A ciento vente latidos

Capítulo 75 “Susurros de Dudas”

(POV Cat)

El crujido suave de las hojas bajo sus pies acompañaba cada paso que daba junto a Lex. El aire fresco del parque acariciaba su rostro, y aunque el silencio era cómodo, su mente no dejaba de girar.

“¿Por qué siempre me siento así cuando estoy cerca de él?”

El aroma de los árboles y la brisa fresca normalmente la relajaban, pero esta vez, su corazón latía rápido. Miraba de reojo a Lex, que caminaba a su lado, las manos metidas en los bolsillos, el rostro relajado, pero con esa intensidad que siempre llevaba consigo.

Ella había pensado que después de todo lo que había pasado, él se alejaría. Que tal vez estaba cansado de ella, de sus silencios incómodos, de sus extrañas manías. Pero en lugar de eso, él estaba ahí.

“¿Por qué no se ha ido?”

Su mente comenzó a repasar cada palabra, cada gesto, cada mirada. Lo recordaba apartando a los demás para darle espacio, llevando comida que podía comer sin decirle que era para ella, protegiéndola cuando el autobús volcó… Y el beso.

Un rubor cálido comenzó a extenderse por sus mejillas.

“Fue un accidente. Solo un accidente… pero, ¿por qué aún lo recuerdo?”

De repente, Lex se detuvo y Cat, perdida en sus pensamientos, casi choca contra él.

—¿Todo bien? —preguntó él, inclinando la cabeza para mirarla.

—¡S-sí! —respondió rápidamente, sintiendo que su rostro ardía—. Solo… solo pensaba.

—¿En qué? —Lex la miró con esa intensidad que siempre parecía atravesarla.

—En… en que… es bonito aquí. —Desvió la mirada, sintiéndose tonta.

Lex soltó una leve risa.

—Sí, supongo. Pero tú siempre estás pensando en cosas más interesantes que un parque. —Su voz era suave, casi divertida.

“¿Más interesantes? ¿Yo?”

Cat sintió que su corazón latía más rápido.

—Yo… supongo que a veces… pienso demasiado.

—Eso no es malo. —Lex comenzó a caminar de nuevo, y ella lo siguió—. La mayoría de las personas no piensan lo suficiente.

Las palabras la hicieron sonreír. Lex siempre tenía esa manera extraña de hacerla sentir mejor sin siquiera intentarlo.

Caminaron en silencio un poco más. Cat sacó su libreta y comenzó a dibujar, sus manos fluyendo automáticamente. Los trazos comenzaron a tomar forma: los árboles altos, las hojas meciéndose con el viento… y una figura alta, de cabello oscuro, caminando a su lado.

Sin darse cuenta, estaba dibujando a Lex.

—¿Qué estás dibujando? —preguntó él de repente, acercándose para mirar.

Cat cerró la libreta de golpe, su rostro ardiendo.

—¡N-nada!

Lex alzó una ceja, una sonrisa traviesa apareciendo en su rostro.

—¿Nada, eh? Parece que escondes muchos “nadas” en esa libreta.

—No es nada. Solo… —Su voz bajó—. A veces dibujo lo que veo.

—Entonces, ¿me estabas dibujando? —preguntó él, inclinándose hacia ella, su rostro demasiado cerca.

El corazón de Cat parecía querer salirse de su pecho.

—¡No! ¡Bueno… sí… pero no exactamente!

Lex rió suavemente, y ese sonido la hizo sentir algo extraño, una mezcla de vergüenza y… felicidad.

—Eres increíble, ¿sabes? —dijo él, aún sonriendo.

Cat parpadeó, sorprendida.

—¿Yo?

—Sí. Nunca te das cuenta, pero siempre haces que las cosas se sientan… mejor.

Las palabras flotaron en el aire, y Cat no supo qué decir. Nadie había dicho algo así de ella antes.

—G-gracias… —murmuró, jugando nerviosamente con su lápiz.

Lex miró hacia el cielo, metiendo las manos en los bolsillos.

—Vamos, deberíamos volver. Si nos quedamos aquí, Ben y Troy comenzarán a buscarme como si fuera su niñera.

Cat asintió, pero su mente seguía atrapada en sus palabras.

Caminó a su lado en silencio, pero el silencio ya no era incómodo. El rubor aún persistía en sus mejillas, y su mente seguía repitiendo esas palabras.

“Increíble… ¿yo?”




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