Ryan
Quizás estoy siendo un poco sádico y los chicos lo saben, pero es normal cuando todo lo que siento es rabia hacia Nadia, ya que luego de que se apareció interrumpiendo mi cena con Camille, mi doctora no ha querido que esté cerca de ella, no soy idiota y sé cuándo Camille me evita.
Es por eso que cuando al fin dejo ir a los chicos, me quedo más tiempo porque sé que Camille aún se encuentra en la pista y quiero que sea ella quien tome la decisión de acercarse. Realmente me gusta esta mujer, pero sé que tiene miedos con los que debe luchar y esta vez es su batalla, ella decide si tirar todo lo que tenemos hasta ahora o ignorar a Nadia.
Camino hacia los vestidores con la idea de que quizás podría quedarme en el estacionamiento para verla aunque sea desde mi camioneta cuando ella salga, así de mal me tiene esta mujer, me paso una mano por el pelo y hago una mueca cuando abro la puerta y lo primero con lo que me encuentro es con Nadia sentada en mi banco, cruzada de piernas y sonriéndome mientras me repasa lentamente.
Respiro hondo porque lo que menos quería este día era encontrármela, pero parece que el mundo está empeñado en ponerme a prueba y es por eso que ingreso y la miro fijamente.
—¿Qué buscas aquí? Creí que fui claro contigo al decirte que te quiero lejos, no sabía que no podías comprender una sola maldita petición —ella se sorprende por un segundo, sé que nunca la he atacado como ahora, pero estoy cansado y no me gustan los juegos infantiles.
Nadia fue una mujer importante en mi vida, pero arruinó todo con sus decisiones y yo no estoy para quedar atrapado en el pasado, hace tiempo pasé la página y ahora quiero concentrarme totalmente en la hermosa mujer que me trae comiendo de su mano y no en pequeñeces como esta.
—Sé que te sorprende mi visita, pero tenemos que hablar, Ry —ella muerde su labio inferior y me mira de forma dudosa. La veo levantarse y respirar hondo, parpadea y sus ojos se cristalizan y sus labios tiemblan—. Sé que lo que te diré no te gustará, pero debes escucharme, Ryan, tengo miedo de cómo puedas reaccionar, pero esta verdad ya no puedo ocultarla más, esto es más grande que nosotros y es algo que en mi egoísmo te quité —ella comienza a derramar lágrimas y yo la miro sin comprender nada de lo que dice.
—No estoy entendiéndote, te agradecería que seas rápida, tengo cosas que hacer —Nadia solloza y yo la miro aún más confundido que antes. Evalúo si es buena actriz y está fingiendo, o realmente está sintiendo dolor y temor por hablar.
Pero es triste que la mujer que amé un día ya no la conozca como para reconocer cuándo sus acciones son mentiras o verdades, todo lo que veo en ella es la persona que destruyó mi confianza, justamente, mintiéndome a la cara.
Nadia da un paso hacia mí y se limpia las húmedas mejillas antes de respirar hondo, todo su rostro está sonrojado mientras sus labios tiemblan, cuando ya no quedan nada más que unos pocos centímetros entre nuestros cuerpos, ella se aclara la garganta.
—Tenemos un hijo, Ryan —por un momento creo que escuché mal, pero ella solloza—. Esa noche no nos cuidamos correctamente, quedé embarazada, yo… lo siento, pensé que tú me odiabas y quise hacerte daño y te lo oculté. Te oculté tu hijo todo este tiempo —estoy tan paralizado que no digo nada mientras ella llora sin parar.
En mi cabeza solo escucho la palabra: hijo.
No, no, no, mierda, eso no puede ser posible porque un hijo con Nadia en este momento no me trae nada de puta alegría, al contrario, todo es un maldito enredo mientras que ella parece jodidamente sincera, pero un hijo con ella no es algo que quiero.
Cierro los ojos mientras trato de calmarme para poder pensar correctamente, porque no quiero ponerme histérico o alterarme, pero esta mujer parece decidida a querer dañar mi vida con sus malditas palabras.
—¿Un hijo? —cuestiono y ella asiente.
—Luego de esa noche no quise que me vieras, fue justamente porque tu hijo crecía dentro de mí, Ryan, te lo juro, nuestro hijo…
—¡Cállate! —le grito sin poder controlarme, pasándome las manos por el pelo.
Me detengo un momento a tratar de recordar esa noche, es algo que no quería hacer, pero recuerdo mirarla, esa noche estaba excesivamente bonita, ella me sonreía a la distancia, a pesar de que todos sabían de nuestro divorcio, las chispas seguían. Tenía meses sin verla antes de ese momento, así que cuando ella se acercó los recuerdos de los momentos con ella salieron a flote, hablamos mucho, nos reímos, bebimos y luego las cosas fueron escalando hasta que terminamos en una habitación de hotel donde ella me aseguró que se cuidaba y, de igual manera, me puse un condón.
—No te creo —mis palabras parecen sorprenderla, la verdad es que si en este momento un niño no fuese un problema para mí, no estaría dándole tanta mente y estaría feliz, pero con ella no quiero nada—. Usé un maldito condón, si es verdad que hay un niño, quiero una prueba de ADN, supongo que no te importaría, ¿no es así, Nadia? —ella chilla totalmente ofendida.
—¿Cómo puedes dudar de…?
—¿De tu palabra? —la corto—. De ti dudo todo, eres una mentirosa y manipuladora, Nadia, y si hay un niño me haré responsable de él siempre y cuando la prueba dé positivo. Yo no soy el Ryan que podías usar a tu antojo, mentirle a la cara y te creería todo. Quiero una prueba y…
No me lo espero, Nadia se lanza hacia mí y pega su boca a la mía, ella gime como si fuese la cosa más caliente del mundo y durante unos segundos estoy sorprendido, pero la aparto mirándola furioso, solo que es rápida y vuelve a gemir cuando me besa, entonces quedo como una estatua, sé lo que busca hacer, es por eso que la aparto mirándola fijamente.
—Es tu hijo —jadea.
—Entonces la prueba lo dirá. No vuelvas a tocarme, por si no lo has comprendido, me das asco, y ese beso me da mucho más asco —no dejo que ella diga algo, la dejo lo suficientemente sorprendida como para salir furioso por la puerta, camino hacia la salida, pero cuando estoy por cruzar me encuentro con el rostro enrojecido de Camille, quien me está esperando con los brazos cruzados.
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Editado: 24.10.2026