Mi mente se alivio y casi de inmediato llegó el médico infernal a tocar la puerta de la habitación, Daishi corrió a abrir, al igualmente nos enteramos que kaelen había sido llevado a una habitación aparte para recostarlo ya que el ritual había desgastado mucho su energía y se había desmayado, eso no me dejaba muy tranquila quería verlo y agradecerle todo su sacrificio por mi. El médico inmediatamente inició el procedimiento que consistia en ponerme como en un sueño profundo mientras el hacía un conjuro con la hierbas medicinales y cuando menos me di cuenta me encontraba en un sueño profundo.El calor de la fiebre me estaba quemando por dentro, pero de pronto, mis sábanas se sintieron heladas, ásperas como la escarcha. Intenté abrir los ojos para buscar el termómetro en la mesa de noche, pero mi habitación ya no estaba ahí. Las paredes se habían derretido en un humo denso, de un color violeta oscuro que me asfixiaba. El aire sabía a metal, a sangre y a tormenta imprevista. Cada bocanada que daba me rasgaba los pulmones enfermos.Entonces, la presión del lugar cayó de golpe, aplastándome el pecho. Supe que no estaba sola.Una silueta emergió de la bruma. Al principio creí que el delirio me hacía ver visiones, pero él era demasiado nítido, demasiado real. Era un hombre alto, vestido con una túnica oscura que parecía tragar la poca luz del entorno. No tenía cuernos, ni garras, ni fuego a su alrededor; su presencia era de una elegancia matemática, fría y militar. Pero lo que me paralizó por completo fue su rostro. Cuando la luz dorada y muerta del abismo iluminó sus facciones, una náusea horrible me revolvió el estómago.Sus pómulos, la línea afilada de su mandíbula, la forma exacta de sus cejas... eran los míos. Era el mismo rostro que yo veía cada mañana en el espejo, pero despojado de cualquier rastro de piedad o debilidad humana.—Mi sangre —dijo.Su voz no viajó por el aire hasta mis oídos. Brotó desde el fondo de mi propio pecho, como un eco atrapado en mis costillas que siempre hubiera estado ahí, esperando a ser despertado. El sonido me hizo vibrar los dientes.—Has pasado demasiado tiempo sufriendo en el barro —continuó, extendiendo una mano de dedos largos y uñas oscuras—. Ven conmigo. Cruza el umbral.En el centro de su palma latía una chispa dorada. Al mismo milisegundo, mi corazón enfermo cambió su ritmo para sincronizarse exactamente con el de él. Sentí un tirón violento en las entrañas, un magnetismo biológico e implacable. Mi cuerpo, agotado por los días de enfermedad, me traicionó: mis piernas se ablandaron y mis pies se deslizaron unos centímetros sobre el suelo de ceniza, arrastrándome hacia él. Una parte de mí, una parte primitiva y oscura que no sabía que existía, quería ceder. Quería dejarme ir, abrazar su sombra y permitir que ese orden absoluto borrara todo mi dolor mortal.Es tu padre', susurró una certeza maldita en mi cabeza.Pero el horror de convertirme en lo que él era encendió una chispa de furia en mi mente. ¡No! Clavé las uñas en mis propias palmas con tanta fuerza que busqué el dolor real de la carne para despertar, pero el sueño no se rompió. Enterré los talones en el vacío, obligando a mis músculos de plomo a detenerse. La fricción entre su orden divina y mi negativa consciente me provocó un desgarro en el pecho, como si me estuvieran arrancando el alma hacia afuera.Sostuve la mirada de aquellos ojos idénticos a los míos. No abrí la boca, porque sabía que hablarle era darle poder sobre mí, pero apreté la mandíbula y fijé los pies en la tierra. Le sostuve el desafío al diablo, negándome a dar un solo paso más hacia su abismo, mientras el sudor frío de la vigilia empezaba, por fin, a fracturar la pesadilla."
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Editado: 27.08.2026