A destiempo

Capítulo 40: Silencios y espera.

Miguel despertó aquella mañana con el peso del mundo sobre sus hombros. Tenía que despedirse de Vida, verla partir rumbo a Argentina, cerrar un ciclo que durante seis meses los había unido de manera irrevocable… pero su teléfono vibró antes de que pudiera levantarse. La llamada de Valeria había alterado todo. Su ex, su pasado que él creía resuelto, sonaba desesperada, temblorosa, con palabras que podían romper la vida de cualquiera: “Si no estás conmigo, no quiero vivir…”.

Miguel no dudó. Cada segundo contaba, cada respiración podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. La culpa y la urgencia lo empujaron a salir de la casa antes de lo que había planeado, dejando atrás a Vida, a sus abrazos, a la despedida que ambos habían soñado. Sentía un nudo en el pecho, la garganta seca, pero no había opción: debía estar allí, debía salvarla.

Llegó al apartamento de Valeria corriendo, sintiendo el corazón golpeando su pecho como si quisiera salir. La encontró en el baño, inconsciente, y su mundo se detuvo por un instante. La sostuvo en sus brazos, respirando con fuerza, gritando por ayuda mientras llamaba a sus padres. Todo era un caos: el reloj corría, los paramédicos se acercaban, y su mente no podía dejar de pensar en Vida. La había dejado sola, y eso lo mataba por dentro. Cada paso que daba, cada palabra que decía a Valeria, llevaba el eco de la ausencia de Vida, la sonrisa que la había hecho brillar durante los últimos meses, el calor de sus abrazos, el peso de sus manos entrelazadas.

—Tranquila, Valeria… —murmuró Miguel, con la voz temblorosa y los ojos húmedos—. Estoy aquí, no te dejaré sola.

Cuando finalmente los paramédicos la estabilizaron y la trasladaron al hospital, Miguel apenas tuvo tiempo de respirar. Su corazón estaba roto por partida doble: la culpa de lo que ocurrió con Valeria y el dolor de no poder estar al lado de Vida en su despedida. Pidió a Clara que enviara un mensaje rápido, intentando mantener el hilo con Vida:

"Está bien. Miguel está bien. Te contará todo pronto."

Pero él sabía que no era suficiente. Sabía que cada palabra era un hilo demasiado fino para sostener el corazón de Vida, que la incertidumbre la estaba destrozando mientras ascendía en un avión rumbo a Buenos Aires.

Miguel pasó la mañana en un estado de ansiedad absoluta. Caminaba de un lado a otro, recordando cada momento compartido con Vida, cada caricia, cada beso, cada palabra susurrada en la hamaca del patio. La imagen de sus ojos llenos de lágrimas, su frente apoyada contra la de él, las manos entrelazadas, lo perseguía sin cesar. Cada recuerdo era un puñal y al mismo tiempo un ancla: quería creer que Vida entendería, que perdonaría su ausencia, pero no podía garantizarlo.

Miguel permanecía en el hospital, con la conciencia pesada y el corazón roto. Había salvado a Valeria, había evitado lo peor, pero a cambio había perdido el momento más importante de su vida: la despedida de Vida. Cada segundo lejos de ella era un cuchillo que le atravesaba el pecho. Sentía culpa, frustración, miedo, y sobre todo, un dolor que no podía calmar con nada.

Se sentó en el borde de la cama del hospital, exhausto y tembloroso. Las manos sobre el rostro, tratando de contener la angustia, recordó cada instante con Vida: el calor de sus abrazos, la risa compartida con los abuelos, los paseos por el Retiro, los días en Madrid llenos de deseo y ternura. Todo eso lo golpeaba como un tsunami: la sabía lejos, y él no había estado allí para ella.

“Pronto te contaré todo…” se repitió mentalmente, como un mantra que no le daba consuelo. Cada palabra del mensaje que Clara había enviado se sentía insuficiente. Sabía que su ausencia le dolería, que su silencio sería un puñal para el corazón de Vida, y no podía hacer nada para remediarlo en ese instante.

-----‐-----------------

El avión aterrizó finalmente, y Vida bajó la escalerilla con pasos lentos, como si cada paso pesara toneladas. Su familia la esperaba con abrazos, sonrisas y palabras de cariño, pero nada podía llenar el vacío que sentía. Buenos Aires estaba viva y ruidosa, pero ella sentía que había dejado un pedazo de su corazón en Madrid.

—Vida… —susurró su madre al abrazarla—. Qué bueno tenerte de vuelta.

Vida apenas sonrió, devolviendo el abrazo débilmente. Cada gesto de amor y bienvenida era un consuelo parcial, pero no mitigaba la ausencia de Miguel. Cada palabra, cada caricia de su familia, la recordaba a él: sus abrazos, sus besos, sus palabras susurradas en la hamaca del patio. La incertidumbre la consumía, y con ella, la ansiedad por lo que no podía entender.

—¿Dónde está Miguel? —murmuró entre lágrimas, apretando el bolso contra su pecho.

Sus padres intercambiaron miradas, y su hermana a sostuvo con fuerza.

Vida se dejó contener, pero el nudo en la garganta no se disolvió. Caminó entre su familia, abrazando a todos, intentando aferrarse a cualquier sensación de normalidad. Pero por dentro, su corazón estaba hecho pedazos. Cada recuerdo de Miguel, cada instante compartido en Madrid, se mezclaba con la desesperación de no saber nada de él, con la angustia de que la había dejado partir sin despedirse.

Se sentó finalmente en el sofá de su hogar, mirando por la ventana mientras las luces de la ciudad se encendían. Respiró hondo, tratando de contener los sollozos. Su mente volvía una y otra vez a Miguel: a su sonrisa, a sus manos cálidas, a la voz que le decía que la amaba. Todo eso estaba lejos, inaccesible, y la incertidumbre hacía que cada latido de su corazón doliera como un martillo.

—Algún día me explicará… —susurró entre lágrimas—. Algún día entenderé por qué…

Y mientras la noche caía sobre Buenos Aires, Vida se abrazó a sí misma, intentando contener el dolor, intentando guardar en su corazón todo lo vivido en Madrid: el amor, la ternura, la pasión y la promesa de un reencuentro que aún no sabía cuándo ocurriría. Cada recuerdo era una mezcla de alegría y sufrimiento, un eco de un amor intenso que la distancia había puesto a prueba antes incluso de poder despedirse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.