A ciento vente latidos

Capítulo 74 “Entre el Orgullo y el Miedo”

El rugido de su moto se apagó, pero el retumbar en su pecho seguía ahí, incontrolable. Lex se quitó el casco y lo colgó del manillar, observando desde lejos al grupo.

Ben y Troy estaban haciendo estupideces, como siempre, peleando por un balón que alguien había traído. Lena reía a carcajadas mientras el jefe les gritaba que dejaran de actuar como críos. Y entre todos ellos, Cat estaba sentada en el césped, con su libreta de dibujo en las manos, garabateando algo con una sonrisa suave.

El solo verla calmaba algo dentro de él, pero al mismo tiempo encendía esa inquietud que no podía entender.

“Vamos, Lex. Es solo una chica. Solo una chica…”

Avanzó con las manos en los bolsillos, intentando parecer despreocupado. Pero su corazón estaba acelerado, y cada paso parecía más pesado.

—¡Miren quién decidió aparecer! —gritó Ben al verlo acercarse.

—Lex, el ermitaño, ha salido de su cueva —bromeó Troy, dándole un empujón amistoso.

Lex bufó, empujándolos suavemente para abrirse paso.

—Cállense, idiotas. No me escondo de nada.

Su mirada fue directamente hacia Cat, que alzó la vista de su libreta y lo miró por un segundo antes de bajar rápidamente la mirada de nuevo.

Ese simple gesto lo golpeó como un puñetazo en el estómago. Ella siempre lo miraba directamente, con esa mezcla de curiosidad y calma que la hacía única. Pero ahora…

“¿Realmente cree que estoy enojado?”

Sin pensarlo mucho, se acercó a ella.

—¿Qué dibujas? —preguntó, manteniendo su voz neutral.

Cat pareció tensarse un segundo antes de cerrar su libreta con rapidez.

—Nada importante. Solo… solo un boceto.

“Genial, ahora ni siquiera quiere que lo vea.”

—Huh, no me gustan los secretos.

Ella lo miró, frunciendo ligeramente el ceño.

—No es un secreto. Solo… no es nada.

La incomodidad era palpable. Los demás seguían bromeando, pero para él, el mundo se había reducido a esa conversación torpe.

“Haz algo, maldita sea.”

Lex suspiró, rascándose la nuca.

—Mira… siento si he estado raro. Solo… —Las palabras se le atoraban en la garganta—. No estoy enojado.

—Oh… está bien. —Su voz era suave, pero distante.

No, no estaba bien. Lo sabía. Ella lo miraba como si esperara algo, algo que él no podía darle.

Sin pensarlo, se dejó caer junto a ella en el césped, apoyando los brazos en las rodillas.

—Tú… ¿crees que soy un idiota?

Cat parpadeó, sorprendida.

—¿Qué? No, yo… ¿Por qué piensas eso?

—Porque… —Él miró hacia el cielo, buscando las palabras—. No soy bueno hablando. Siempre digo cosas estúpidas.

—No has dicho nada estúpido —dijo ella, su voz volviendo a ser suave, casi reconfortante.

“¿Cómo lo hace?”

Lex cerró los ojos por un segundo.

—¿Puedo ver tu dibujo?

Ella dudó, mordiéndose el labio. Pero después de unos segundos, abrió la libreta y se la mostró. Era un boceto de ellos en la playa, Troy lanzando a Ben al agua y él riendo… riendo de verdad.

—¿Cuándo… cuándo dibujaste esto? —preguntó, incapaz de apartar la mirada.

—Ese día… me pareció un buen momento para recordar.

Un calor extraño se instaló en su pecho. No podía recordar la última vez que alguien había querido recordar algo por él.

—Está bien hecho. —Fue todo lo que pudo decir.

Cat sonrió un poco, bajando la mirada.

El silencio entre ellos era cómodo ahora, pero Lex aún sentía el peso de algo más. De esas palabras que no sabía cómo decir.

—¿Quieres ir a caminar? —soltó de repente.

Cat lo miró, sorprendida.

—¿Caminar?

—Sí. No sé… el parque es grande. Tú dibujas. Yo… puedo simplemente… no sé, mirar.

Cat pareció dudar, pero luego asintió lentamente.

—De acuerdo.

Se levantaron y comenzaron a caminar por el sendero arbolado. Lex se mantuvo a su lado, sus manos aún en los bolsillos, pero cada paso parecía aligerar esa presión en su pecho.

—¿Te molesta el ruido? —preguntó de repente.

Cat lo miró de reojo.

—A veces. Es… depende. Si hay muchos sonidos a la vez, es difícil.

Lex asintió.

—Si alguna vez te sientes incómoda… solo dímelo.

—¿Por qué? —preguntó ella, sorprendida.

—Porque… —Se detuvo, girándose para mirarla—. No quiero que te sientas mal cuando estás conmigo.

Los ojos de Cat se abrieron un poco, sorprendida.




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