El aire en aquel salón cavernoso todavía se sentía fresco en las primeras horas de nuestro aislamiento preventivo. Como el protocolo de la academia se había activado para todos los sectores, nos dispusimos a instalarnos en el inmenso espacio medieval. Al principio, nadie dudó de quién debía tomar el mando. Di un paso al frente con una seguridad imperturbable; la sangre del Rey del Infierno corre por mis venas y mi sola presencia impuso un respeto natural que hizo que todos aceptaran mi liderazgo de inmediato.Durante mi tiempo al mando, las cosas progresaron con una energía sorprendentemente ligera y una disciplina impecable. Me encargué personalmente de inspeccionar los camastros de paja y de dividir el gran salón en cuadrantes perfectos para asegurar que mantuviéramos la distancia recomendada, pero lo hice con un carisma que disipó rápido cualquier tensión. Cuando llegaron los primeros suministros a través de la pesada puerta de hierro fundido, organicé la comida con mano firme, racionando los alimentos y los cuencos de agua limpia con una precisión matemática. Nadie se sentía oprimido; de hecho, se acoplaron muy bien a mi ritmo. Mi gestión permitía que el grupo se mantuviera tranquilo, ocupado y de muy buen humor. Para pasar el tiempo en ese enorme espacio, yo misma los motivé a realizar pequeños conjuros y embrujos permitidos por las runas protectoras de las paredes. Convertí la aburrida tarde de encierro en una especie de juego, haciendo que el altísimo techo se llenara de chispas de colores, competencias de luces místicas y trucos visuales que flotaban sobre nuestras pertenencias mientras nos adaptábamos al lugar. Nos reíamos y compartíamos bromas desde nuestros cuadrantes; los demás pecados capitales acataban mis órdenes de distribución no por obligación, sino porque realmente se estaban divirtiendo bajo mi dirección. Empeze a conocerlos más a los demás chicos y eso me hacía sentir gustosa y Daishi empezó a desenvolverse más con ellos , contando las historias de sus país y así como el los demás empezaron a contar sus historias de origen, mientras consumíamos barritas de arroz y reíamos.sin para escuchando las anécdotas de todos uno por uno hasta mi turno de contarles había llegado no quise platicar todo mi pasado,me daba miedo que me juzgaran ,mi pasado no era igual que el de ellos han pasado difícil e incluso a veces vergonzoso así que solo platiqué una anécdota de cuando era niña y jugaba en los jardines del palacio de Lucifer y cómo jugaba hacer el líder de las tropas de Lucifer todos empezaron a imaginárselo y las risas no faltaron pero sabía que no podía revelar completamente mi pasado y siguieron pasando los lugares hasta que la noche terminó y todos nos dirigimos a nuestra cama asignada para poder dormir.
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Editado: 27.08.2026