A Contratiempo

Capítulo 2

Camille

Ryan me da mi espacio.

Los próximos días él no me habla, solo hay silencio porque el equipo se va de viaje y me da todo el espacio que sabe que en momentos como este necesito, pero que por alguna razón esta vez me molesta. No me gusta su lejanía, no me gusta saberlo lejos de mí sin poder hacer nada más que quedarme pensándolo y añorándolo.

Extraño a Ryan.

Nadia no ha vuelto a venir a la pista y es lo mejor, con el genio que tengo últimamente creo que haría algo totalmente fuera de lo común, como sacarla yo misma del edificio por el cabello y alejarla de todo lo referente a Ryan, lo cual me hace sonar algo cavernícola, pero creo que mientras no lo verbalice, estoy bien.

Al menos eso creo.

Respiro hondo y miro a la persona frente a mí. La verdad es que el día de hoy me he dedicado a hacer las entrevistas, tuve que adelantarlas en secreto porque no me confiaba de que Pool no quisiera jugarme sucio y, entrevistando a la persona que él quería tener en el equipo, solo pienso en que una persona no puede ser tan vacía de mente. La chica apenas sabe lo que está respondiendo y no tiene una maldita idea de enfermería, es por eso que, con una sonrisa, me despido de ella y la veo marcharse. Luego entra por la puerta una chica con abundante cabello negro rizado, rellenita, labios carnosos y ojos grandes y negros que parecen querer tragarte vivo. Es una chica tan bonita que me quedo mirándola más tiempo del necesario.

—Mucho gusto, mi nombre es Laura Bennett —me saluda, y yo sonrío.

—Mucho gusto, Laura. Soy la doctora Camille Leblanc, puedes tomar asiento.

Ella asiente y, aunque noto que está nerviosa, no me lo da a demostrar cuando comienzo a hacerle preguntas. La verdad es que Laura sabe muchísimo de enfermería, pero también es muy buena en hockey, entiende completamente el juego y me pregunto por un momento si es una fanática.

—Busco un equipo centrado en su trabajo, las relaciones con los jugadores están prohibidas, ¿eres consciente de eso? —Ella asiente.

—No estoy interesada en ser el juguete de ningún jugador, doctora. Además, míreme —se encoge de hombros, restándole importancia—. No soy especialmente lo que un jugador de esos buscaría, estoy lejos de ser la chica perfecta. —Parpadeo, sorprendida, y ella no parece afectada en lo más mínimo por sus palabras.

—Entiendo. Entonces, te quiero en mi equipo, Bennett. Estás dentro. —Ella me mira como si esperara que bromeara, pero luego sonríe y se levanta.

—Será un placer, señorita Leblanc. Le prometo que no se arrepentirá de esto. —Yo solo le sonrío y luego suspiro cuando ella sale.

Entrevisto a una chica talentosa, pero algo coqueta, a un coreano de lo más simpático y creo que ellos tres son los únicos que califican para mí, hasta que miro la hoja de vida de una chica y suspiro. Cuando la puerta vuelve a abrirse, me encuentro con una chica que no debe de pasar de los veinticinco años, o hasta menos. Ella se sienta cuando se lo indico.

—Buenos días, Isabella Foster. —Miro a la chica bonita, de pelo castaño y ojos marrones, y la seguridad en sus palabras me hace querer sonreír.

Inicio la entrevista y, la verdad es que, mientras conversamos, Isabella demuestra ser talentosa, eso lo puedo notar, y tiene experiencia, además de que parece segura. Cuando descubro que tiene un hijo que no intenta ocultar, me gusta la sinceridad en ella. La verdad es que solo quería tres personas, no buscaba un equipo más grande que ese, pero algo me dice que esta chica, además de necesitar el empleo, parece que merece la oportunidad de desarrollar toda su experiencia, es por eso que me decido a darle la oportunidad.

—Entonces, supongo que bienvenida al equipo, Isabella Foster —comento, y ella me mira como si no confiara en mis palabras. Parpadea despacio y creo que ni ella misma nota cómo aprieta los dedos de sus manos ni lo emocionada que parece en este momento.

Ella me agradece y yo me presento como la doctora del equipo. Sonrío un poco porque la chica me da ternura y, cuando ella sale, decido que tengo el equipo que necesito. Es por eso que suspiro y cierro los ojos, totalmente drenada. El día de hoy ha sido muy caótico para mí, he entrevistado al menos a setenta personas que querían el puesto y que pasaron la primera fase, pero solo cuatro personas me convencieron de que tienen lo necesario para estar aquí.

Espero que al menos esto logre disipar mi mente.

*******

Al siguiente día tengo a mi equipo y comienzo a explicarle las reglas del lugar y, como al parecer la ley del hielo sigue, me tuve que enterar por otros de que los chicos y Ryan ya volvieron antes de lo que habían previsto. Les voy enseñando lo mismo que les mostré el día de ayer. Cuando entramos a los vestidores, ruedo los ojos con los novatos, que parecen estar viendo a una mujer por primera vez en la vida.

—Parece que nunca han visto mujeres en su vida, compórtense —hablo con fuerza, haciendo que se callen de inmediato—. Este será mi nuevo equipo, quienes estarán brindándoles un trato profesional. Espero que los respeten y valoren. No permitiré ningún desplante o humillación, ¿queda claro? —inquiero porque no dejaré que se sobrepasen con mi personal. Explico lo básico y luego seguimos el recorrido.

—Son muchos jugadores —habla Chen mirándome.

—Lo son, por eso el equipo debe ser rápido y con experiencia. Ahora más, que han reclutado nuevos miembros, durante la clasificación e inicio de su preparación son comunes las lesiones por el esfuerzo al que estarán expuestos. Es necesario que lo sepan de antemano.

Voy a la cabeza de la caminata. Cuando giramos en otro pasillo, un ruido se me escapa de los labios al encontrarme a Ryan. Ryan Ruff, con unos malditos lentes de lectura que hacen que el corazón me dé un salto en el pecho luego de días sin verlo. No es un juego para mi corazón.

Cuando Ryan gira hacia mí, quedo atrapada en sus malditos ojos marrones y, por un segundo, mi mente se queda en blanco. El cabello alborotado, esos lentes y ese aire de intelectual sexy hacen que tenga ganas de echarme aire a la cara, y eso solo me enfurece más porque parezco muy afectada con su presencia, pero él para nada lo parece.




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