A ciento vente latidos

CAPÍTULO 91 LA VERDAD QUE PESA

El sonido metálico de herramientas, motores y risas llenaba el taller como de costumbre, pero en un rincón, donde el sol apenas tocaba el piso, Lex estaba sentado sobre un cajón de madera, fumando con el ceño fruncido, el mechón rebelde cayéndole sobre la frente.

Ben le lanzó una tuerca.
—Deja de hacer cara de villano de película. Vas a fundir esa cabeza antes que el motor del RX7.

Lex bufó.
—¿Qué quieres ahora?

—Saber cuándo vas a dejar de ser un cobarde —dijo Troy, apareciendo detrás, apoyando el codo sobre su hombro con descaro—. Ya te declaraste, ya la llevaste a conocer a su familia, ya peleaste media ciudad por ella… ¿y todavía no le decís la verdad?

Lex lo fulminó con la mirada.
—No es tan simple.

Ben se cruzó de brazos.
—Sí que lo es. "Ey, bajita, te busqué durante meses antes de que vinieras al taller. Sabía quién eras. Sabía que eras distinta." Listo. Lo escupís. Como un tipo normal.

—No soy un tipo normal —gruñó Lex.

—No, eres un tipo cagado de miedo —le devolvió Troy—. Porque sabes que cuando se entere, no va a reaccionar como las demás. No va a gritar. No va a llorar. No va a hacer drama.
—Va a mirarte. En silencio. Y ahí vas a entender lo que es romperle el corazón a alguien que no sabe mentir ni fingir —agregó Ben.

Lex bajó la mirada. El cigarro se consumía entre sus dedos, pero no lo soltó.
—Yo… no la busqué por capricho. La vi en una exposición. Un autor local había subido una de sus pinturas. Esa con los colores fractales, ¿sabes cuál? Con los trazos obsesivos…
—La de la escalera infinita —susurró Troy.

Lex asintió, con los dientes apretados.
—Esa mierda me tocó algo. Algo que no entendí. Me obsesioné. Quería saber quién era la chica detrás de eso. Y cuando me enteré de que se había inscrito en la U, investigué más. No por diversión. Porque necesitaba saber si alguien así existía de verdad. No creí que iba a… a pasar esto.

Ben resopló, con esa mezcla de compasión y fastidio que solo él podía manejar.
—Y pasó. Te enamoraste de ella. Como un pelotudo. Y ahora estás atado a una mentira que crece más cada día.

—Y cada vez que ella te mira como si fueras su lugar seguro, te pesa más —añadió Troy.

Lex apretó los puños.
—¿Cómo le explico que la conocía antes? ¿Que acepté que viniera al taller no por casualidad sino porque yo... manipulé un poco las cosas?
—Le decís la verdad. Como hiciste cuando le pediste ser tu novia. A tu manera, con esa cara de amenaza que tenés —dijo Ben—. Porque si algo hemos aprendido de esa chica, es que prefiere la verdad cruda que la mentira más dulce.

—Y además —Troy sonrió de lado—, es Cat. Te va a mirar con esos ojos grandes, va a fruncir la nariz, va a decirte que sos un bruto impulsivo… y después te va a dar un beso en la frente.

Lex tragó saliva.

—¿Y si no lo hace? ¿Y si me odia por eso?
—Entonces al menos sabrá que fuiste sincero. Y no viviste una relación construida en silencio —respondió Ben.

El silencio se apoderó del taller por un instante. Afuera, los motores rugían y la vida seguía. Pero dentro, Lex había dejado caer algo más pesado que un auto completo: el miedo a perderla por decirle cómo la encontró.

Troy dio una palmada en su espalda.
—Hoy. No mañana. No pasado. Hoy, Lex.

Ben apuntó con una llave inglesa como si fuera un micrófono.
—Y por favor, cuando lo hagas, no lo digas como si fueras a secuestrarla. Intenta sonar como un humano. O algo parecido.

Lex soltó una media sonrisa torcida.
—No prometo nada.

Y por primera vez en días, se puso de pie sin que el peso en su pecho lo aplastara.




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