A ciento vente latidos

Capítulo 89: El prejuicio se topa con la verdad

El taller estaba tranquilo. Lex ajustaba una de las válvulas del nuevo motor mientras Troy y Ben discutían sobre cuál color de pintura era más aerodinámico, como si eso tuviera el más mínimo sentido.

Hasta que la puerta del taller se abrió con un chirrido seco.

—¿Lexandro? —llamó una voz femenina, firme y elegante.

Lex se congeló. Giró lentamente, con la llave inglesa aún en la mano. Troy dejó caer la botella de agua. Ben se quedó con la boca abierta.

—¿Mamá?

—Y papá también está aquí —añadió la figura que venía detrás: un hombre corpulento, con traje oscuro y una expresión severa.

Lex se pasó una mano por el rostro, lleno de grasa.

—¿Qué demonios están haciendo aquí?

—Danika nos dijo que… estás saliendo con una chica. Una chica que trabaja contigo. Una estudiante. Que no parece adecuada —dijo su madre, con diplomacia afilada.

Danika apareció por detrás, con una sonrisa de satisfacción venenosa.

—Sólo pensé que debían saber. No cualquiera puede estar con Lex. Él merece a alguien que entienda su mundo.

Lex resopló.

—¿Y vos sos esa alguien?

Danika frunció el ceño.

—No dije eso…

—¿Dónde está? —preguntó su padre, directo—. Queremos conocerla.

—¿Para qué? ¿Para que la desarmen a miradas y cuchillos como hacen con todo lo que no entienden?

—Lex… —empezó Troy en voz baja.

Pero justo en ese momento, la puerta lateral del taller se abrió. Cat entró con sus auriculares colgando del cuello, su cuaderno de bocetos abrazado al pecho y su mochila repleta de lápices de colores sobresaliendo como un ramo caótico.

Alzó la vista… y se congeló al ver a todos en silencio.

—¿Hola?

Lex masculló una maldición por lo bajo. Su madre alzó una ceja.

—¿Vos sos Catalina?

—Cat. Solo Cat —dijo ella, encogiéndose un poco—. ¿Ustedes son…?

—Los padres de Lexandro —dijo su madre—. ¿Podemos hablar contigo un momento?

Lex intervino de inmediato.

—No. Si tienen algo que decir, es conmigo.

Pero Cat, como siempre, sorprendió.

—Está bien —respondió con voz suave, pero firme—. Podemos hablar.

Danika entrecerró los ojos, disfrutando lo que pensaba que sería un desastre.

Cat los guió hacia una pequeña oficina con ventanas de vidrio. Lex miraba todo desde lejos, como una bomba a punto de explotar.

Pasaron los minutos. Ben y Troy no paraban de lanzar miradas inquietas.

—¿Y si le están diciendo cosas feas? —preguntó Ben.

—Cat puede con eso. Es más fuerte de lo que parece —murmuró Troy, pero igual parecía nervioso.

Después de unos veinte minutos, la puerta de la oficina se abrió.

Los padres de Lex salieron… y estaban sonriendo.

—Lexandro —llamó su padre, caminando hacia él—. Nos gustó mucho la chica.

Lex parpadeó, como si no entendiera.

—¿Qué?

—Tiene una dulzura… tan honesta. Y una forma de ver el mundo… especial —dijo su madre—. Nos contó de sus pinturas, de su forma de entender los espacios, la luz, el ruido… y de cómo vos, mi hijo, aprendiste a bajar el volumen del mundo por ella.

Lex apretó la mandíbula.

—Ella no tenía por qué explicarles nada.

—No lo hizo para justificarse —dijo su madre—. Lo hizo para que la conociéramos. Y funcionó.

Danika interrumpió, furiosa.

—Pero ustedes no entienden… ¡ella no encaja! ¡No puede con todo lo que Lex necesita! ¡Él es complejo, es fuerte, y ella…!

—Y ella es lo que él necesita para no romperse —dijo el padre de Lex con firmeza.

Danika se quedó sin palabras.

—Gracias por la visita —soltó Lex con tono cortante—. Pueden irse ahora.

Su madre lo miró con ternura.

—Estamos orgullosos, Lexandro. Y… lamento haber dudado antes. Catalina es especial. No porque sea perfecta, sino porque es ella misma. Algo que vos también estás aprendiendo a ser.

Lex tragó saliva y se pasó la mano por la nuca.

Cat se acercó en silencio, con sus ojos curiosos y calmos. Él la miró.

—¿Estás bien?

—Estoy bien —dijo ella, y alzó una ceja—. ¿Ellos están bien?

—Después de hablar con vos… parece que más que bien —respondió, medio desconcertado.

Ella sonrió, y él, sin decir más, le tomó la mano frente a todos.

Ben soltó un silbido.

—Bueno… alguien debería decirle a Danika que perdió por goleada.

Troy se acercó a Danika y murmuró:




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.