El taller vibraba con vida. Los motores rugían, las risas de Ben y Troy se mezclaban con el eco metálico de herramientas, y Lex… bueno, Lex observaba a Cat desde lejos mientras ella, concentrada, ajustaba los últimos trazos en el logo que estaban pintando juntos sobre el capó del nuevo auto.
—Tu pulso sigue siendo jodidamente perfecto —murmuró Lex, cruzado de brazos.
Cat sonrió sin mirarlo.
—Y el tuyo sigue temblando cuando estás nervioso.
—No estoy nervioso.
—Sí, lo estás.
—No lo estoy.
—Lex…
—¡¿Okay, quizás un poco, maldita sea?!
Ambos rieron. Era un momento tranquilo. Demasiado tranquilo.
Danika lo sabía.
Los celos le carcomían la piel. Había observado todo desde lejos, cada roce de manos, cada mirada cómplice, cada risa de Lex, ese Lex que jamás había sido así con nadie. Mucho menos con ella.
—Qué estúpida sos… —murmuró, cerrando los dedos sobre el pequeño frasco en su bolsillo.
Un frasco lleno de pintura química, la cual arruinaría por completo el diseño de Cat, su proyecto final, y de paso, su confianza. Sabía que Cat tenía una sensibilidad especial, que el olor, la textura, el desastre repentino podrían colapsarla. Sabía que ella no gritaba. Ella se cerraba.
Así que esperó. Esperó a que todos se distrajeran.
Ben y Troy fueron a buscar unas piezas. Lena estaba en la oficina. Lex había entrado a tomar una llamada.
Y Cat, dulce, brillante, autista y confiada, se había quedado sola en el auto, con el pincel aún en la mano.
Danika se acercó por detrás, sin hacer ruido.
Sacó el frasco. Lo destapó.
Pero antes de que pudiera siquiera inclinarlo… una mano firme sujetó su muñeca.
—¿Qué carajo pensás hacer?
La voz retumbó como un trueno.
Lex estaba ahí. A un paso.
Su rostro era una tormenta contenida. No necesitaba gritar. Su mirada lo hacía por él.
Danika tembló.
—¡Lex! No es lo que parece, yo solo…
—¿Vas a intentar mentirme? ¿A mí?
—Solo iba a... pintar algo gracioso, un chiste para Cat.
—¿Un chiste con pintura corrosiva?
Cat se giró al escuchar la conmoción, y su mirada cayó directo al frasco en la mano de Danika. No dijo nada. No podía.
Lex lo hizo por ella.
—¿Querías joderle el proyecto? ¿Romperle algo porque no podés soportar que ella me importa?
—¡Ella te está cambiando! ¡Ya no sos el Lex de antes! Antes me mirabas… ahora ni me ves.
—Porque finalmente tengo a alguien que me hace querer mirar —le escupió él.
Danika retrocedió un paso.
Y justo entonces, el resto del grupo llegó. Ben frunció el ceño.
—¿Qué pasa acá?
Troy miró a Danika, el frasco en la mano, y bufó.
—¿En serio, Danika? ¿Qué tan bajo podés caer?
—No entienden —gimió ella—. Cat no encaja aquí, ¡no es normal!
Y en ese momento, Cat habló.
—Tenés razón.
Todos la miraron.
—No soy normal. Me molestan los ruidos fuertes. Odio el contacto físico inesperado. A veces no entiendo los sarcasmos. Me cuesta hacer amigos. Me frustro con facilidad. Tengo rutinas raras. Y me obsesiono con las cosas que me gustan… como la pintura, los autos… o Lex.
Lex bajó la mirada, un leve suspiro escapando de sus labios.
—Pero eso no significa que no pertenezca. Porque este lugar, con todos sus motores, sus gritos, su caos… me aceptó. Y eso te duele. Que alguien como yo tenga lo que vos nunca lograste: honestidad.
El silencio fue absoluto.
Danika apretó los puños… y tiró el frasco al piso, salpicando la pintura. Pero no alcanzó a nadie.
Ben se adelantó.
—Salí del taller.
—¿Qué?
—Te dije. Meterse con Cat es un error. Pero meterse con ella delante de nosotros… eso es estúpido.
Troy asintió.
—No sos bienvenida acá.
Danika miró a todos, descompuesta… y finalmente, giró y se fue, sin decir una palabra más.
Lex se acercó a Cat, despacio.
—¿Estás bien?
Ella asintió, temblando un poco.
—¿Te hizo daño?
—No. Estoy… algo sobreestimulada. Pero estoy bien.
Él le acarició la mejilla con el dorso de los dedos.
—Te juro que si te hubiera tocado un solo pelo, no respondía.
—Lo sé.
Editado: 11.02.2026