6) Good bye

CAPÍTULO CINCO: INEVITABLE DESAPROBACIÓN

El primer indicio de que el universo se había fracturado no fue un trueno, sino el sonido del cristal que se contraía bajo una temperatura que no pertenecía a este plano. En el loft de San Telmo, el aire se volvió tan denso que los pulmones de Castiel protestaron, enviando punzadas de un dolor casi humano a su pecho.

El Ángel del Señor no se movió; permaneció petrificado, observando el rincón donde la luz de su Padre se había desvanecido segundos antes, dejando tras de sí un rastro de ozono y el eco de una sentencia que no admitía apelación. A su lado, Tamara, la encarnación misma de la Oscuridad, mantenía una rigidez de estatua, aunque sus ojos —dos abismos de noche primordial— centelleaban con una furia que amenazaba con devorar la escasa iluminación del lugar.

El silencio que siguió a la partida de Dios no fue un vacío de sonido, sino una presencia física. Era una tregua armada entre dos entidades que, a pesar de su inmenso poder, se sentían diminutas ante el tablero de ajedrez que el Destino había desplegado sobre ellos. Castiel sintió que su gracia angelical pesaba más que el plomo. Cada fibra de su ser resonaba con la advertencia divina: la realidad se deshilachaba y el nudo principal de esa disonancia era Luke, el joven que habían criado como propio, pero cuya sangre llevaba el estigma de Lucifer.

—Es una crueldad necesaria, según Él —murmuró Tamara, rompiendo finalmente el hechizo de quietud. Su voz fue un susurro gélido que se mezcló con el rumor distante del tráfico de la ciudad y el murmullo del Río de la Plata—. El Padre siempre ha priorizado la armonía de Su tapiz por encima de los hilos individuales que lo componen. Siempre ha sido el tejedor, nunca el hilo que se corta.

Castiel cerró los ojos, intentando procesar el dolor que se expandía en su pecho. Sabía que la lógica divina era impecable, pero su corazón, ese órgano que había aprendido a latir por amor a la Oscuridad, se rebelaba con una violencia que lo asustaba.

La idea de arrancar de la mente de Luke el recuerdo de Rubby, el único pilar que mantenía al joven anclado a una verdad que el resto del mundo había olvidado, le resultaba una tortura inconfesable. Ellos mismos ya habían sacrificado la memoria de un hijo para salvar a su primogénita; conocían el sabor amargo del olvido impuesto, esa cicatriz invisible que dejaba en el alma una ausencia que nadie podía nombrar.

Fue en ese preciso instante, cuando el drama del pasado y la incertidumbre del futuro colisionaban en su mente, que Castiel sintió una perturbación sutil en el tejido de la realidad. No fue una llamada de auxilio ni el estruendo de un ataque demoníaco, sino una resonancia de conexión pura, una onda de felicidad tan vibrante que cortó la pesadez del loft como un rayo de sol atravesando una cripta. Sus sentidos divinos, agudizados por la tensión del encuentro con Dios, se expandieron involuntariamente hacia las calles de la ciudad, buscando el origen de esa frecuencia que desafiaba la melancolía del ambiente.

La visión se formó en su mente con una claridad cruel. Vio a Luke sentado en una pequeña y acogedora cafetería de Palermo Soho, un refugio de madera gastada y aroma a grano recién molido. El joven no mostraba el rastro del tormento que usualmente ensombrecía sus rasgos; al contrario, su rostro estaba iluminado por una alegría radiante mientras entrelazaba sus dedos con los de una joven humana de ojos color avellana: Aurora.

El nombre de la chica resonó en la conciencia de Castiel como una nota discordante en una sinfonía que ya estaba a punto de colapsar. Vio la intención de Luke, clara y desesperada: la proposición de un compromiso, y vio la aceptación de ella con una sonrisa que ignoraba que el Destino ya había afilado las tijeras para cortar el hilo de su memoria.

El corazón del ángel se contrajo con una aprensión repentina que le hizo tambalearse contra el diván de terciopelo.

—¿Qué sucede, Castiel? —preguntó Tamara, cuya percepción captó el cambio brusco en la energía de su compañero.

La Oscuridad se tensó, detectando la sombra de preocupación que ahora nublaba la luz azul de los ojos del ángel.

Castiel abrió los ojos, y su mirada parecía empañada por una angustia milenaria.

—Es Luke —dijo, y la palabra salió cargada de una exasperación que rayaba en el miedo—. Ha entablado una relación. Una relación formal con una mortal llamada Aurora. En medio de este caos, ha decidido anclarse a lo más frágil de la creación.

Un silencio pesado y denso se instaló entre ellos, solo interrumpido por el suave crepitar de la esfera de luz que flotaba en el centro de la habitación. Tamara no necesitó más explicaciones; una sutil sombra de desaprobación cruzó su rostro de porcelana. Para ella, la idea de que Luke —un ser nacido del caos primordial y la venganza de Lucifer— se enlazara emocionalmente con una humana en este momento crítico era una invitación directa a la catástrofe.

—¿Una relación formal? ¿Ahora? —La voz de Tamara se endureció, adquiriendo el tono cortante de la obsidiana—. Esto no puede ser, Castiel. Es una complicación innecesaria y mortalmente peligrosa. El Padre acaba de advertirnos que el vínculo de Luke con Rubby es la grieta por donde el universo se está desmoronando, y ahora él crea un nuevo nudo emocional que enreda aún más el tapiz.

Castiel comenzó a caminar de un lado a otro, sus pasos resonando en la madera del suelo. La lógica de la Oscuridad era más afilada que la suya, y él lo sabía. Ella veía más allá del romance juvenil; veía el tablero de ajedrez donde Lucifer, su sobrino y padre biológico de Luke, jugaba con piezas que ellos apenas empezaban a comprender.

—Lucifer explotará esto —sentenció Tamara con un tono gélido que hizo que Castiel se detuviera—. Él no es ajeno a manipular los apegos. La inocencia de esa humana será la herramienta perfecta para él. Ya ha escapado del Infierno y ha procreado un nuevo hijo en Los Ángeles, una nueva aberración nacida de su odio. Si Luke se vuelve vulnerable a través de esta chica, Lucifer tendrá un control total sobre él y, por extensión, sobre la estabilidad de las realidades.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.