A Contratiempo

Capítulo 7 Parte 2

Camille

Cuando alguien nos pide otra fotografía, él vuelve a colocarme a su lado y me rodea la cintura, y cuando una mujer se acerca para felicitarlo por el trabajo del equipo, no deja de acariciarme con el pulgar mientras conversa con ella. Es tan descarado que tengo que contenerme para no darle un pellizco y recordarle que estamos aquí por una razón que va mucho más allá de su deseo de tenerme pegada a él toda la noche.

—¿Por qué nos miran tanto? —pregunto finalmente, aprovechando que nos hemos apartado unos segundos para tomar una copa de agua antes de comenzar con las presentaciones.

Ryan levanta una ceja y mira a su alrededor como si no hubiese notado absolutamente nada, aunque sé perfectamente que es consciente de cada mirada que se dirige hacia nosotros.

—¿Nos miran?

—Ryan.

—Está bien, está bien —se ríe, levantando una mano en señal de rendición—. La verdad es que nunca vengo acompañado a estas fiestas. Normalmente llego, saludo a quien tengo que saludar, hablo con los patrocinadores y me voy en cuanto puedo, así que supongo que ver al entrenador Ruff con una mujer del brazo es suficiente para despertar la curiosidad de algunas personas.

—¿Nunca vienes acompañado? —pregunto, sorprendida, porque aunque sé que no es precisamente un hombre que disfrute de los eventos sociales, no había pensado demasiado en la manera en que se manejaba antes de que nos conociéramos.

—No de esta manera —responde, y su sonrisa cambia cuando baja la mirada hacia mí—. Además, creo que no soy yo quien está robando miradas esta noche, preciosa. Eres tú. Luces tan hermosa que estoy considerando seriamente no volver a traerte a ningún lugar donde tenga que compartir tu atención con otras personas.

Suelto una carcajada y niego con la cabeza, porque la seguridad con la que dice esas cosas debería molestarme, pero lo único que consigue es que me sienta todavía más feliz de estar aquí con él. Hay algo en la manera en que Ryan me presume que no tiene nada que ver con la necesidad de demostrarle algo a los demás. No intenta hacerme sentir que le pertenezco ni pretende decidir por mí; simplemente parece orgulloso de que haya aceptado acompañarlo y no tiene ninguna intención de disimular lo mucho que le gusta tenerme a su lado.

—Eres consciente de que has venido a conseguir patrocinadores y no a presumir de una novia, ¿verdad? —le recuerdo, y él me mira con una sonrisa que me hace sospechar que acabo de cometer un error al darle esa palabra.

—¿Novia? Me gusta cómo suena eso en tu boca, doctora. Creo que voy a necesitar que lo repitas.

—Ni lo sueñes.

—Demasiado tarde, ya lo estoy soñando.

Lo golpeo suavemente en el brazo y él se ríe, inclinándose para besarme la frente antes de que pueda apartarme. Tengo que respirar hondo y recordar que hay personas alrededor, porque si continúa comportándose de esta manera, voy a terminar olvidando todas las razones por las que decidimos mantener nuestra relación en privado. Sin embargo, cuando veo que uno de los patrocinadores más importantes se acerca acompañado de su esposa, aprovecho la oportunidad para hacer lo que mejor sé hacer y me giro hacia Ryan con una expresión que espero que entienda.

—Ese es el señor Gunn, ¿verdad? —pregunto, señalando discretamente con la mirada.

Ryan sigue acariciándome la cintura mientras asiente, pero parece más interesado en acomodar un mechón de mi cabello detrás de la oreja que en prestar atención a lo que le estoy diciendo.

—Ajá.

—Es uno de los patrocinadores que más dinero aporta al equipo.

—Lo sé, Camille.

—Entonces deja de mirarme y ve a saludarlo.

—Podría saludarlo desde aquí. —Lo miro fijamente y él finalmente suelta una carcajada, levantando las manos antes de acercarse a besarme la mejilla. —Está bien, doctora. Haré mi trabajo. Pero quiero que conste que eres la única persona en esta habitación capaz de darme órdenes sin que me entren ganas de discutir.

—Eso es porque sabes que tengo razón.

—No te acostumbres.

Lo tomo del brazo y caminamos hacia el señor Gunn, quien nos recibe con una sonrisa y comienza a hablar sobre la próxima temporada, las expectativas del equipo y la importancia de mantener el nivel que hemos alcanzado. Ryan responde a sus preguntas, aunque tengo que intervenir un par de veces para dirigir la conversación hacia los nuevos proyectos y las oportunidades de colaboración, porque mi acompañante parece olvidar constantemente que debe comportarse como un hombre de negocios y no como alguien que está contando los segundos para quedarse a solas conmigo. Por suerte, conozco lo suficiente de este ambiente como para ayudarlo sin que parezca que estoy haciendo su trabajo, y poco a poco consigo que se concentre en lo que realmente importa.

Lo más curioso es que, cuando dejamos al señor Gunn para acercarnos a otro grupo de invitados, Ryan me mira como si acabara de descubrir algo nuevo sobre mí, y esa expresión me hace sentir orgullosa, porque no necesito que me proteja de todo ni que resuelva cada situación en mi lugar. Puedo estar a su lado y ser útil, puedo ayudarlo a conseguir lo que necesita y puedo disfrutar de sus caricias sin dejar de ser la mujer que he trabajado tanto para recuperar después de mi matrimonio.

—Eres buena en esto —murmura mientras caminamos hacia otra mesa.

—Soy buena en mi trabajo, entrenador. No sé si lo has olvidado, pero también tengo una carrera y un cerebro que funciona incluso cuando un hombre demasiado guapo intenta distraerme.

—¿Demasiado guapo? Vaya, doctora, deberías decirme estas cosas más a menudo.

—No te emociones.

—Imposible. Mi novia acaba de llamarme guapo y ahora mismo soy el hombre más feliz de esta fiesta.

Mi sonrisa se ensancha y tengo que bajar la mirada para ocultarla, porque no importa cuántas veces intente hacerme creer que sus comentarios no me afectan, la verdad es que cada palabra suya encuentra la manera de instalarse en algún lugar de mi pecho. Seguimos recorriendo el salón, saludando a las personas que se acercan y conversando con quienes pueden contribuir al futuro del equipo, y por primera vez en mucho tiempo disfruto de una noche como esta sin sentir que tengo que medir cada movimiento para no incomodar a alguien. Ryan me mantiene cerca, me presenta con orgullo y no deja de encontrar pequeños momentos para demostrarme que, aunque haya muchas personas alrededor, su atención siempre termina regresando a mí.




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