El sol comenzaba a esconderse tras el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. La mayoría del grupo se había quedado más lejos, jugando con la pelota o descansando bajo las sombrillas, pero Cat había decidido caminar por la orilla, sola, con los pies hundiéndose en la arena húmeda.
El aire era más fresco ahora, y el sonido del mar era un suave murmullo constante. Ella iba con el traje de baño y una camisa abierta por encima, sintiéndose un poco más segura tras todo lo que había pasado en el día.
Escuchó pasos detrás de ella, pasos que reconocía.
—¿Te vas a escapar cada vez que te digan algo bonito? —preguntó Lex, con ese tono suyo tan neutral y brusco, como si no le importara… pero había caminado hasta allá solo para alcanzarla.
Cat no respondió de inmediato. Miró al mar.
—No sabía que me veías.
—Veo más de lo que crees —respondió él, simple.
Se quedaron caminando juntos, sin hablar por un rato. Luego, Lex metió las manos en los bolsillos del short y desvió la mirada al cielo.
—Ese traje de baño… —empezó, y Cat lo miró de reojo—. Lo tenías desde antes, ¿verdad?
Ella asintió lentamente.
—Sí. Pero no me animaba. No sé… A veces siento que no encajo. Que todos son… tú sabes, perfectos. Y yo solo soy… Cat.
Lex se detuvo.
—No vuelvas a decir eso.
—¿Decir qué?
—Que no encajas. Que no eres suficiente. Eso no es verdad. —Sus palabras eran secas, pero firmes, como si lo que le doliera fuera que ella creyera eso de sí misma.
Cat bajó la mirada, sorprendida por la intensidad de su voz. Lex, en cambio, no la miraba directamente. Mantenía la vista en el océano, como si hablarle de frente fuera demasiado.
—¿Por qué te importa tanto? —preguntó ella, bajito.
—No me importa. —Él tragó saliva, luego apretó la mandíbula—. Solo... no me gusta cuando la gente se equivoca. Y tú estás muy equivocada si piensas que no vales. Así que deja de hacerlo.
Cat sonrió apenas.
—Gracias… supongo.
—No lo dije para que me agradezcas.
—Lo sé.
Se quedaron allí, mirando el mar en silencio. El viento movía suavemente el cabello de Cat, y Lex, sin pensarlo demasiado, se acercó un poco más y murmuró:
—¿Sabes? Cuando te vi en la universidad, rodeada de todos esos idiotas, por un segundo quise subir al auto y llevarte lejos de ahí. No me gusta cuando te miran como si no supieran quién eres.
—¿Y quién soy?
Lex la miró por fin, directo a los ojos.
—La única persona que me hace quedarme en un lugar más tiempo del necesario.
Cat sintió que el corazón le daba un salto. No supo qué decir. Solo se quedaron ahí, frente al mar, con el mundo apagándose lentamente a su alrededor.
Y, por primera vez en mucho tiempo, ella no quiso estar en ningún otro lugar.
Editado: 11.02.2026