(POV Lex)
El rugido de las olas era solo un eco distante en su mente. El sonido de las risas de sus amigos se sentía lejano, como si proviniera de otro mundo. Lex caminaba hacia la orilla, sintiendo la arena fría bajo sus pies, el viento golpeando su rostro y el latido de su corazón retumbando con una fuerza que nunca había sentido antes.
Un beso.
Un beso accidental.
Era solo eso, ¿no? Pero entonces, ¿por qué su corazón no dejaba de latir como si quisiera atravesar su pecho? ¿Por qué sus manos temblaban ligeramente cada vez que recordaba el suave roce de sus labios contra los de Cat? ¿Por qué sentía que el aire se le escapaba al pensar en cómo sus grandes ojos lo miraron sorprendidos y luego desviaron la mirada, sonrojados?
—¡Lex! —gritó Troy desde la fogata—. ¡Ven aquí! ¡Deja de hacerte el interesante!
No les hizo caso. No podía. No ahora. Sus pensamientos eran un completo desastre, una maraña de ideas que se enredaban sin sentido.
“Solo fue un accidente. No significa nada. No puede significar nada.”
Y sin embargo, recordaba cómo su cuerpo había reaccionado instintivamente. Cómo sus manos habían buscado aferrarse a la cintura de Cat, incluso cuando él sabía que debía apartarse. Cómo su mente se había quedado en blanco por un segundo, solo para ser arrastrada por el suave aroma a lavanda que siempre parecía rodearla.
—¡Lex! —ahora era Ben quien lo llamaba, pero solo levantó una mano, indicándoles que no se acercaran.
Todo era un caos. No entendía nada. Él… él no debía estar así. Cat era solo… era solo parte del equipo. Parte del grupo. Una chica dulce, amable, un poco torpe y muy talentosa. Era una amiga. ¿No?
Pero entonces, ¿por qué su pecho dolía cada vez que recordaba la expresión avergonzada de ella? ¿Por qué sentía ese calor extraño en el estómago al pensar que sus amigos se habían burlado de ambos?
—Eres un idiota, Lex… —se dijo a sí mismo, frotándose el rostro con ambas manos.
Miró al horizonte, las olas golpeando con suavidad la orilla, como si fueran la única constante en un mundo que parecía tambalearse. Había corrido mil carreras, enfrentado a cientos de rivales, sentido la adrenalina de la velocidad y el riesgo… pero nunca había sentido esto.
Nunca había sentido esa desesperación por entender sus propios sentimientos.
“Fue solo un beso… fue un accidente.”
Sin embargo, la imagen de Cat, su rostro sonrojado, su cabello revuelto, su respiración agitada mientras se separaban, seguía clavada en su mente.
Un sonido a sus espaldas lo hizo girarse. Era el jefe, que lo miraba con una sonrisa ladina, como si supiera exactamente qué estaba pasando por su mente.
—¿Estás huyendo, Lex? —preguntó, cruzándose de brazos.
—¿Huir? ¿De qué? —intentó sonar indiferente, pero su voz salió más tensa de lo que esperaba.
—De ti mismo. —El jefe sonrió, acercándose un poco más—. De esa sensación que tienes en el pecho. La que no te deja en paz.
Lex soltó una risa seca, mirando hacia el mar.
—No sé de qué hablas. Fue un accidente. Todos estaban molestando… y yo…
—Y tú no sabes cómo lidiar con lo que sientes.
Lex apretó los puños, odiando lo transparente que parecía ser para el jefe.
—No siento nada. Solo… fue una situación incómoda.
El jefe soltó una carcajada, dándole una palmada en el hombro.
—Sigue diciéndote eso, chico. A ver cuánto tiempo te dura la mentira.
Lex lo vio alejarse, regresando con los demás, que aún seguían bromeando y riendo. Cat estaba allí, entre ellos, con el rostro todavía sonrojado, sonriendo tímidamente. Y su corazón volvió a latir con fuerza.
Dio un paso hacia el grupo, pero se detuvo. No podía. No ahora. Necesitaba pensar. Necesitaba entender.
Y sobre todo, necesitaba asegurarse de que su corazón no lo traicionara frente a todos.
Porque si había algo que Lex temía, más que la velocidad, más que el riesgo…
Era la idea de que Cat se convirtiera en su debilidad.
Editado: 11.02.2026