14 de febrero de 2021
Años despues del secuestro
Amaia
Nunca imaginé que mi historia terminaría de esta manera.
Durante años creí que las historias como la nuestra solo podían tener un desenlace trágico. Pensaba que cuando dos personas estaban marcadas por demasiada oscuridad, cuando una de ellas cargaba con una vida llena de sangre y la otra había cruzado límites que jamás creyó capaces de cruzar, no existía un punto de regreso.
Solo quedaba la destrucción.
La culpa.
El arrepentimiento.
Quizás la muerte porque lo nuestro nunca nació de la forma correcta.
No hubo una primera mirada inocente en una cafetería, ni una conversación casual que poco a poco se transformara en algo más. No hubo flores en una primera cita ni promesas bonitas bajo un cielo despejado. Nuestra historia comenzó entre paredes frías, bajo luces blancas que hacían que todo pareciera más vacío, en un lugar donde yo entré creyendo que iba a estudiar la mente de un hombre peligroso y terminé descubriendo que la mente más complicada que tendría que enfrentar sería la mía.
La de una mujer que pensó que podía entender un monstruo sin terminar enamorándose de él.
La de una mujer que confundió miedo con curiosidad, peligro con fascinación y oscuridad con algo que podía tocar sin salir herida.
Pero aquí estaba años después frente al mismo océano que nos había separado del mundo con un vestido blanco esperando al hombre que todos llamaban bestia.
La ironía no pasaba desapercibida.
Porque si alguien me hubiera dicho aquella primera vez que vi a Damien detrás de los cristales de seguridad del hospital psiquiátrico que algún día caminaría hacia él voluntariamente, que tomaría su mano frente a las personas que más amaba y que lo llamaría mi esposo, probablemente habría pensado que estaba completamente loco.
Quizás porque eso era exactamente lo que parecía: una locura, pero algunas personas pasan toda una vida buscando algo que les haga sentir vivos y yo había encontrado lo mío en el lugar menos esperado.
La brisa del océano acariciaba mi rostro mientras observaba la decoración alrededor. Las flores blancas se mezclaban con pequeños detalles oscuros que, de alguna forma, representaban perfectamente nuestra relación.
Incluso mi vestido tenía pequeños detalles negros en la tela, porque, aunque muchos esperaban que la esposa de Damien Ferrer pareciera una princesa sacada de un cuento, yo nunca había sido eso.
Nunca fui la salvadora de la bestia.
Nunca fui la mujer que consiguió cambiarlo por completo.
Yo era simplemente Amaia.
La mujer que decidió quedarse.
La mujer que vio sus cicatrices y no apartó la mirada.
La mujer que entendió que amar a alguien como Damien no significaba justificar sus errores, sino aceptar que algunas personas no necesitan que les prometan que todo estará bien.
Necesitan que alguien les diga:
"Te veo."
Y eso era lo que yo había hecho desde el principio.
Lo había visto.
—Todavía no puedo creerlo.
La voz de Olivia me sacó de mis pensamientos.
Giré la cabeza y la observé con una sonrisa.
Seguía siendo la misma de siempre. Incluso después de todo lo que habíamos vivido, después de aquel fin de semana que cambió nuestras vidas para siempre, seguía teniendo esa personalidad imposible de ignorar.
La misma energía. La misma manera de intentar hacer reír a los demás incluso cuando las cosas eran difíciles.
A su lado estaban Janeline y Helen.
Mis tres constantes.
Las personas que me recordaban que antes de Damien, antes de la isla, antes de convertirme en una mujer perseguida por el mundo entero, yo había sido alguien más.
Había sido una amiga.
Una hija.
Una psiquiatra con sueños normales.
Una mujer que no sabía que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
—Yo tampoco —admití.
Helen sonrió suavemente mientras acomodaba una parte de mi vestido.
Ella era probablemente quien más había cambiado de todas nosotras o quizás simplemente era quien más había aprendido a ocultarlo.
Después de todo, ella también había vivido su propio infierno.
Había conocido la crueldad de hombres que no merecían llamarse humanos, había sentido miedo y desesperación, pero aun así había sido capaz de encontrar compasión.
Incluso hacia Damien, algo que todavía me sorprendía.
—Si alguien me hubiera dicho hace años que terminarías casándote con él, creo que me habría reído en su cara —dijo Janeline.
Una pequeña risa escapó de mis labios.
—Creo que yo también.
Incluso yo me habría considerado una completa desconocida si hubiera conocido a la Amaia del futuro.
La mujer que estaba a punto de casarse con el hombre más buscado de América. La mujer que había abandonado una vida entera para construir otra lejos de todo. La mujer que, además, guardaba un secreto que estaba a punto de cambiarlo todo.
Mis dedos tocaron ligeramente mi vientre.
Una vida creciendo dentro de mí. Una mezcla de Damien y yo.
Una parte de nosotros que existiría incluso cuando el mundo dejara de recordarnos.
Respiré profundamente.
—Tengo algo que decirles.
Las tres me miraron y durante unos segundos sentí algo extraño.
Nervios.
Después de todo lo que había vivido, después de enfrentar situaciones donde mi vida estuvo en peligro, nunca pensé que una simple conversación con mis amigas pudiera hacer que mi corazón latiera tan rápido.
—Estoy embarazada. —Solte sin mas.
Olivia abrió los ojos como platos.
—¿Qué?
Sonreí.
—Estoy embarazada.
Y la expresión de sus rostros cambió completamente.
La sorpresa se transformó en emoción, la emoción en alegría y antes de que pudiera decir algo más, Olivia soltó un grito que probablemente pudo escucharse en toda la isla.
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Editado: 12.07.2026