(4) El ángel Rebelde [en proceso]

Capítulo 5: en el bosque.

Jael caminó veloz sin detenerse en la espesa negrura confiando en que en algún momento vislumbraría la salida de aquella sombra. Todo había ocurrido demasiado de prisa, lo que sentía era contradictorio, quería marcharse y al mismo tiempo quedarse para poder explorar, aquel lugar se mostraba lo suficientemente grande como para irse sin recorrerlo.

La voz dentro de ella se preguntaba tantas cosas que no podía ordenar las ideas, afortunadamente sus piernas trabajaban de forma mecánica para sacarla de allí cuanto antes.

Cuando los pies de Jael tocaron de nuevo el agua sólida y se encontró con aquella luz dorada experimentó un alivio, pero a pesar de eso no disminuyó la velocidad, siguió avanzando hasta que la tierra estuvo bajo sus pies, entonces se detuvo.

El bosque se encontraba frente a ella, pero ¿por dónde había salido ella con exactitud?

«¿Dará igual por donde vaya?, ¿todo Hogar está rodeado por estos árboles?

Dudaba, pero la urgencia de salir de allí no le permitió tomar una decisión así que siguió andando. Doya le había dicho que debía volver, tal vez podía esperar allí con los árboles y regresar al día siguiente, o tal vez regresar y explorar mientras llegaba el sonido de la trompeta. ¿Podría estar en aquella Caverna sin encontrarse con Doya?

«¿No es posible, él es el líder, tendré que hablar con él en algún momento. Pero… podré regresar mañana con la misma facilidad con la que llegué hoy?»

Hizo un esfuerzo por dejar de pensar, se concentró en sus piernas, en cada paso que daban, en algún momento debía de encontrarse con los gigantes árboles blancos, aunque por lo que recordaba aún le quedaba una gran distancia por recorrer.

No puedes decidir… no es una opción quedarte acá o no, debes volver, no hay otra manera” había dicho Doya, esas palabras retumbaban en su cabeza una y otra vez, revivía el momento en aquella Caverna una y otra vez, era desesperante, casi doloroso saber que tenía que esperar la próxima canción para saber más.

Escuchó algo sobre ella, no sabía que era pero tuvo miedo de mirar hacia arriba para averiguarlo. Ese algo cayó sobre tierra y Jael se detuvo casi al instante, no porque quiso, lo que había caído lo impedía, y eso hizo que su cuerpo temblara de espanto de abajo hacia arriba.

«Es el fin, me han capturado, sabía que no debía regresar.» —pensó con profundo lamento.

Se dió la vuelta con los ojos cerrados temerosa de mirar a sus capturadores.

—No dejas de sorprenderme, no solo has despertado pronto, sino que también eres veloz. No tiene lógica nada de lo que dices o haces.

Doya sostenía la mano de Jael.

—¿Por qué me has seguido? —interrogó observando con velocidad todo a su alrededor como para comprobar que no había sido apresada.

—Quería asegurarme de que regresaras bien, te encuentras demasiado alterada.

—No sé que significa alterada, pero no me agrada que me digas eso.

Doya sonrió y la soltó.

—Eres especial, sin duda lo eres.

Jael se dio la vuelta y se dispuso a continuar su camino.

—Espera, no tienes que marcharte tan pronto —dijo Doya, parecía más una petición que una explicación—, aún tienes tiempo.

—Me dijiste que me fuera —respondió ella con la voz cortante.

—Lo sé, no estaba pensando bien hace un momento —dijo acercándose un poco—, ciertamente me hiciste sentir abrumado con todas tus palabras. No he podido entender por qué eres así, tal vez si me dejas explicarte un poco… —explicó mirándola fijamente a los ojos—, quizás puedas darte cuenta de lo poco común que has resultado ser.

—Te escucho, pero no quiero volver, no en este momento.

—Es increíble que digas eso, que te impongas de esa manera —explicó con cierta fascinación en su mirada—. Pero no tengo problemas con eso. Ven, caminemos… pero no hacia allá —pidió y la tomó del brazo para corregir su caminar—, vamos en aquella dirección.

Doya señaló el camino, le soltó el brazo y Jael comenzó de manera voluntaria a caminar a su lado.

—Voy a tratar de explicarte todo lo que debes saber —explicó Doya con voz pausada.

Jael de pronto dió un leve salto de la pura emoción.

—Tu eres una Fiel —dijo Doya tratando de ocultar una sonrisa causada por el gesto de ella—, apenas llegaste hoy, estás todavía en el primer día de tu existencia. Vives en Hogar, un lugar gobernado por los Líderes, ellos son cinco…

—Cuatro, son cuatro —interrumpió.

—Déjame explicártelo. Los líderes son cinco: Kanoel, es el principal. A su derecha se encuentran Raziel y Valuel, y a su izquierda están Sefoel y…

—No hay nadie más.

—Existía un quinto líder, bueno, aún existe, soy yo, Doyael… yo. Ese era mi lugar.

—Es decir…

—Es mi verdadero nombre —explicó mientras que andaban entre los árboles—, pero al intentar huir y ver que no podía regresar me hice una nueva identidad, eliminé letras de mi nombre porque algo de mi se perdió, así que me hago llamar Doya. Me parece curioso como todo ángel que se rebela es reemplazado al sonar la trompeta al inicio del día, pero nadie nunca ha llegado para reemplazarme a mi, eso quiere decir que soy una especie diferente de ángel, pero no tengo las respuestas —lamentó—. Tu llegaste como el reemplazo de Padma, ella y Gael fueron dos Fieles que se rebelaron, ellos llegaron a la Caverna, primero llegó Gael, y un tiempo después Padma, se enamoraron y decidieron saltar juntos.




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