A ciento vente latidos

Capítulo 84: Curso Intensivo para Red Flagg Emocionalmente Ineptos

Lex estaba a punto de abrir la puerta del taller para ir tras Cat… cuando se detuvo.

No.
¿Qué le iba a decir?
“Lo siento por no decirte que me gustas”
“No supe qué hacer cuando esa idiota se me declaró y tú estabas ahí”
“No sé hablar, pero me dan ganas de morder a quien te mire raro”

No. No. No.

Bufó, giró sobre sus talones y se apoyó en la pared del taller. Lena lo vio volver, cruzándose de brazos.

—¿Qué pasó? ¿Ya le dijiste que la amas?

Lex la miró como si le hubiera escupido el café.

—¿Qué carajos? ¿Cómo que “la amo”? Ni siquiera…

—Ni siquiera sabes cómo decirle “me gustas” —completó Ben, rodando los ojos.

Troy soltó una carcajada y se tiró en una silla, poniendo los pies sobre la mesa.

—Esto va a estar bueno. Vamos a enseñarle a nuestro pequeño iceberg emocional a ser cursi.

Lex gruñó:

—Yo no necesito ser cursi.

—¿Ah, no? —preguntó Lena con una sonrisa irónica—. Entonces, ¿cómo planeas hablar con Cat? ¿Con gritos y monosílabos?

—No grito.

—Lex, a ti un “hola” te suena como una amenaza —dijo Ben entre risas.

—¡Ey! —Troy levantó un dedo, como si se le ocurriera una genialidad—. Podemos hacer esto como una clase de actuación. Yo soy Cat. Ven y dime algo bonito.

Lex lo miró con tal intensidad que Troy se encogió.

—Ok, no. No me mires así. Ya entendí por qué nadie te da un abrazo.

Lena se metió entre ellos.

—Lex, escúchame. No tienes que escribirle un poema ni nada. Solo sé sincero. Dile lo que sientes. Con tus palabras.

Lex arrugó la frente.

—Mis palabras suenan como amenazas.

—Entonces… intenta practicar con nosotros —dijo Ben.

—Sí, vamos —añadió Troy, frotándose las manos—. Operación: enseñar al emo a no arruinarlo.

Lex suspiró, resignado.

—Está bien. Disparen.

Troy se aclaró la garganta, exagerado.

—Imagina que Cat está frente a ti. ¿Qué le dirías?

Lex pensó unos segundos. Se cruzó de brazos. Y soltó:

—No me gusta que estés con otros.

Silencio.

Ben lo miró con una ceja levantada.

—¿Ese fue tu intento de piropo?

—Eso sonó como el inicio de un secuestro —añadió Lena.

—Es que no sé decirlo bonito —refunfuñó Lex.

Troy suspiró, dramático.

—Ok. Repetí conmigo: “Me siento diferente cuando estás cerca”.

Lex lo miró como si quisiera atropellarlo con un coche de carreras.

—No.

—¡Vamos! Solo dilo.

—No voy a decir eso. Suena ridículo.

Ben se carcajeó.

—Bro, tú le dijiste una vez a Cat que “pareces un estorbo, pero por alguna razón me tranquilizas”. Esto sería una mejora.

Lena puso los ojos en blanco.

—Lex, mira. No se trata de ser alguien que no eres. Solo… sé tú. Pero tu versión que siente. No el Terminator.

Lex bajó la cabeza por un segundo, como si todo fuera demasiado. Luego murmuró:

—Me preocupa cuando se va sin avisar. Me molesta cuando la tratan mal. No me gusta verla triste. Y me jode no saber cómo hacerla sonreír más seguido.

El silencio esta vez fue distinto.

Ben sonrió.

—Eso. Eso era perfecto.

—Eso fue tan romántico que casi me dan ganas de abrazarte —dijo Troy, fingiendo limpiarse una lágrima.

—¿Ves? —Lena le dio un pequeño empujón—. No necesitás ser cursi. Solo ser real. Con ella, eso basta.

Lex se quedó un segundo mirando al suelo, como si las piezas finalmente estuvieran cayendo en su lugar.

—Tengo que ir a buscarla, ¿no?

—Ya era hora —respondieron los tres al unísono.

Y sin decir nada más, Lex se dio media vuelta y salió del taller.

Troy lo vio alejarse y sonrió.

—¿Crees que lo logrará?

Ben chasqueó la lengua.

—Si no lo hace… nos va a tocar secuestrar a los dos y encerrarlos en un ascensor otra vez.

—Eso siempre funciona —agregó Lena.




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