A Big Tiger - Arc 1.

Capitulo 2 - Parte 2

En un pasado...

En la profundidad de una guarida subterránea, lúgubre y húmeda, una pequeña conejita blanca se acurrucaba contra sí misma. Abrazaba sus piernas intentando retener un calor que ya la había abandonado. Su pelaje, antes suave, estaba apelmazado por el barro y el agua de lluvia. Sus orejas caían pesadas, mientras su mirada vacía se perdía en el suelo. El eco de las gotas que se filtraban desde la superficie era lo único que rompía aquel silencio de soledad y frío.

Hasta que una voz irrumpió en la penumbra.

—Qué entrenamiento tan patético hiciste hoy, hermana...

Jenny apenas alzó la vista cuando Frody entró en la estancia. Su presencia era imponente y su respiración agitada delataba que no había dejado de entrenar. Sin decir nada, se quitó la camisa con un movimiento brusco, revelando una mancha oscura que se extendía por su pecho y espalda como una cicatriz de tinta. A pesar de lo aterrador que resultaba, a él no parecía importarle.

—Si aceptas este poder... tus entrenamientos serán mejores —sentenció él.

Jenny seguía inmóvil. Sus orejas continuaban caídas mientras negaba con la cabeza una y otra vez, como si ese simple gesto pudiera deshacer la carga que su hermano le ofrecía. No temía por ella misma, ni por el peso de aquel poder; su único pensamiento, el que la mantenía atrapada en el silencio, era el bienestar de su hermano. No quería que él sufriera más.

—Estoy segura de que mamá... —susurró ella, intentando apelar a su corazón.

El impacto llegó sin advertencia. Jenny sintió el ardor inmediato en su mejilla; un calor punzante que se expandió como un eco por su piel. Había sido abofeteada. Su cuerpo se inclinó por la fuerza del golpe y su cabeza giró involuntariamente. El silencio que siguió fue asfixiante, como si el aire de la guarida se hubiera extinguido de golpe.

—¡Mamá está muerta! ¡Acéptalo de una maldita vez! —rugió Frody—. ¿No lo entiendes...?

Jenny permaneció inmóvil, echada hacia un lado en la penumbra. Sus ojos, empañados por lágrimas silenciosas, no se apartaban del suelo frío y áspero. No buscó respuestas en el rostro de su hermano; solo dejó que el dolor se asentara en su piel. Se ahogó en la quietud de un llanto que no terminaba de caer, mientras su hermano suspiraba con desprecio.

—Tenemos una misión importante en un mes —dijo él antes de salir—. Deja de ser tan patética.

Jenny aprieta el puño con fuerza, sintiendo la tensión recorrer su cuerpo mientras las lágrimas aún escuecen en sus ojos. Parpadea para regresar al presente; el rostro de Tiget vuelve a enfocarse frente a ella.

—<<¿Por qué no puedo recordarla?>> —se pregunta con amargura.

Tiget, notando que ella está vulnerable, actúa por puro instinto. Una esfera de fuego brilla intensamente en su mano y, al rozar el pecho de Jenny, estalla en una llamarada repentina. No la hiere, pero el calor es suficiente para que ella retroceda por la sorpresa. Tiget no pierde el tiempo; aprovecha el segundo de confusión y escapa a toda velocidad.

—<<Sé que si huyo, me perseguirá... no me queda otra que defenderme como pueda>> —piensa Tiget mientras corre.

Intenta mantenerla a raya lanzándole ráfagas de fuego. Cada movimiento es desesperado, más fruto del pánico que de la técnica. Jenny, con su agilidad veterana, esquiva los proyectiles sin esfuerzo; el fuego se desliza en el aire sin llegar a tocarla. En un parpadeo, ella vuelve a estar frente a él y lo golpea en el pecho con la palma abierta.

Tiget, con la respiración errática, se niega a rendirse. Con un grito ahogado, extiende ambas manos y lanza varias bolas de fuego directamente hacia Jenny, que se encuentra a escasos metros.

—¡Ugh! ¡No! —exclama la conejita, levantando los brazos instintivamente para cubrirse.

El impacto ocurre, pero contra todo pronóstico, Jenny no siente dolor. Su cuerpo permanece intacto; no hay rastro de quemaduras ni ceniza. Sorprendida, observa cómo las llamas simplemente se disipan al lamer su piel, como si fueran simples ilusiones de luz. La comprensión llega de inmediato. Sin miedo, Jenny baja los brazos y permanece de pie, dejando que las siguientes esferas de fuego la alcancen sin oponer resistencia.

Tiget jadea, mirándola con incredulidad. Sus llamas, su última esperanza de defensa, no le hacen nada.

—¿Pero qué...? —balbucea, mientras Jenny comienza a avanzar lentamente hacia él, como una cazadora que ya no teme a su presa.

Mientras tanto, Cooper y Frody persisten en su enfrentamiento feroz. Sus movimientos se vuelven cada vez más veloces, pero Frody comienza a notar algo inesperado: el pequeño pointer se adapta con cada intercambio. Su velocidad aumenta y su instinto se afila. Una chispa de emoción brilla en los ojos de Frody; Cooper no solo resiste, está evolucionando frente a él.

—¡Eres increíble! —exclama Frody con una sonrisa maníaca—. ¡Me da lástima acabar contigo!

El conejo lanza una ráfaga de golpes precisos, pero Cooper, en un estado de concentración absoluta, encuentra una apertura. Concentra su energía en el puño y lanza un impacto eléctrico directo al pecho de su oponente. La descarga recorre cada fibra del cuerpo de Frody, sacudiéndolo violentamente. Un jadeo profundo escapa de sus labios y un hilo de sangre brota de su boca. Por primera vez, el villano muestra vulnerabilidad.

—¡Bagh...!

De repente, como si una fuerza invisible los golpeara, ambos salen disparados a una velocidad impresionante en la dirección opuesta. Justo antes del impacto contra unos escombros lejanos, se escuchan dos estruendos secos y consecutivos, como si hubieran chocado dos veces contra un muro invisible.

Lejos de allí, Tiget jadea con el corazón acelerado. Sigue intentando esquivar los ataques de Jenny, pero sus movimientos son torpes. Cada segundo que gana lo usa para retroceder, lanzando bolas de fuego con una desesperación ciega. Las llamas danzan en el aire y envuelven el cuerpo de la conejita, pero no ocurre nada.



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En el texto hay: batallas, poderes, perdidas y dolor

Editado: 22.01.2026

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