(4) El ángel Rebelde [en proceso]

Capítulo 7: segundo día.

El segundo día en Hogar había llegado, Jael estaba rodeada de ángeles como ella, pero seguía sintiéndose igual de sola.

«¿De verdad ninguna aquí puede hablar? ¿Cómo puedo asegurarme de que no hay más de una que está fingiendo al igual que yo?»

El silencio retumbaba en las paredes de aquella torre, la incomodidad en ella crecía, seguía su camino sin dejar de preguntarse qué ocurriría si decidiera no seguir descendiendo, si de pronto se quedara allí de pie, ¿las otras que estaban despiertas se acercarían a hablarle? ¿Tendría que hacer ella algo diferente para que las otras tomaran la iniciativa?

A punto estuvo de hacerlo, hasta que una voz en su cabeza influenciada por la conversación con Doya se lo impidió y le sugirió luchar contra su propia curiosidad por más imposible que le resultara, debía encontrar el modo de estar serena.

Jael daba firmes órdenes a sus piernas para que dejaran de inquietarse, le pidió a sus brazos que se mantuvieran firmes sin movimiento alguno mientras andaba, suplicó a su cuello que se quedara en una sola dirección y rogó a sus ojos para que enfocaran solo hacia adelante. No fue tarea fácil, pero logró doblegarse, pudo poner un freno a su desbordante curiosidad. Con sorpresa y alivio se dio cuenta de que había llegado al pie de la torre.

Debía seguir avanzando, y llegó hasta un lugar donde se alzaba un puente, todos los Ángeles caminaban sobre él y ella al parecer no tenía opción. El puente era extenso en anchura, lo suficiente para que caminaran varios Ángeles unos al lado del otro sin tener el peligro de caerse a pesar de que la magnífica edificación no tenía barreras , el suelo era de cristal transparente, podía verse el Lago Negro y también las bases que lo sostenían que no eran más que unas enormes rocas de cristal, si uno se les quedaba viendo mucho daba la desagradable sensación de que se iba a caer del puente.

Jael caminaba y caminaba, no se cansaba pero la inquietud de su cuerpo la colocaba nerviosa. El puente parecía ser bastante largo porque por más que avanzaba no se veía a donde conducía. De pronto lo supo sin aún divisarlo, iba al Centro, esa gigante torre que parecía estar en todo el medio de Hogar, solo que esta vez no iba con el ser misterioso todo de blanco, iba junto con sus compañeras, lo que significaba que entraría por otro lugar.

Cuando el camino por el puente comenzó a volverse descendente y la descomunal torre cilíndrica apareció a la vista creyó que la parte difícil había acabado ya que al fin estaban llegando, pero la caminata continuó por un largo tiempo.

Al llegar a la entrada de el Centro Jael observó disimulando su asombro cómo las inmensas puertas eran de roca transparente y dentro de ellas corría con gran velocidad agua cristalina que de alguna forma reflejaba todo lo que pasaba por allí, pudo ver claramente su reflejo y el de los otros Ángeles al entrar.

Con el mejor disimulo que pudo observó que la parte superior ya estaba llena de Ángeles, se encontraban muy arriba, supo enseguida que eran el otro tipo, los que usaban túnica.

El ascenso a una escalera de espiral adherida a la pared interior dio inicio, escalón tras escalón Jael iba ascendiendo mientras admiraba con gran disimulo las hermosas rosas de cristal de diferentes tamaños que adornaban el borde de la barandilla de la escalera.

A su alrededor todos los otros Ángeles hacían lo mismo, todos se mostraban igual, serenos, calmados, en silencio, de alguna forma un poco tiesos, monótonos, sin mirar a nadie, sin mencionar palabra, uno a uno se conducían en un perfecto orden que se podría creer que lo habían ensayado durante tanto tiempo que habían logrado una perfecta sincronización.

Continuó subiendo los escalones hasta que se detuvo, más porque el Ángel delante de ella lo hizo que porque lo había decidido de ese modo, podría asegurar de que se encontraba en el exacto lugar donde había estado el día anterior.

Cuando todo estuvo lleno de Ángeles de pies como estatuas y sin expresión alguna la ceremonia dio comienzo.

El Primer Ángel, Kanoel, comenzó a hablar, justo frente a él se encontraba un esfera mediana de luz brillante que flotaba dando la impresión de ser el objeto más liviano que pueda existir, estaba acompañado de los Vigilantes cuyo nombres conocía gracias a que Doya se los había mencionado, pero de cierta forma opinaba que ya tenía ese conocimiento: Sefoel, Raziel y Valuel. Faltaba alguien, había un espacio vacío al lado entre Kanoel y Sefoel, el día anterior no había notado ese espacio y se preguntó si era porque ahora sabía lo que había ocurrido o porque estaba despertando un poco más.

“...cada día que pasa es un día más cerca que estamos de reencontrarnos con Azmon. Debemos estar preparados para ese día, sabemos que cuando ese momento llegue será el mayor de nuestra existencia… —decía, todos se encontraban en silencio y Jael opinaba que sus palabras producían un peso desagradable sobre sus hombros— ...antes del principio existieron unos seres cuyo nombre está prohibido pronunciar. Estos seres se rebelaron contra Azmon, quisieron ser iguales a él. Pero eso es imposible, no existe, ni existirá otro como Azmon. Hoy se les conoce como Rebeldes Alados, hace mucho que fueron castigados y están condenados a un martirio eterno, su estado nos recuerda que el precio por rebelarse en contra de quien nos lo ha dado todo es alto..”

«Yo no pretendo ser igual a Azmon, no conozco a Azmon, pero sí sé que no quiero ser igual a quienes habitan este lugar —pensó Jael, aunque en realidad quería decir aquello en voz alta y fuerte».

“... a nosotros se nos regaló este espacio, Hogar es el único lugar que habitamos, Hogar es el único lugar donde podemos cumplir con nuestro propósito…”

«Un propósito que nos han impuesto, nadie me preguntó si yo quería estar aquí, y no es el único lugar, está el bosque y existe la tierra».

“... aquí permaneceremos en paz mientras esperamos. No hay motivo alguno por el que alguno de nosotros quiera rechazar el regalo de Azmon, si alguno osa rechazar el regalo, si alguno se atreve a no cumplir con nuestro mandato, entonces será considerado un rebelde. Esto no será beneficioso para nadie, Los Rebeldes Alados están vigilando siempre, quien quiera rebelarse deberá enfrentarlos, será vencido y arrojado al Lago Rojo, un lugar lleno de Ángeles que no pueden moverse, no pueden hablar, solo flotan en la lava ardiente, sienten el dolor de su rebeldía…”




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