A 3 Metros lejos de Mi.

Sinopsis

—¿Me engañaste con él? Esa es la verdadera pregunta.

Su mirada ya no reflejaba esa calidez que lo determinaba a él, no, ahora era una mirada llena de tristeza y decepción. Lo había herido y sinceramente me sentía mal, al lastimar a quien más amaba me auto hería a mi misma.

—Eliot, te juro que entre Dean y yo no ha pasado absolutamente nada. —. Traté de acercarme a él pero fue inútil, se alejaba de mi.

—¿Y cómo esperas que te crea, Lucía? —. Su tono se había vuelto más retador dejando atrás su tacto y simpatía.— Tu maldito amante ha venido a nuestra casa justo cuando me encontraba yo con nuestro hijo y sobrino. —. Sentí que por un segundo el alma me abandona el cuerpo y no por miedo a que ese demente haya venido, sino por la cantidad de barbaridades que pudo contarle a Eliot para provocar un conflicto entre los dos.— Y me ha dicho que tanto mi hijo como yo somos un impedimento para tu desarrollo laboral en la universidad.

¡Cuánta maldad habita en Dean!

—¿Y le has creído por lo visto? —. Mi había arrancado una parte del alma porque Eliot quien es mi esposo desde hace dos años ha decidido creerle a un externo en nuestra relación antes que a mí, que se supone soy su compañera de vida.

—Ya no se que creer, Lucia. —. Evité su mirada no por ocultar algo sino que verlo destrozado y abatido me hacía sentir mal y tan mala esposa.

—Eliot, te amo… —. Ese te amo me había salido del alma y quizás por ello que las lágrimas se han acumulado en mis ojos.

—¿Ha pasado entre los dos que no me hayas querido contar, Lucia? —. Respiré hondo y pase saliva como su tuviera algo atrapado en la garganta y se trataba de un fuerte nudo que no me permitía articular más de una oración completa.

Eliot…

—¡¿Ha pasado algo entre Dean y tú, Lucia?! —. Al alzar su voz mi cuerpo se tensó y me alejé cuando quise acercarme, sentí como si su mirada ahora me aventara cuchillos filosos que cortaban mi piel.— ¡Habla de una puta vez!

—¡Me ha besado! —. Terminé confesando tal pecado.

¡Mierda!

No lo quise mirar por lo que redirijo mi vista hacia nuestro retrato familiar cerca de la chimenea. Lo escuchaba respirar hondo y articular palabras obscenas llenas de rabia y frustración ante una confesión que es horrible y que no puede tomarse a la ligera tan fácil.

—¿Y por qué yo no lo sabía? —. ¡Está destrozado! Sentía la voz de Eliot rota y gangosa.

—No quería que pensaras que te había sido infiel. —. Respondí de inmediato lo que en ese momento pasó por mis pensamientos, mi mayor miedo tras haber vivido eso.

—¿Te estás escuchando? ¡Pues claro que ahora lo pienso así! Te ha besado y no me habías dicho absolutamente nada, Lucia. —. Inhalé profundamente y recibí su sermón.— ¿Pensaste en mi cuando decidiste ocultarlo? ¿En Salem cuando te sostuvo entre sus asquerosos brazos? —. Ante la mención de mi hijo mi fuerza y valentía cayeron en picada.— Si sentí que tras tener al niño algo había cambiado, que nuestra intimidad a la hora del sexo había cambiado pero no pensé que a tal punto de engañarme.

—No te he engañado. —. Le repetí con la voz entrecortada de tanto sollozar.

—Pues no te creo, no ahora que se del engaño y la mentira.

Él se acercó al perchero junto a la puerta de salida y sacó su chaqueta, me quedé en mi lugar sin decir nada mientras que lo veía partir.

Al momento en que Eliot abandona nuestro departamento me derrumbé en el sofá mas cercano y deje ir aquel llanto que había estado guardando de mi esposo. Tomé con mi mano nuestro portarretrato y nos observé. Estaba tan joven y tan enamorada de él que la loca idea de casarnos tras 3 meses de relación me pareció la mejor decisión de todas, no me importaron las advertencias de mi madre y las de el padre de Eliot, puesto que no veían bien que una chiquilla de 24 años se estuviera casando con un surcoreano de 35 años.

Pero a la mierda sus opiniones, yo estaba enamorada.

Nuestros primeros meses en el lecho matrimonial era estupendo y nuestra intimidad muy activa, no podíamos estar menos de tres horas alejados del otro porque nos anhelábamos de sobremanera y nos echábamos de menos. Eliot más que mi esposo era mi confidente, mi mejor amigo y el hombre con el que quería pasar el resto de mi vida…

¿O quizás ya no sea a quien de verdad quiero?

Hablar de aquellos buenos momentos en pasado me hacían cuestionar el estado actual de nuestra relación.

Si bien como él lo ha dicho, tras el nacimiento de nuestro primogénito Salem hemos estado alejados y tan ocupados en la crianza y en nuestros trabajos que nos hemos distanciado en la parte sentimental, ya no salíamos a citas, ya no había iniciativa para tener sexo. No había nada por ninguna parte.

—¿Mami?

Seguí el rumbo de la voz y en las escaleras encontré a mi pequeño niño junto a su primo y quién es hijo de mi hermana, ambos niños me veían preocupados.

—Hola, pequeños —. Aparte mis lágrimas y tras tomar aire voy hacia ellos para arrodillarme a su altura.— ¿Qué hacen despiertos? Es algo tarde.

—Escuchamos al tío Eliot subir la voz y luego la puerta sonar. —. Mi pequeño sobrino quien no es tan pequeño puesto que es un adorable chico de 12 años.— Nos preocupamos. —. Sus encantadores y risueños ojos azules me observan con preocupación.

—Todo está en orden, vayan a descansar…

—¿Papi? —. Salem es tan parecido a Eliot que verlo en este momento me hacía sufrir.

—Tu papi anda a dónde la abuela Cristal, ella lo necesita y por eso salió.

La tía de Eliot tras la muerte de su esposo se mudó a unas manzanas de nosotros, nosotros estamos en el piso 30 por lo que ella se encuentra en el 32.

Terminé tomando a ambos niños de las manos para guiarlos de nuevo a su habitación y fue de ese modo que se rindieron y conciliaron su sueño. Claramente Salem costó más en dormir que Chris, ya que mi pequeño niño resentía la ausencia de su padre.

Entrar a mi habitación fue algo que me hizo sufrir el doble puesto que es nuestro espacio juntos, nuestra intimidad, es el lugar donde compartimos buenos y gratos momentos como una pareja enamorada. Al recostarme junto al marco y observar bien terminé riendo en medio de mi llanto. Cuando Eliot me propuso matrimonio en una cena en un restaurante me trajo hacia acá, me enseñó que este sería nuestro hogar al momento de casarnos y fue en esa cama donde aquella noche me entregué a él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.