El cielo ya se había teñido de azul profundo cuando los chicos empezaron a montar la fogata en la playa. Las risas llenaban el ambiente y las llamas crepitaban entre trozos de madera que Troy y Ben habían conseguido, aunque nadie quería saber cómo. Los autos deportivos seguían aparcados en fila detrás, reluciendo bajo la luz de la luna como si esperaran su momento de gloria.
—¿Alguien ha visto a Troy y Ben? —preguntó Lena, con una ceja alzada—. Desaparecieron desde que dijeron que iban a buscar más leña.
—Seguro están haciendo tonterías —contestó el jefe del equipo, estirándose sobre una manta extendida cerca del fuego—. Apuesto a que terminarán arrastrando un árbol entero.
—¡¿Un árbol?! —rió otra de las chicas.
—¡O a Ben subido en un coco, gritando que es Tarzán! —añadió Troy desde detrás de una palmera, saliendo justo a tiempo para que todos estallaran en carcajadas.
Cuando todos estuvieron sentados alrededor del fuego, con mantas, vasos en las manos y música suave de fondo, comenzaron a recordar momentos de toda la competencia.
—¿Se acuerdan cuando Lex y Cat se quedaron encerrados en el ascensor? —dijo Troy con una sonrisa maliciosa.
—¡No! —Cat se tapó la cara—. ¿Vamos a hablar de eso otra vez?
—¡No solo vamos a hablar! ¡Vamos a verlo! —gritó Ben, levantando su celular y mostrando la pantalla mientras todos se acercaban curiosos.
En el video se veía a Lex de pie, apoyado contra la pared del ascensor, intentando mantener la compostura mientras Cat, sentada en el suelo, lo miraba. En un momento, él le canta en voz baja, solo para calmarla. Su voz no era perfecta, pero era dulce, y eso fue lo que desató el caos.
—¡LEX CANTÓ! —gritó una de las chicas.
—¡Miren esa cara de enamorado! ¡Lex, no sabía que eras un romántico! —añadió Ben mientras todos gritaban y aplaudían.
Lex, con una expresión de fastidio mal disimulado, les lanzó una mirada asesina mientras tomaba un trago de su vaso.
—El que diga una palabra más, duerme con los cangrejos esta noche.
—¡Y canta para ellos también! —replicó Troy, provocando una nueva ola de risas.
La comida comenzó a circular entre todos. Carne asada, panecillos, snacks… pero Cat, sentada un poco más apartada, solo observaba. Estaba acostumbrada. Sabía que no podía comer la mayoría de esas cosas, así que simplemente se quedó en silencio.
Lex, que no parecía prestarle atención a nada, se levantó de repente y caminó hacia su auto. Nadie lo notó realmente, ocupados como estaban comiendo o riendo… hasta que regresó con una bolsa blanca en la mano y se la dejó caer suavemente a Cat en el regazo.
—Traje de más —dijo con desinterés, sentándose de nuevo y mirando hacia el fuego—. No quiero que se pierda.
Cat abrió la bolsa. Era todo lo que sí podía comer: fruta fresca, snacks sin gluten, galletas especiales. Su garganta se apretó un poco, no sabía qué decir.
—Gracias —susurró.
—Te dije que traje de más, no me agradezcas.
—¡Ooohhhhhh! —gritaron todos de golpe.
—¡¿Tú crees que nos vamos a tragar esa excusa?! —se burló el jefe—. ¡Llevas semanas aprendiendo lo que puede y no puede comer! ¡Te sabemos todo, Lex!
—Shhht. —Lex apretó los labios, sin mirarlos, pero no podía evitar el leve rubor en las orejas.
—¡Ya cállense, que va a sacar el lanzallamas otra vez! —bromeó Ben mientras fingía esconderse.
—¡Lex, dános una clase de cómo ser sutilmente romántico y fallar estrepitosamente! —dijo Troy riendo.
Pero lo cierto era que la atmósfera había cambiado. A pesar de las bromas, todo se sentía… bien. Cómodo. Familiar. Era como si ese grupo, que comenzó siendo solo un equipo de carreras, se hubiera transformado en algo más. En una familia.
El fuego seguía ardiendo. Alguien puso música más suave, otra chica comenzó a cantar bajito, y el mar seguía rompiendo suavemente contra la orilla.
Cat se acercó un poco a Lex, sin decir nada, solo apoyando la cabeza en su hombro.
—Gracias —dijo otra vez, bajito.
—Te dije que no fue por ti. —Pero no se movió, no se apartó. De hecho, apenas perceptiblemente, se inclinó un poco hacia ella.
Editado: 11.02.2026