"Más importante que ganar"
El rugido de los motores llenaba el aire helado.
La última carrera.
La última oportunidad de demostrar quién dominaba esas pistas traicioneras cubiertas de nieve.
Lex estaba concentrado.
Más que nunca.
Su chaqueta negra ondeaba tras él mientras manejaba, sus manos firmes sobre el volante, los ojos fijos en el camino.
Cat estaba sentada en las gradas junto al equipo, animándolo en silencio, abrazada a una bufanda gruesa.
Lex sonrió apenas.
Por ella.
El viento soplaba con fuerza.
Demasiada.
Y entonces, en medio de la recta final, lo sintió: un tirón ligero en su chaqueta.
El dibujo.
El viento arrancó el papel doblado de su bolsillo como si tuviera vida propia.
Lex lo vio volar delante de él, girando en el aire como una hoja plateada contra el cielo gris.
Su estómago se hundió.
No lo pensó.
No lo dudó.
Mientras los demás corredores peleaban por el primer puesto, Lex desvió su auto bruscamente fuera de la pista, dejando un rastro de nieve levantada.
—¡¿Qué carajo hace Lex?! —gritó alguien desde las gradas.
—¡La meta está allá, idiota! —chilló otro.
Pero Lex no escuchaba nada.
Solo veía el dibujo.
El trozo de papel flotó unos metros más allá, atrapándose en una rama baja de un árbol a la orilla del circuito.
Frenó de golpe.
Saltó fuera del auto.
Corrió entre la nieve pesada, sin importarle las miradas, los gritos o el hecho de que acababa de renunciar a la victoria.
Extendió la mano.
Atravesó las ramas, rasgándose la piel en el proceso.
Y atrapó el dibujo.
Se quedó ahí, jadeando, con el papel aplastado contra su pecho.
Como si hubiera salvado algo mucho más importante que una carrera.
Cuando volvió la vista hacia el circuito, vio que todos estaban de pie, mirándolo con incredulidad.
El jefe lo observaba en silencio, los brazos cruzados, una sonrisilla apenas contenida en la boca.
Cat lo miraba con los ojos muy abiertos, la bufanda medio caída de su cuello, los labios entreabiertos de sorpresa.
Lex apretó el dibujo entre sus dedos.
Lo guardó cuidadosamente en su bolsillo interior otra vez.
Y, sin una palabra, caminó de regreso hacia el auto.
No necesitaba el trofeo.
No necesitaba las medallas.
Solo necesitaba ese maldito dibujo.
Solo necesitaba a ella.
Aunque aún no se atreviera a admitirlo.
Editado: 11.02.2026