiendo las tostadas y colocándolas en la mesa. – Es alguien que me cae bien, pero no tiene nada que ver conmigo.
  • Antes tenía mucho que ver contigo.- Me dijo como si supiera toda la verdad. ¿Si sabe la verdad entonces por qué le gusta torturarme de esa manera?
  • Hace demasiado tiempo que no tiene relación conmigo mamá. - Aquello me salió con más lastima de lo que pretendía. Puede que lo extrañara, pero eso no quería decir que lo quería de vuelta en mi vida.
  • ¿Sabes? A veces hay cosas que deberías decirnos. Si Derek te lastimó de alguna manera, entonces deberías decirnos la verdad. Tienes que decirnos las cosas que te molestan, no podemos ir por la vida intentando adivinar tus problemas Carpi. – Mi madre estaba usando su tono amable y protector, pero la verdad es que yo sentía que mis problemas no podían ser compartidos con ellos, porque siempre van a tener la visión de padres y no de adolescente. Me limité a asentir.- Queremos mucho a Derek, pero siempre te querremos mucho más a ti. Si algo te incomoda, tienes que decírnoslo. ¿De acuerdo? – Solté un suspiro. Claro, como si hablar con ellos siempre fuera así de fácil.
  • Ya.- Respondí.

En ese momento, alguien tocó la puerta. Mi madre y yo nos miramos la una a la otra, no habíamos sentido que ningún auto llegara. Inmediatamente mi madre abrió las cortinas de la cocina y yo reconocí el auto de Elliot estacionado junto al Jeep de mi padre. Mi corazón se detuvo, literalmente.

Mi madre abrió la puerta, mientras yo me quedé petrificada en la cocina intentando no entrar en pánico. ¿Por qué me ponía de esa manera? ¡Por favor! ¡Tienes que controlar las emociones! ¡A pesar de que el estúpido más grande del mundo este afuera de tú casa pidiendo hablar contigo! ¡No importa que ese idiota te guste!

  • ¿Carter? Elliot vino para…- No dejé que terminara de hablar, me acerqué a ellos de manera resignada, ya no podía ocultarme ni en mi propia casa. Vi a Elliot a través de la puerta, mis manos temblaban y de pronto caí en la cuenta de que todavía me encontraba en pijama, con el pelo desordenado amarrado en un moño y descalza. Que aspecto más ridículo debía de tener.
  • ¿Qué quieres? – Pregunté más grosera de lo que pretendía. Elliot tragó saliva, miró a mi madre de manera incomoda pero luego desvió sus ojos verdes a mí. Pasó su lengua por su labio inferior y habló sin importar lo que mi madre pudiera pensar. Yo también estaba incomoda con mi madre ahí, pues ella me haría preguntas después y yo no podría evitarlas.
  • Necesito explicarte algunas cosas. Vine para conversar, porque necesito que me escuches, necesito que vuelvas Carter. – Como si eso no fuera suficiente para que mi madre se pase toda la película en su mente. Ahora si me metería en un interrogatorio.
  • Si no van a conversar aquí, entonces lleva una chaqueta y ponte mis zapatillas. – Mi madre me avisó antes de que yo cruzara esa puerta, como si me hubiera leído la mente. Me dejó sus zapatillas que estaba usando para mí y se marchó de vuelta a la cocina.




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