Camille
Pedirle cenar a Ryan fue un error.
Estaba cabreada y solamente quería contradecirlo y tomar la iniciativa en algo, pero quizás debí invitarlo a otra cosa que no fuera la cena, porque actualmente la cena que hice sabe salada, está quemada y no es comestible. Una verdad absoluta es que soy malísima en la cocina. Como a Gavin le gustaban las comidas de restaurantes, me acostumbré a comprarlas y siempre le mentí diciéndole que era yo quien las hacía, por miedo a que me viera como una inútil, pero quizás sí lo soy, porque mi pobre cocina es un desastre, el tiempo corre y aún no estoy arreglada.
En este momento, Ryan me cae mal por hacer parecer que cocinar es la cosa más sencilla del mundo, cuando para mí parece un campo de guerra. Decido que no tiraré por la borda mi orgullo y pido algo para que cenemos. Mientras espero, limpio mi cocina, dejándola reluciente. Supongo que Ryan tampoco se dará cuenta de que soy malísima en la cocina, así que respiro hondo, subo, tomo una ducha rápida y decido colocarme un pantalón con una blusa sencilla. Busco comodidad y, como he notado que él parece encantado con mi cabello, lo dejo suelto. Mientras más se acerca la hora a la que le dije que viniera, más nerviosa me comienzo a sentir.
Cuando la comida llega, preparo la mesa y enciendo algunas velas para dar más intimidad. Todo se ve realmente apetitoso y, tan puntual como lo es cuando se trata de mí, Ryan toca el timbre. El corazón se me acelera mientras me acerco a la puerta y, al abrirla, tengo el mismo impacto de siempre al verlo. Se ve realmente bien en la camisa negra que lleva puesta. Se ha peinado el cabello hacia atrás y solo algunos mechones se le escapan, pero, de igual forma, eso lo hace ver tan varonil que me tengo que morder el labio inferior. No me muevo ni digo nada, y creo que él tampoco lo hace por un momento, hasta que en un parpadeo recupero el sentido común.
—Llegas puntual —comento y tengo que controlarme cuando él se inclina y deposita un beso en mi mejilla.
—Te ves preciosa —siento cómo mis mejillas se calientan con su cumplido—, aunque lo justo es decir que siempre estás deslumbrante, Camille.
Me aclaro la garganta y me pongo a un lado para que él entre. Lo hace, dejando todo su perfume masculino a su paso, y me digo que esta cena es para tener una conversación y que mis hormonas deberían calmarse un poco.
—Espero que tengas hambre, hay mucha comida —es lo que le digo, y Ryan enarca una ceja y sonríe como si él supiera un secreto que yo no.
—Claro, guíame, doctora.
Ruedo los ojos y camino con Ryan siguiéndome los pasos. De igual forma, tengo el corazón muy acelerado y respiro hondo cuando llegamos. Ahora que miro la mesa, quizás está muy organizada, como si fuera una cita romántica. O sea, pensé que era una cita, pero quizás exageré con las velas y no tenía…
—Lo siento, quitaré las velas —digo algo avergonzada cuando recuerdo que Gavin odiaba estas cursilerías. Estoy por dar un paso cuando la mano de Ryan me detiene.
—Déjalas. La mesa está preciosa, se nota que te esforzaste en que quedara bien. Me gusta mucho, Camille. —Lo miro a los ojos y no hay mentira en su tono de voz. Siento algo cálido en mi pecho y tengo que respirar hondo.
Tengo que recordarme que tenemos que hablar y es por eso que le doy una sonrisa. Es Ryan quien, a pesar de ser mi invitado, me abre la silla para que me siente a su lado, no en el otro extremo de la mesa, como tenía planeado. Cuando él toma asiento, me mira fijamente, de esa forma en la que hace que mi vientre se tense y espere que me diga lo que pasa por su cabeza.
—Deberíamos comer —le hago saber, tomando el vino y abriéndolo. Sirvo una copa para él y una para mí, y le doy un trago a la mía, buscando que el alcohol disminuya la ansiedad que parezco sentir esta noche.
—Está bien, comeremos —asiente y dejo que Ryan se sirva. Él parece contento y comienza a comer, disfrutando con calma de lo que tiene en la mesa. Por su expresión, parece que le gusta y suspiro con alivio porque no parece notar que no soy una superchef.
—Esto está delicioso, te luciste, Camille. —Sonrío de forma tensa y comienzo a comer. La verdad es que este restaurante tiene muy buena comida, porque está deliciosa.
—Sí, sabe bien —comento luego de un momento.
—Supongo que es bueno descubrir que no eres buena en la cocina. Es un dolor de cabeza que seas tan perfecta, haces que caiga mucho más rápido por ti. Un defecto me hace sentir que puedo estar a tu alcance, doctora. —Me atraganto con la comida y miro a Ryan horrorizada porque él tiene una sonrisa divertida en los labios. —Supongo que ambos tenemos un gusto particular por este restaurante. Suelo comer allí. —Siento que el rostro me va a estallar y Ryan se ríe.
—No sé cocinar —frunzo el ceño—, pero te invité a cenar. Espero que no te moleste que…
—No me molesta, pero me podías decir que no sabes cocinar. No tenía problema en hacernos la cena, me gusta estar en la cocina —frunzo el ceño.
—No te iba a poner a cocinar cuando se supone que eres mi invitado. —Ryan se encoge de hombros.
—A mí me gusta alimentarte con lo que te cocino. Digamos que es un pequeño fetiche o placer, no lo sé. Disfruto mucho cuando estás comiendo algo preparado por mí.
Me quedo sin palabras y él sonríe, guiñándome un ojo. Tengo que respirar hondo. La verdad es que Ryan parece tener siempre la capacidad de sorprenderme con cada cosa que dice.
Le doy otro trago a mi bebida, pero que me haya descubierto el secreto de la comida me relaja lo suficiente para saber que ya podemos iniciar la conversación por la cual lo invité a esta cena. Es por eso que me bebo de golpe todo el vino que me queda en la copa y respiro hondo, armándome de valor. Estuve practicando todo el día lo que quería decirle, pero ahora mismo no sé cómo empezar ni qué palabras debería utilizar.
Cuando reúno la calma que necesito, suelto un suspiro y miro fijamente a Ryan.
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Editado: 24.10.2026