El timbre sonó anunciando el fin de clases, y Cat salió al pasillo con su mochila al hombro. Aún estaba algo distraída, repasando mentalmente una tarea pendiente, cuando escuchó gritos… no de susto, sino de euforia.
—¡OH POR DIOS, MIRA ESO!
—¿Qué está pasando afuera?
—¡SON AUTOS DEPORTIVOS! ¡COMO DIEZ!
—¡ESO ES UN LAMBORGHINI! ¡NO ME JODAS!
Cat se asomó con cautela por la puerta principal del edificio… y ahí estaban.
Una fila interminable de autos deportivos brillaban bajo el sol, alineados como si fueran parte de una producción de cine. Motores encendidos, pintura reluciente, y puertas que se abrían con elegancia.
El primero en salir fue Lex.
Llevaba una camisa negra sin mangas que dejaba al descubierto sus brazos marcados, y gafas oscuras. Su sola presencia hizo que todo el campus estallara en murmullos y jadeos.
—¡¿Quién es ese?!
—¡Dios, míralo! ¡Parece un modelo de revista!
—No puede ser real…
—¿Y esos brazos? ¡¿QUÉ ES ESO?!
Cat se quedó congelada. No por la sorpresa de verlos, sino por la manera en que todos lo miraban… y porque Lex también la miraba a ella. Fijo. Directo. Como si lo único que le importara fuera su reacción.
Desde los otros autos salieron Ben, Troy y el resto del equipo, gritando como si fueran estrellas de rock.
—¡VAMOS, CAT! ¡SUBE, QUE VAMOS A LA PLAYA! —gritó Ben sacando medio cuerpo por el auto.
—¡Tenemos flotadores con forma de pizza, no puedes faltar! —añadió Troy.
La gente la miraba ahora a ella. Nadie entendía nada. Murmullos estallaban a su alrededor.
—¿Ella los conoce?
—¡No puede ser! ¿Qué hace una chica como ella con tipos así?
—¡Ojalá fuera yo!
—¿Será su prima? ¿Su manager? ¿SU NOVIA?
Lex se quitó las gafas y, con su típica cara de fastidio y sarcasmo, le dijo a Cat en voz alta:
—¿Vas a quedarte ahí todo el día babeando o vas a subirte ya?
Ella abrió la boca para contestar, pero no le salía una sola palabra.
Entonces, como si la escena necesitara más dramatismo, el jefe del grupo salió de uno de los autos y gritó:
—¡Que se suba con Lex! ¡Tiene que ser épico! Vamos a causar un infarto colectivo, chicos.
Ben, desde el fondo, añadió:
—¡Va a hacer llorar a todas las influencers!
—¡Hasta los tipos están celosos, miren cómo los miran! —añadió otro entre risas.
Lex solo abrió la puerta del copiloto con calma y la esperó. Cat, completamente roja, bajó la cabeza y caminó entre todos los murmullos, sintiendo los ojos encima como cuchillas. Pero cuando subió al auto, Lex le susurró bajito:
—No mires a nadie. Solo mírame a mí.
Cat tragó saliva. No dijo nada.
Cuando Lex cerró la puerta, los motores rugieron. Uno a uno los autos comenzaron a avanzar, dejando una estela de gritos, suspiros y celulares grabando la escena.
Y en el asiento del copiloto, con el corazón latiéndole como loco, Cat no pudo evitar pensar que… tal vez esta historia apenas estaba comenzando.
Editado: 11.02.2026