Taehyung.
Debo repetirme varias veces que el bienestar de mi Nifa es lo primero en este momento, pero es un pensamiento bastante difícil de mantener cada vez que veo la marca rojiza que dejó la cuerda en sus muñecas, en su cabello alborotado y sus ojos rojizos e hinchados por llorar. Deje de ser consciente de las veces que aprete los puños con furia, acalambrándose por la tensión y fuerza que ejercía en mis dedos.
La escuchaba dar su declaración en silencio, lo que me revuelve el estómago y me hace querer gruñir por la inmensa frustración que se acumula en mi interior, saber que eso le paso tan cerca de mí me vuelve loco, y de una manera extraña me alivia, pues gracias a esa cercanía, fue que la ayuda llegó más rápido.
Un toque cálido en la rodilla me saca de mis pensamientos, observando la mano de mi Ninfa acariciando suavemente la zona, calmando ese molesto movimiento de mi pierna que no tengo idea de cómo comenzó. Respiré hondo, colocando mi mano en la suya, disfrutando de su calidez cuando el detective a cargo del caso le pide a mi Ninfa que firme la declaración que acaba de hacer, comentando que estará en contacto por cualquier tipo de información.
Mi Ninfa asiente, se despide del detective y por fin salimos de la comisaria; apenas pusimos un pie fuera, el cuerpo de seguridad se pone alerta, escoltándonos hasta la camioneta que nos llevara al departamento donde nos vamos a reunir con Buck.
—¿Te encuentras bien, Ninfa? —preguntó de inmediato, ya en el interior de la camioneta, sosteniendo su rostro con ambas manos.
Su mirada se suaviza y acaricia con ternura mis manos, soltando un suave suspiro.
—Estoy bien, Tae, sólo un poquito adolorida por toda la tensión, pero ahora mismo con tu presencia me siento segura y tranquila —asegura con una sonrisa cálida —, además, el médico ya lo había dicho, son heridas superficiales que se curarán en pocos días.
—Nada de eso me tranquiliza —sacudo varias veces la cabeza, acariciando con suavidad su mejilla —, detesto verte herida, no quiero que te hagan ninguna clase de daño.
—No lo harán si hacemos bien las cosas y dejamos que la policía haga su trabajo, hay que confiar.
A pesar de la sonrisa tranquilizadora que se dibuja en sus labios, puedo ver un poco de duda y miedo en sus ojos, algo que no puede ocultar tan fácilmente.
Que patético. Mi Ninfa es quien más debe estar sufriendo por la situación, temerosa de cómo podría desarrollarse la situación en la que se encontraba, y, aun así, aquí está tratando de hacerme sentir tranquilo y seguro. Aprete los labios con fuerza, molesto con mi estúpido modo de actuar, atrayéndola en un abrazo que espero sea reconfortante.
Mi Ninfa parece fundirse en ese abrazo, puedo sentir su cuerpo relajarse tanto hasta volverse liviano, respirando con una suavidad y lentitud que es un alivio para mi alma; ahora mismo necesita a alguien en quien apoyarse y sentirse segura, no alguien débil que no sabe cómo controlar sus emociones e impulsos que no aportan nada que ayude. Acaricie con suavidad su cabeza, depositando pequeños besos en la coronilla, con la esperanza de que se sienta amada y protegida.
—Eso se siente muy bien —murmura, acurrucándose en mi pecho, sonriendo complacido por la respuesta de mis acciones.
—Continuare haciéndolo hasta que lleguemos a tu casa.
Murmura un “sí” muy bajito, concentrada en disfrutar de los mimos y caricias que le estoy ofreciendo. Alzo mi mirada al espejo retrovisor, asintiendo hacia el conductor que entiende mi seña, poniendo en marcha la camioneta, llevándonos a la tan esperada y temida cena con Buck, donde pondremos al tanto a mi Ninfa con todo lo que hemos descubierto sobre las personas que intentan arruinar su vida.
*****
Es la primera vez que veo a mi Ninfa tan enojada, es algo increíble de ver porque esa emoción incluso puede verse; su ceño se encuentra tan fruncido que podría quedarle alguna marca, su frente, mejillas y orejas se encuentran muy rojas, creo que, si las tocara se sentirían hasta calientes y aprieta con fuerza el dobladillo de su blusa, dejando sus nudillos completamente blancos.
Buck no omitió nada de lo que descubrimos sobre la familia de Eun Hye, siendo bastante claro y detallista con cada uno de los delitos que han cometido con el paso de los años. Mi Ninfa no se movía, parecía muy enfrascada en sus pensamientos, tanto que llegue a asustarme, podría colapsar por todo lo que le hemos contado, verla así me hace arrepentirme de involucrarla en tanto, tal vez...
—Eso malditos bastardos no tiene perdón —sisea con un odio y desprecio tan evidentes, que no pude evitar jadear de la sorpresa e impresión por las palabras que acaba de soltar, nunca la escuché decir palabras semejantes.
—Hace mucho que no te escuchaba tan enojada, Calabacita —dice Buck sonriendo de lado, con los brazos cruzados y un brillo en los ojos de travesura y orgullo.
—Es que no puedo creer lo sinvergüenzas que son, me es inaudito que existan personas así —pasa las manos por su cabello, alborotándolo mucho más, dejando sus manos en la mesa, temblando levemente por la furia que estaba escapando de su cuerpo —. Dime que tenemos todo lo necesario para que respondan por sus acciones.
—Así es, tanto mi investigación como la de Taehyung están completas, pero antes de hacer cualquier cosa, queríamos que te enteraras de todo.
—¿Tú también te involucraste? —se gira a mirarme, viéndome con ojos conmovidos.
—Por supuesto que sí, comencé desde que fueron hostiles contigo, no pude quedarme de brazos cruzados —le respondí con sinceridad.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejo salir ninguna, tomando mi mano y apretándola con fuerza, como si quisiera expresar lo mucho que significaba para ella mi esfuerzo, algo que volvería a hacer sin duda alguna si es por asegurar su bienestar.
—Muchas gracias por tu esfuerzo, lo valoro muchísimo —se gira a mirar a Buck —, y también el tuyo, Buck, de verdad estoy muy agradecida.