Desde aquel día en el taller, Danika cambió. O mejor dicho, dejó de fingir. Su simpatía superficial se evaporó y dio paso a un veneno silencioso, sutil, pero constante. No necesitaba levantar la voz para hacer daño. Le bastaban las miradas, los comentarios maliciosos y una sonrisa torcida que nunca llegaba a los ojos.
Cat lo notó. Al principio pensó que solo estaba imaginándolo. Tal vez Danika solo era… competitiva. Pero después empezaron las cosas raras.
Una vez, su cuaderno desapareció. Otra, alguien desconectó sin querer su portátil en medio de la carga de datos de uno de los autos. Troy le había dicho:
—¿Seguro que lo cerraste bien? Capaz fue un error tuyo.
Pero no había sido un error. Y Cat lo sabía.
Sin embargo, no dijo nada. Como siempre, se encerró en su propio mundo, tragándose las dudas, escondiendo su incomodidad detrás del flequillo y los auriculares.
Hasta que un día, Lex lo notó.
Era tarde. El taller estaba casi vacío. Solo quedaban Lex, Ben, Troy, Lena, Danika… y Cat.
Cat estaba encorvada sobre una laptop, mirando fijamente la pantalla mientras volvía a cargar toda la telemetría de un auto desde cero. Danika, sentada cerca, hojeaba una revista de automovilismo como si fuera la reina del lugar.
Lex llegó desde el fondo con una botella de agua en la mano.
—¿Por qué estás repitiendo eso? —le preguntó a Cat.
Ella alzó los hombros, sin mirarlo.
—Se borró… todo.
Lex frunció el ceño. Se acercó a revisar la computadora y luego miró los cables. Uno de ellos estaba flojo, como si alguien lo hubiera quitado y vuelto a poner a medias.
—Esto no fue un error —dijo en voz baja.
Danika chasqueó la lengua.
—Ay, por favor. ¿Ahora resulta que hay una conspiración contra ella? Seguro se equivocó. Le pasa todo el tiempo, ¿no?
Lex la miró. Esa clase de mirada que hace que el ambiente baje cinco grados.
—¿Tú hiciste esto?
—¿Yo? —Danika fingió indignación—. ¿Por qué lo haría? No soy una niña celosa. Pero claro, todo lo malo aquí es culpa mía, ¿verdad? Porque la señorita autista no puede cometer errores.
Silencio.
El grupo entero la miró, helados.
Lex se giró completamente hacia ella. El ambiente crujía.
—No te atrevas a volver a hablarle así —dijo con voz baja, pero peligrosa—. No aquí. No cuando yo estoy.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Echarme? —Danika lo desafió—. Porque si lo haces, que te quede claro que quedará como que no puedes separar lo personal del trabajo.
Lex dio un paso hacia ella. Ben y Troy ya estaban atentos por si algo pasaba.
—¿Quieres que lo haga oficial? —preguntó Lex—. ¿En serio quieres jugar ese juego conmigo?
Danika sostuvo la mirada… pero solo por un segundo. Luego tomó su bolso y se fue, murmurando algo como "esto no se queda así".
Lex respiró hondo, pasándose una mano por la nuca. Luego se giró hacia Cat.
—¿Estás bien?
Ella asintió con la cabeza, aunque no lo estaba. Le temblaban los dedos. Le costaba mirar a nadie.
Lex se arrodilló frente a ella, como la otra vez.
—Bajita, no tienes que dejar que nadie te trate así. Ni siquiera aquí. Si vuelve a tocarte un dedo o a hacerte sentir así, dime.
—No quería problemas… —murmuró Cat—. Pensé que si me callaba, iba a parar…
—No. —Lex fue firme—. Callarse nunca frena a los que quieren aplastar. Solo los hace sentir que pueden seguir. Y tú no naciste para ser aplastada.
Cat lo miró por fin, y algo en su pecho se aflojó. Lentamente.
Troy se rascó la cabeza desde el fondo.
—Bueno… eso fue intenso. ¿Alguien quiere pizza o solo yo estoy emocionalmente hambriento?
Ben se echó a reír.
—Hermano, emocionalmente hambriento es el nuevo "estoy mal".
Lex se puso de pie y estiró la mano hacia Cat para ayudarla a levantarse.
Ella dudó un segundo… pero la tomó.
Y cuando lo hizo, notó algo nuevo en la mirada de Lex. Ya no solo era protección. Había algo más. Algo que ni él entendía todavía.
Pero que ella… empezaba a sentir también.
Editado: 11.02.2026