365 días para no caer

Capítulo 9 - Lo que no está en las reglas

Vale

El addendum tenía ya cuatro puntos.

Lo supe porque Rodri me lo mandó el domingo por la mañana con el asunto "actualización legal" y el cuerpo del mensaje era simplemente una foto del cuaderno con letra nueva debajo de las nueve reglas originales:

Addendum I — Fuerza mayor climática: los eventos de lluvia no constituyen violación de la regla 4 siempre que ninguna de las partes haya generado artificialmente las condiciones meteorológicas.

Addendum II — Música: las canciones enviadas con anterioridad a la firma de la apuesta no aplican retroactivamente. Las canciones enviadas después de la firma aplican en su totalidad.

Addendum III — Preguntas: se permite hacer preguntas de carácter personal siempre que la respuesta no constituya una declaración encubierta de algo que las reglas prohibirían declarar directamente.

Addendum IV — Observaciones físicas neutras: se permite comentar aspectos físicos del otro siempre que el comentario pueda ser dicho por cualquier persona en cualquier contexto sin implicación adicional. Ejemplo permitido: "tienes algo en la cara". Ejemplo no permitido: cualquier cosa dicha en voz baja.

Debajo de la foto, Rodri había escrito: El addendum III lo agregué solo porque me pareció que era un vacío legal importante. El IV fue idea de Cami.

Debajo de eso: No me pregunten cómo sé que era necesario.

Le escribí de vuelta: El III es un problema.

Respondió en treinta segundos: Lo sé. Por eso lo agregué.

Lo entendí sin que tuviera que explicarlo.

El addendum III existía por lo que yo había dicho el sábado en el sofá de Rodri. Y lo que había dicho era verdad. Y la verdad, en el contexto de esta apuesta, era exactamente el tipo de cosa que necesitaba regulación urgente.

El lunes llegué a la facultad con eso en la cabeza.

Y con eso en la cabeza fue que me crucé con Mateo Ríos en el pasillo del ala de Administración.

Mateo Ríos llevaba dos semanas en la facultad, transferido de alguna universidad del norte cuyo nombre yo no había terminado de escuchar cuando alguien me lo presentó. Era alto, ordenado, con esa clase de sonrisa que llegaba antes que el resto de la expresión, y tenía la costumbre de aparecer en los mismos espacios que yo con una frecuencia que ya no podía atribuir completamente a la casualidad.

— Vale — dijo, frenando — Justo te buscaba.

— ¿A mí?

— Sí. — Sonrió — Tengo una pregunta sobre el trabajo de Mercados ¿Tienes diez minutos?

Tenía diez minutos.

Lo cual era un problema de otro tipo.

Los diez minutos con Mateo Ríos se convirtieron en cuarenta porque resultó que sí tenía preguntas reales sobre el trabajo, que era algo que yo no había anticipado, y porque tenía esa forma de escuchar que hace que uno siga hablando más de lo planeado. Atento. Sin el teléfono en la mesa. Asintiendo en los momentos correctos.

Era, en términos objetivos, una conversación agradable.

Se lo dije a Cami esa tarde.

— ¿Agradable? — repitió ella, con el tono de quien está tomando nota mental.

— Sí. Es simpático. Hace buenas preguntas.

— ¿Qué tipo de preguntas?

— Sobre el trabajo de Mercados, Cami. Te lo acabo de decir.

— Solo pregunto.

— Ya.

Cami me miró un momento desde el otro lado de la mesa de la biblioteca donde habíamos quedado para estudiar, con esa expresión suya de procesar información sin mostrar todas las conclusiones.

— ¿Lo vas a ver de nuevo? — dijo.

— Es de mi facultad. Lo voy a ver en los pasillos.

— No es lo que pregunté.

— Cami.

— Vale.

— No sé — dije, con honestidad — No pensé en eso.

— ¿Seba sabe?

Lo miré.

— ¿Por qué tendría que saber Seba?

— No dije que tuviera que saber. Pregunté si sabía.

— Las reglas no cubren con quién tomo café en la cafetería de la facultad.

— Técnicamente no es café lo que sirven ahí, es más bien...

— Cami.

— Estoy de acuerdo — dijo, levantando las manos — Las reglas no cubren eso.

Silencio.

Abrí el libro que había venido a estudiar y que llevaba veinte minutos sin abrir.

— Oye — dije, sin levantar la vista.

— ¿Qué?

— ¿Crees que el addendum III cubre esto?

Cami tardó exactamente tres segundos en responder.

— ¿Qué parte de esto?

— Que yo esté pensando en si cubre esto.

Una pausa.

— Creo — dijo Cami, con mucho cuidado — que el addendum III fue escrito para regular conversaciones entre tú y Seba, no conversaciones entre tú y Mateo Ríos.

— Ya sé.

— Pero creo que el hecho de que estés pensando en si aplica dice algo interesante.

— No me digas lo que dice.

— No iba a decírtelo.

— Bien.

— Bien.

Estudié durante cuarenta minutos sin procesar nada de lo que leí.

Esa noche, a las once cuarenta y siete, agarré el teléfono.

Las reglas decían: nada de conversaciones después de las doce de la noche a menos que sea una emergencia real, definida como incendio, hospitalización o apocalipsis.

Eran las once cuarenta y siete.

Trece minutos de margen.

Escribí: ¿Conoces a alguien que se llame Mateo Ríos?

Esperé.

Llegó el No ¿Por qué en cuatro segundos?

Lo leí una vez. Lo leí dos veces. Escribí tres respuestas distintas y las borré todas. Mandé Por nada. Buenas noches porque era la única opción que no abría ninguna puerta que yo no estuviera segura de querer abrir.

Dejé el teléfono boca abajo.

Me quedé mirando el techo.

El problema no era Mateo Ríos, que era simpático y hacía buenas preguntas y no había hecho nada que no fuera tomar café y hablar de Mercados Internacionales.

El problema era que yo le había preguntado a Seba si lo conocía a las once cuarenta y siete de la noche.

El problema era por qué.

Y el problema era que sabía la respuesta y era exactamente la clase de respuesta que el addendum III existía para regular y que de todas formas había cruzado la pantalla como si las reglas fueran sugerencias y no un documento con valor legal dudoso pero presente.



#916 en Otros
#15 en No ficción

En el texto hay: apuesta, romance

Editado: 25.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.