Solo quedaba aburrirse.
Llegamos a casa bien, sin ningún otro problema. Papá, al día siguiente, ya estaba de vuelta en su rutina de trabajo, mientras mamá y yo planeábamos cosas que hacer.
Todo fue… demasiado normal.
Salimos a las 9:11 a.m. al centro.
De ahí fuimos a comer, paseamos un rato y, por la tarde, fuimos al cine.
Cuando revisé la hora…
9:11 otra vez.
Qué raro.
.
—Julia, has estado muy rara hoy, ¿sucede algo? —preguntó mi mamá, con el ceño ligeramente fruncido.
—No, mamá… no sucede nada. Creo que solo siento algo raro, pero todo está bien —respondí.
—Debe ser por el accidente… mañana vamos al doctor, ¿ok?
—Supongo… —suspiré.
Caminé hacia mi cuarto, pero antes de cerrar la puerta, mi mamá gritó:
—¡La cita es a las 9:11!
Me quedé quieta.
No dije nada.
Pero algo… no se sentía bien.
Pensé en el accidente.
—Bueno… esos accidentes no pasan todos los días —me dije.
Pero no me convencí.
…
9:11 a.m.
Abrí los ojos lentamente.
Ahí estaba otra vez.
El mismo número.
Solté una pequeña risa nerviosa.
—Ok… esto ya es raro.
Me levanté y me preparé para salir.
Al llegar a la cocina:
—¡Mamá! ¿Qué haces?
—Comida, Julia… ¿qué más podría estar haciendo en la cocina? —respondió con una sonrisa.
—Ja… ja… —suspiré—. No sé ni por qué pregunté.
Me fui a la sala y encendí la televisión.
Pasé película tras película.
Serie tras serie.
Nada.
Y entonces lo noté.
9 capítulos.
11 capítulos.
9.
11.
Fruncí el ceño.
—Qué coincidencia… —murmuré, aunque ya no sonaba como una broma.
Apagué la tele.
El silencio se sintió pesado.
—Julia, ya llegué —escuché a mi papá desde la entrada.
—Hola, papá… ¿y ese entusiasmo?
—¿Qué crees? Mi jefe me dijo que, como tomé parte de mis vacaciones, me va a dar un bono.
—¿Y estás emocionado por el dinero? —pregunté.
—Julia… ¿no te acuerdas para qué estamos ahorrando?
Me quedé en blanco.
—Eh… no —respondí.
Papá soltó una risa.
—Bueno, amor —le dijo a mi mamá—, como nuestra hija ya no quiere esa batería, podemos usar ese dinero para salir, ¿qué dices?
Algo dentro de mí reaccionó de golpe.
—¡¡¡SÍ QUIERO LA BATERÍA!!! —grité, interponiéndome entre ellos.
Ellos rieron.
Normal.
Demasiado normal.
—Ok, Julia —dijo mi papá—. ¿Quieres que mañana vayamos por ella?
—Sí… —respondí más tranquila.
Pero ya no estaba pensando en eso.
Miré el reloj.
9:11.
Otra vez.
Sentí un pequeño escalofrío.
—Papá…
—¿Sí?
—¿Qué hora es?
—Las nueve con once.
Tragué saliva.
—Ah… ok.
No dije nada más.
No quería sonar loca.
Pero algo no estaba bien.
Y lo peor…
es que empezaba a darme cuenta.
#2310 en Thriller
#850 en Suspenso
tiempo fantasia realidad, atrapadoseneltiempo, vida cotidiana con recursos cotidianos
Editado: 30.04.2026