A ciento vente latidos

Capítulo 70 “Una noche sin filtros”

La fogata seguía viva, chisporroteando con fuerza mientras el grupo se acomodaba en círculo, cada uno con su vaso, su manta o simplemente con los pies enterrados en la arena. El fuego iluminaba sus rostros, y la brisa salada del mar les revolvía el cabello. Las carcajadas no paraban desde que comenzaron las rondas de juegos.

—¡Verdad o reto! —gritó Ben, alzando una linterna como si fuera una antorcha ceremonial.

—Dios, no —murmuró Lex con fastidio.

—¡SÍ! —respondieron todos en coro, ignorando a Lex por completo.

Troy giró una botella improvisada en la arena. Dio varias vueltas hasta apuntar directamente a… Cat.

—¡Uuuuhhh! —gritaron todos. Lex alzó una ceja, observando en silencio.

—¿Verdad o reto? —preguntó Troy, con una sonrisa peligrosa.

—Verdad —dijo ella, abrazándose las piernas, intentando no parecer tan nerviosa.

—¿Te gusta alguien del grupo? —preguntó Troy sin rodeos.

Cat tragó saliva. Las miradas se clavaron en ella. Algunos contenían la risa, otros esperaban con el aliento contenido. Lex la miró, serio… y luego desvió la vista como si nada le importara.

—Sí —respondió ella al fin.

—¡Wooooooo! —los chicos comenzaron a gritar.

—¡¿Quién?! ¡¿QUIÉN?! —gritó Ben, pero Cat se llevó el dedo a los labios y dijo simplemente:

—Siguiente.

La botella giró de nuevo. Esta vez, cayó en Lex.

Todos se giraron hacia él como hienas olfateando drama.

—Reto —dijo, sin darle tiempo a nadie a ofrecerle la “verdad”.

—Perfecto —dijo Troy, frotándose las manos—. Ve y dile a alguien del grupo algo bonito. Algo que suene como si saliera del fondo de tu corazón.

Lex lo miró como si quisiera arrancarle la lengua.

—Estoy considerando romperte los dientes —dijo, levantándose sin entusiasmo.

Todos esperaban que se acercara a alguno de los chicos, pero sin decir nada, caminó lentamente hasta donde estaba Cat, se inclinó levemente hacia ella y dijo, tan bajo que solo ella pudo oírlo:

—Eres el dibujo más raro que alguien haya hecho en mi vida… pero por alguna razón, quiero enmarcarte.

Y sin darle tiempo a responder, se giró y volvió a su sitio.

Cat estaba paralizada. El corazón le latía con fuerza, las mejillas le ardían y solo podía mirar el fuego, intentando controlar la sonrisa que amenazaba con escaparse.

—¿Qué le dijo? ¿Qué le dijo? —preguntaron todos.

—No dijo nada, ¿cierto, Cat? —dijo Lex, volviendo a su inexpresividad habitual.

—Ajá… nada —respondió ella, mordiéndose el labio.

El resto de la noche siguió entre más juegos, historias ridículas, bromas de esas que solo surgen cuando te sientes parte de algo especial. Incluso hicieron una mini competencia de escultura en arena, donde Ben hizo un auto, Troy una especie de tortuga mutante, y Lex… bueno, solo miró con una ceja alzada mientras los demás se llenaban de arena por todos lados.

Cuando ya algunos comenzaban a dormirse bajo las estrellas o dentro de los autos, Cat seguía sentada junto al fuego, envuelta en su manta. Lex se sentó a su lado, sin decir nada.

—Gracias por traerme comida… y por lo de antes —dijo ella, en voz baja.

—No fue por ti —repitió él por costumbre, aunque esta vez, sin convicción.

Ella sonrió.

—¿Y lo del dibujo?

—Ese sí fue por mí —admitió él, y su voz sonó un poco más suave.

El silencio los envolvió mientras el fuego se iba apagando poco a poco, como una noche que sabe cuándo dejar paso a algo nuevo.




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