A 3 Metros lejos de Mi.

1.

Capítulo 1.

Lucia.

Soy de un pequeño pueblo por lo que han culminar la universidad a mis 23 años decidí que lo ideal para crecer profesionalmente sería mudarme a una ciudad cercana a mi pueblo junto con una de mis amigas. El día de la despedida en mi casa fue deprimente, no solo dejaba a mi madre y a mi abuela, dejaba a mi sobrino con quién por mucho tiempo conviví.

Había iniciado mi viaje junto con mi amiga ya que sería su padre quien nos llevaría a la ciudad y al departamento donde nos estaríamos quedando por quien sabe cuánto tiempo.

Horas más tarde solo nos encontramos nosotras dos ordenando la despensa y la casa en su totalidad, a como de lugar queremos brindarle esa calidez que justo ahora necesitamos.

—¿Has enviado currículum?

Ella se sienta a mi lado en el sofá, traía yo mi laptop sobre las piernas mientras que revisaba una vez más buscando respuestas.

—Llevo toda la semana en lo mismo, ¿Y tú?

Ella curvó sus labios haciendo una mueca.

—Nadie al parecer quiere una psicóloga recién graduada.

Esa es nuestra profesión que nos tomó su tiempo y nuestras lágrimas.

Es realmente hermoso pararte en medio de un grupo de personas y decir: soy psicóloga, pero por igual trae la desventaja de que nadie, ninguna empresa o clínica querrá contratarte por el simple hecho de ser nueva.

Ellie Holster es el nombre de mi amiga y de mi roomie indefinidamente, se ha graduado conmigo pero ella se ha ido por la parte organizacional, por lo que a ella la verán trabajando en empresas o corporativas importantes. Yo por el contrario me había encantado de neuropsicología así que aquí me encuentro buscando alguna clínica que quiera contratarme para empezar a generar dinero y mantenerme ahora que he decidido salir del nido familiar.

—Ya mañana tendremos más suerte. —. O es lo que quería hacernos creer.

—Esperemos, Lucy.

Ella besó mi frente y anunció que se iría a dormir.

Unos minutos más tarde igual hice lo mismo que ella y me dormí pensando que mañana podría ser mi golpe de suerte.

Al día siguiente fue raro despertar en mi cama pero en otro espacio que claramente no siempre fue mío, fue raro despertar y no escuchar la música que tanto mi abuela como mi madre solía sintonizar cada mañana al despertar, no escuchaba las risas de mi sobrino y fue ahí donde me cayó el 20.

Echaba de menos a mi hogar.

—Hice tortitas.

Me causó ternura la acción de Ellie puesto que ella sabe que era mi desayuno habitual en casa de mi madre.

—Eres un sol querida amiga.

Tanto Ellie como yo sabíamos lo difícil que sería conseguir trabajos siendo apenas unas recién graduada con metas y aspiraciones, lo sabíamos pero joder, no pensé que sería tan difícil y tan matador dar tu currículum y que luego te vuelvan a ver con desdén y poco interés.

—Es tu oportunidad.

Ella está a mi lado mientras que ambas vemos en dirección hacia una clínica muy conocida en la ciudad y la que curiosamente anda en la búsqueda de una neuropsicologa que sea buena.

¿Yo soy buena? Mis miedos me abruman.

—¿Y si no me contratan?

Ellie me abraza y susurra palabras alentadoras.

—El peor enemigo de uno mismo es el temor así que no permitas que te domine y te haga perderte la que podría ser la oportunidad de tu vida.

Tras eso Ellie es quien prácticamente me empuja hacia las lujosas entradas de la clínica donde en el interior cada parte gritaba prestigio y renombre. Sus paredes estaban llenas de retratos enormes de los que supongo son sus dueños, los techos son altos y no lo había mencionado pero la estructura del edificio por fuera era de vidrio, o sea se refleja absolutamente todo en el.

—¿Recursos humanos?

La recepcionista es una mujer alta esbelta, de planitada cabellera y ojazos grisáceos.

—En el primer piso, sube al ascensor y al estar en el piso vas hacia la izquierda ahí está la secretaria y le pides que te pase a recursos humanos.

—Gracias —. Murmuré antes de ir hacia donde ella me indicó.

Entré al aparato junto a otra persona cuyo rostro no alcancé a visualizar pero si que noté lo descomunalmente alto que es y bajo las mangas de ese kit mono oscuro habían marcas de tinta oscura en su piel. Es un tatuaje muy grande que baja hacia su muñeca. Trague pesado y redirijo mi atención hacia la puerta del ascensor ignorando por completo la presencia del sujeto.

Tras una ardua eternidad llegué al piso que me habían indicado y curiosamente el sujeto igual bajó pero a diferencia de mi él cruzó a la derecha mientras que yo me iba por la izquierda.

Visualicé junto a la puerta la secretaria de la que la recepcionista había hablado.

Y la cual curiosamente igual que la otra es rubia platinada y de ojos grises.

—Buen día, me gustaría hablar con la persona que se encarga de recursos humanos.

Ella tecleó algo en su laptop y alzó su mirada hacia mi.

—¿Tienes cita con el Sr. Rick?

—No pero me gustaría entregar mi currículum, leí en su sitio web que andan en busca de una neuropsicologa.

Ella me escaneó de pies a cabeza y la mueca que hizo con sus labios me hizo sentir del asco.

—¿Tu? Pero si pareces una niña.

Muerdo mi mejilla interna al escucharla y de no ser porque necesito el trabajo había respondido de un modo no tan amable que digamos.

—¿Puede atenderme si o no?

Ella sonrió con malicia y tras unos cinco minutos habló:

—Dice que pases y seas breve.

Le di la espalda a la endemoniada rubia y quizás fue eso lo que provocó que yo hiciera el oso frente a dos hombres de esta clínica ya que iba sumamente tranquila y concentrada a entrar cuando sentí mis piernas enredarse entre ellas mismas y terminé cayendo de frente.

—¡Señorita!

—¡No, no, discúlpeme! —. Estaba tan apenada y avergonzada que no había notado quien me había ayudado a levantarme hasta que alcé un milisegundo mi vista al frente.




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