Ya habían pasado dos días, y al fin era hora de dejar el hospital. Después de una charla larga con mi mamá, entraron papá y el doctor. Me dijeron que solo debía quedarme unos días más para el último chequeo y asegurar que estaba bien. Ahora sí, era momento de irnos.
—Ok, fue un gran inicio de vacaciones —dije con sarcasmo.
Papá soltó una carcajada.
—De verdad, eso mismo estaba pensando.
—En serio, no entiendo ese sentido del humor —dijo mi mamá, mirándonos raro por reírnos de la situación.
—Es que... es un buen recuerdo. Un mal accidente que no queremos repetir. Si lo dejamos como algo trágico, viviremos con miedo de que pase otra vez —explicó papá.
—Sabias palabras, maestro —dije, haciendo una reverencia exagerada.
—Dios… no sé qué voy a hacer con ustedes —dijo mi mamá, entre risas.
—Amarnos, mamá, tú bien sabes que nos amas —dije, riéndome.
—Exacto, ya es muy tarde para cancelar la boda —dijo mi papá, volteando a verme para reírnos en conjunto.
—¿Cuál boda, tonto? Ya estamos casados —dijo mi mamá para después darle un sape.
Con mucho humor seguimos el camino a la cabaña. ¿Quién diría que estas vacaciones empezaron tan “interesantes”? Lo que quedó de camino fue más tranquilo: nosotros buscando comida, deteniéndonos en lugares que estafan turistas, cosas normales; papá haciendo bromas sobre llamadas al 911 en la carretera, mamá vigilando que mi papá otra vez no se desviara del camino. Sí, sí, suena a doble sentido, y lo era.
—¿Qué creen, chicas? —dijo mi papá en un tono muy misterioso.
—Tenemos un problema —terminó, viéndonos por el retrovisor.
—¿Qué pasó? —pregunté, viéndolos a ambos.
—Me están marcando del trabajo —suspiró cansado para luego seguir—. Tendremos que volver… lo siento, chicas —terminó con una mirada de disculpa hacia nosotras.
Creo que nunca he estado tan decepcionada como hoy. Eran nuestras vacaciones, ¿no podían darnos un poco de tiempo al menos? Por el accidente, pensé.
—Está bien, amor, entendemos —dijo mi mamá para luego voltearme a ver—. ¿Verdad, Julia? —terminó con una mirada de consuelo.
—Está bien, supongo —dije con la voz entrecortada—. No voy a llorar por una estupidez como esta.
—Lo siento, Julia, te lo voy a recompensar, ¿ok?
—Está bien, papá… volvamos.
El camino de regreso a casa fue algo tenso y silencioso. Quién diría que hace unas horas estábamos muy alegres, emocionadas por seguir con nuestras vacaciones.
#2310 en Thriller
#850 en Suspenso
tiempo fantasia realidad, atrapadoseneltiempo, vida cotidiana con recursos cotidianos
Editado: 30.04.2026