A ciento vente latidos

Capitulo 79

POV Lex

Cuando el auto frenó frente al taller, noté enseguida que algo no estaba bien.

Todos estaban de pie, cosa rara, en una especie de semicírculo. Las conversaciones se habían detenido, lo que era todavía más raro. Ben, Troy, el jefe, incluso Lena estaban con los brazos cruzados, observando lo mismo: un auto deportivo color rojo fuego estacionado junto al portón, con una chica bajando de él como si estuviera en una maldita película.

Tacones. Lentes oscuros. Pelo perfecto. Sonrisa de revista.

Fruncí el ceño.

—¿Y esa es? —preguntó Cat desde su asiento, sacando apenas la cabeza para mirar.

—Ni idea. Pero parece que trajo su propio efecto especial —murmuré mientras me bajaba y le abría la puerta.

Apenas Cat salió, la escena pareció congelarse por un momento. Incluso la chica, que estaba señalando el capó de su auto con aire de "yo sé lo que digo", se giró para vernos.

—Lex, amor —dijo con voz melosa—, ¿puedes revisar el carburador de la transmisión? Creo que está haciendo un ruidito sospechoso.

Cat parpadeó.

Ben se inclinó hacia Cat y susurró, sin poder contenerse:

—No tiene talento… pero es muy buena moza.

Troy disimuló una risa con una tos falsa, volviendo la cabeza para que la chica no lo viera.

—Carburador de la transmisión... —repetí en voz baja, cruzando los brazos—. Esa es nueva. ¿También tiene aire acondicionado en el cigüeñal?

La chica parpadeó un par de veces, algo confundida.

—Bueno, es que mi mecánico anterior siempre decía esas cosas raras…

—Claro, seguro le decía muchas cosas. —Ben ya no disimulaba la sonrisa, mientras Lena se llevaba una mano a la cara.

—¿Y tú eres Cat, cierto? —preguntó la chica de pronto, dirigiéndose a ella con una sonrisa brillante pero con un filo casi invisible.

Cat asintió con una expresión neutral, su postura un poco rígida. No hizo contacto visual, pero no dio un paso atrás.

—Sí.

—He escuchado cosas de ti. —La sonrisa se mantenía, pero ahora con sabor a competencia—. Dicen que eres... especial.

Antes de que Cat pudiera responder, di un paso al frente.

—Sí, lo es —interrumpí—. Y no necesita saber si el carburador vive en la transmisión para ganarse el respeto de todos aquí.

La chica alzó las cejas.

—¿Tan protector? Pensé que eras más... frío.

—Soy frío con quien merece hielo. —Me giré hacia el grupo—. ¿Alguien me explica qué hace esta señorita aquí? ¿Es alguna nueva adquisición o vino a vender labiales con llantas?

Un par de carcajadas estallaron entre los chicos.

—Dijo que quería unirse a las prácticas —comentó el jefe, encogiéndose de hombros—. Vino recomendada por uno de nuestros antiguos rivales.

—Recomendada no significa calificada —solté, dándole una mirada rápida al auto. Todo estética. Nada de potencia.

Cat permanecía en silencio, observando, pero sus dedos jugueteaban con una de las costuras de su mochila. Estaba incómoda. Y no la culpaba.

—Igual, no vamos a juzgar antes de verla en acción —agregó Troy, con tono conciliador, aunque se le notaba el esfuerzo por no soltar otra risa.

—Yo sí. —Me metí las manos en los bolsillos—. Pero si quiere demostrar algo, que lo haga en la pista, no con palabritas mal usadas ni con poses frente a los espejos.

La chica me dirigió una última mirada de arrogancia antes de girarse hacia su auto, claramente ofendida.

—Voy a dejar mi bolso y me uno.

—Haz lo que quieras —dije, y al girarme, noté que Cat me miraba. No dijo nada, pero sus ojos tenían una mezcla de sorpresa y algo que no supe identificar.

—¿Qué? —le pregunté, alzando una ceja.

—Nada... solo... gracias. Por lo de antes. Y por ahora.

—No fue nada, bajita. Solo no quiero que te contamines. El taller ya tiene bastante drama sin necesidad de agregar actrices de telenovela.

Ella soltó una pequeña risa. Su risa. No una fingida. Una real. Y maldita sea, eso fue más ruidoso que cualquier motor en ese lugar.




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