A Contratiempo

Capítulo 5

Camille

No sé qué es lo malo que he hecho en mi vida para que Pool esté en mi oficina al día siguiente de la reunión que tuvimos. Me parece ya raro no encontrar a Ryan, como ya me ha acostumbrado, pero la cara de Pool, cuando ni siquiera me he desayunado, es lo suficientemente mala para saber que mi día no será color de rosas. Frunzo el ceño cuando él me sonríe de una manera que es escalofriante. De verdad que este hombre no me inspira nada de confianza; al contrario, me da las vibras de que siempre trama algo en contra de mí y, dado su historial, no me parece descabellado pensarlo.

Así que ingreso a mi oficina y dejo mi bolso sobre el escritorio, siendo consciente de que sus ojos me están siguiendo a cada paso que doy. Es incómodo porque, aunque me detesta, algo en Pool me hace sentir increíblemente incómoda. Es algo más en su mirada que aún no identifico del todo, y es por eso que, cuando termino, me siento en mi silla y lo miro fijamente.

—¿Qué necesitas? Es temprano para que vengas a sorprenderme con tu presencia —comento con calma. Él se ríe un poco y luego se inclina más hacia mí. Aprieto los labios, incómoda, porque el perfume de Pool es molesto a mi olfato.

—Bueno, quería que habláramos de esa fiesta a la que irás con Ryan Ruff —comenta—. Tengo que recordarte que las parejas en esta empresa están prohibidas. Si quieres seguir con tu puesto de doctora, será mejor que lo pienses.

Frunzo el ceño.

—Creo que soy lo suficientemente mayorcita para saber las reglas del lugar en donde trabajo y no recuerdo que entre tus obligaciones estuviera el darme advertencias tan mínimas, Pool. Si eso es todo, te pido que te retires de mi oficina, tengo cosas que…

—¿Crees que no sé que eres una zorra que le abre las piernas a todos? —Sus palabras me toman tan desprevenida que me quedo en silencio. Noto entonces qué es lo que tanto me incomoda de Pool al mirarme: es deseo.

La manera morbosa en la que me está mirando ahora mismo hace que mi vientre se apriete y tenga ganas de sacarlo a golpes de mi oficina, pero me controlo y me trago el coraje.

—Tomaré esto por acoso sexual —comento con calma—. Si vuelves a insultarme, no me quedará más remedio que ir y armar un escándalo, Pool. No vuelvas a decir cosas de mí que no son ciertas. Respétame a mí y a mi lugar de trabajo. Ahora lárgate antes de que te saque yo misma. —Él se ríe.

—Gavin tenía razón. —El corazón me da un vuelco al escucharlo. —Tu esposo es un hombre muy atento, además de tener algunos materiales interesantes sobre ti. —Frunzo el ceño sin comprender y él se ríe. —Veremos cuánto tiempo seguirás con esa actitud de altiva que tienes, Camille. Ya te veré rogándome de rodillas como la pe…

—Termina esa frase y entonces me olvidaré de dónde estamos —mascullo, molesta—. Ahora sal de mi maldita oficina. ¡Ahora! No bromeo, Pool. —Él se ríe simplemente, como si supiera algo de lo que yo no me entero, y eso es aún más molesto. Me trago el enojo y respiro hondo, pasándome las manos por el pelo para controlar el temblor de mi cuerpo.

Siento las náuseas que me produce todo lo que tiene que ver con Gavin y que aún esté atormentando mi vida de esta manera. Es tan asqueroso que, siempre que siento que estoy llevando un rumbo, él llegue a joderlo, que llegue a atormentarme. Es un patrón que, de forma triste, comienzo a identificar. Gavin siempre estará ahí, como una maldita sombra, esperando el momento correcto para atacarme. Es molesto, estoy tan cansada de eso que comienza a ser tedioso.

Respiro hondo y, cuando estoy por levantarme, un toque en mi puerta me detiene. Cuando la abro, le regalo una sonrisa a Laura, quien ingresa. Siempre es divertido ver lo rápido que el frío hace que sus mejillas y nariz se pongan tan rojas que parece una muñequita.

—Doctora Leblanc, el entrenador la está solicitando —me informa y, de inmediato, siento esa sensación de calma que me brinda solo escuchar que hablan de Ryan.

—Voy enseguida.

Tomo lo que necesito y me pongo la bata blanca, caminando con ella. Laura es más tímida de lo que parece, pero, cuando toma confianza, parece hablar un poquito más, y me gusta cómo, en el tiempo que lleva aquí, parece que se lleva bien con las otras chicas.

Cuando llegamos al vestuario masculino, estoy por buscar a Ryan, pero un abrazo me toma por sorpresa junto a un grito femenino que conozco bien. Es por eso que sonrío divertida, abrazando a Raily.

—¡Qué doctora tan guapa! —me adula y me guiña un ojo, separándose de mí.

—No sabía que te encontrabas aquí.

Laura nos mira a las dos con curiosidad y con los ojos iluminados. No sé qué pasa por esa cabecita, pero lo ignoro y simplemente aparto a Raily, quien tiene las mejillas sonrojadas. Cuando ingreso al vestuario, me encuentro con Dexter, quien está sin camiseta, pero hago una mueca.

—¿Hicieron enfadar a Ruff? —comento cuando me doy cuenta de que, al igual que Dexter, Logan, Noah y los otros, están golpeados.

—Bueno, culpen a Logan, que parece que tiene un palo metido por el culo toda la semana —comenta Dexter, y Logan simplemente le gruñe como si fuese un perro rabioso.

Suspiro y me acerco a ellos. Solo entonces distingo la mirada de Ryan a la distancia. Sus ojos me recorren de abajo hacia arriba con lentitud y comprendo por qué se quedó alejado: es para que nadie más note la sonrisa que me dedica y que me aprieta el vientre de una manera diferente a todos. Es increíble cómo me encuentro en medio de muchos hombres semidesnudos, pero mi mirada parece buscarlo solo a él a la distancia.

—No siempre se trata de mí, doctora —comenta Ryan, acercándose despacio. El corazón me da saltos emocionados y me digo que debo controlarme.

—Raro, porque parece que tienes un fetiche raro en volverlo puré. —Dexter se ríe y Ruff le lanza una mirada molesta. —¿Alguien me dirá qué pasó para que todos terminen así? Laura, busca, por favor, a los demás y diles que traigan lo necesario para darles besitos a las heridas de los chicos. —Ruff, contra todo pronóstico, se ríe y Logan lo mira mal.




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