Taller – Más tarde ese día
La chica nueva —Danika, al parecer— no tardó en volver al ataque. Paseaba por el taller como si estuviera en un desfile, ignorando por completo las miradas incómodas y los susurros que ya se levantaban a su paso. Lex estaba concentrado revisando el motor de su auto, Cat sentada en un rincón hojeando su cuaderno con sus auriculares puestos, absorta en su mundo, como siempre.
Danika se acercó con paso firme. Llevaba una sonrisa torcida, de esas que ocultan más veneno que simpatía.
—¿Esa es la famosa bajita? —le susurró a Ben, con fingida inocencia, mientras lo alcanzaba cerca del carro de Troy.
Ben, que estaba ajustando una pieza, la miró con una ceja alzada.
—Danika… no empieces.
—Solo digo —dijo, con falsa dulzura—, pensé que sería más… no sé… interesante. Pero parece una mosquita muerta. Silenciosa, aburrida… ¿y ella está cerca de Lex? ¿En serio?
Ben bajó la herramienta con fuerza contra la mesa, haciéndola saltar.
—Te lo voy a decir una sola vez —dijo en voz baja, pero con un tono afilado—: no te metas con ella. No sabes lo que estás haciendo.
—¿Por qué? ¿Es su hermanita secreta o algo? —se burló ella, cruzando los brazos—. Solo estoy diciendo lo que todos piensan.
Troy apareció justo detrás de ella, limpiándose las manos con un trapo.
—Ben tiene razón —dijo, serio, con su sonrisa habitual completamente ausente—. No cometas ese error. Aquí, nadie toca a Cat.
Danika resopló, rodando los ojos. Pero no se detuvo.
—Qué exageración… Ay, no la toquen, es especial. Ya, por favor. No se va a romper si alguien le dice la verdad. Está aquí por Lex, ¿verdad? Porque no me explico otra cosa.
Cat alzó la mirada en ese momento, como si sus sentidos hubieran captado la vibra tensa del lugar. Se quitó un auricular, confundida, notando cómo los murmullos comenzaban a subir.
Lex se giró, lentamente, como si algo en su nuca se hubiese activado. Caminó hacia el grupo sin apuro, pero su presencia era como un peso de plomo cayendo sobre todos.
—¿Qué dijiste? —preguntó con voz baja, seca.
Danika sonrió.
—Solo que me sorprende que una chica como ella esté aquí. No parece tener madera para esto, ni para ti.
Ben y Troy retrocedieron medio paso. Lex, en cambio, se acercó un poco más.
—Escucha bien —dijo, mirándola a los ojos con una frialdad cortante—. No me importa si eres bonita, rápida o si crees que tienes el mundo en las manos. Si vuelves a hablar así de Cat, vas a tener que buscarte otro taller. No uno al lado. Uno en otro maldito país.
Danika se encogió un poco, tragando saliva.
—¿Estás… defendiéndola?
—No. —Lex giró el rostro hacia Cat, que miraba en completo silencio, los ojos grandes y confundidos—. Estoy poniéndote en tu lugar.
Danika dio un paso atrás, ofendida.
—No sabía que eras tan débil por una niña como esa.
—¿Débil? —Lex se rió sin humor—. Qué curioso. Los débiles siempre confunden respeto con debilidad. Lo que pasa es que tú no sabes lo que es cuidar algo que vale la pena.
Danika se fue hecha una furia, empujando una caja con fuerza al pasar. Nadie la detuvo.
Lena se acercó a Cat, sonriendo.
—Te lo dije. Si hay algo que no se toca, es la bajita.
Cat, aún roja como un tomate, intentó hablar, pero no supo qué decir. Solo murmuró:
—Yo… no hice nada.
Lex se agachó frente a ella, mirándola serio.
—No tienes que hacer nada para que valga la pena cuidarte.
Y se fue, como si no acabara de decir lo que dijo. Como si no acabara de dejar al grupo en silencio.
Troy rompió el hielo con un silbido.
—Está muerto, pero no lo sabe.
—Lex… ¿enamorado? —murmuró Ben—. Bueno, sí, claro. Igual que un cactus da abrazos.
Cat se cubrió la cara con las manos, deseando desaparecer.
Y sin embargo… una sonrisa leve se asomaba entre sus dedos.
Editado: 11.02.2026