No empezó de golpe.
Empezó con silencio.
Un silencio raro, pesado… como si el mundo estuviera esperando algo.
Abrí los ojos.
Mi cuarto.
Mi cama.
Mi respiración.
Todo normal.
Demasiado normal.
Me senté lentamente y miré el reloj.
9:11.
Sentí un nudo en el estómago.
—No… —susurré.
Me levanté de la cama y salí de mi cuarto.
—¿Mamá?
No hubo respuesta.
—¿Papá?
Nada.
La casa estaba en silencio.
Bajé las escaleras.
Cada paso sonaba más fuerte de lo normal.
Tac.
Tac.
Tac.
Llegué a la sala.
Mis papás estaban ahí.
Sentados.
Inmóviles.
—¿Mamá…? —me acerqué.
No respondió.
—¿Papá?
Nada.
—Dejen de jugar —dije, nerviosa—. Ya no es gracioso.
Silencio.
Me acerqué más.
Y entonces…
Mi papá parpadeó.
Tarde.
Como si hubiera olvidado cuándo hacerlo.
Di un paso atrás.
—¿Qué…?
—Julia —dijo mi mamá.
Su voz no sonaba como ella.
Sonaba vacía.
—Deberías descansar.
—No… —negué—. Esto no está bien.
Ambos giraron la cabeza al mismo tiempo.
Exactamente al mismo tiempo.
—Estamos bien —dijeron.
Al mismo tiempo.
—No… —susurré—. No son ustedes…
La luz comenzó a parpadear.
Y entonces…
todo se detuvo.
Silencio absoluto.
Y una voz.
Lejana.
—…Julia…
—¿Hola…?
—…si puedes oírnos…
Mi respiración se aceleró.
—¿Quién…?
—…responde…
—Esto no es real… —dije, temblando.
El suelo comenzó a agrietarse.
Las paredes se rompían.
—Julia… —dijo mi mamá—. No te vayas…
Pero su rostro… se distorsionó.
—Quédate… —dijo mi papá, con la voz desfasada.
—No… —lloré—. Ustedes no están aquí…
El mundo se rompió.
Todo desapareció.
Blanco.
Vacío.
—Julia, si puedes oírnos… estás en el hospital…
—No…
—…tuviste un accidente…
—No…
—…tres días en coma…
—No…
—…intenta despertar…
Miré a mis papás.
O lo que quedaba de ellos.
—Díganme que no… —supliqué.
No respondieron.
Se desvanecieron.
—No quiero irme… —susurré.
Un pitido.
Constante.
Miré hacia arriba.
Un reloj.
Detenido.
9:11.
El mismo de siempre.
El que nunca cambió.
—Entonces… nunca desperté… —susurré.
Todo se apagó.
…
La luz regresó.
—Hora de la muerte: 9:11 —dijo el doctor.
El monitor se volvió una línea recta.
Un pitido largo.
—No… —sollozó su madre.
Su padre no dijo nada.
Solo sostuvo su mano.
Fría.
Inmóvil.
Demasiado tarde.
#2310 en Thriller
#850 en Suspenso
tiempo fantasia realidad, atrapadoseneltiempo, vida cotidiana con recursos cotidianos
Editado: 30.04.2026