El reloj marcaba la medianoche cuando la videollamada entró. La aceptó casi sin respirar.
Miguel apareció en la pantalla, con el torso desnudo, todavía húmedo del baño. Su cabello caía un poco desordenado sobre la frente y la sonrisa pícara lo delataba.
—No sabés lo que te extraño, Vida —murmuró, acercándose a la cámara—. No aguanto más no tenerte acá.
—Yo también —respondió ella, mordiéndose el labio, acomodándose en la cama. Sentía el calor subirle por las mejillas solo de verlo.
Él la recorrió con la mirada a través de la pantalla.
—Quiero verte. Toda.
Vida dudó apenas un instante, pero la confianza que habían construido en esas noches la impulsó. Dejó el celular apoyado en un ángulo que mostraba su cuerpo. Se quitó lentamente la remera, revelando el corpiño negro de encaje. Miguel soltó un gemido bajo.
—Así, mi amor… —susurró—. Eres mía. Aunque haya miles de kilómetros de distancia, sigues siendo mía.
Ella sonrió, provocadora, y se desabrochó el corpiño. Sus pezones se endurecieron apenas quedaron expuestos.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó con voz baja, jugando con ellos entre sus dedos.
—Vida… me encanta—empezó Miguel, con la voz ronca, grave, cargada de deseo contenido—. No sabes cuánto te estoy deseando ahora mismo… cada maldita parte de ti. Cada noche me imagino tus manos recorriéndome, tu cuerpo pegado al mío… —su respiración se aceleró, y Vida lo sintió en sus venas, como una corriente eléctrica—. Joder, cómo echo de menos tu culo, tus pechos… todo de ti.
Vida cerró los ojos, imaginando. Su mano bajó hasta la entrepierna, acariciando sobre la tela de sus bragas.
—Decime qué harías si estuvieras acá… —pidió ella, jadeando.
—Te abriría las piernas y me metería entre ellas sin esperar. Te lamería hasta dejarte gritando mi nombre. Y después…
Vida gimió fuerte, hundiendo la mano bajo la tela. Los dedos se encontraron con su humedad. Sintió cómo el calor le subía por completo mientras lo miraba a través de la pantalla. Miguel respiraba pesado, su torso desnudo y la erección evidente bajo el pantalón de pijama la hicieron jadear.
—Miguel… —susurró con voz temblorosa—. Quiero que me muestres… quiero ver lo duro que estás… —su mano se deslizó sobre su entrepierna otra vez, temblando de anticipación—. Que me digas cuánto me querés follar si estuvieras acá…
Él la miró directo, sin apartar la vista, y dejó que la cámara descendiera lentamente. Su erección se hizo más evidente, dura y palpitante.
—Mírala, Vida… —dijo con voz grave, ronca—. Toda para ti… y juro que me estoy volviendo loco solo de pensar en estar dentro de ti. Quiero que sepas cuánto deseo tu cuerpo… —se llevó una mano a la base de su pene, acariciándolo lentamente mientras la miraba con intensidad—. Me gustaría que me chuparas ahora mismo… que me tengas en tu boca y no pares hasta hacerme gritar tu nombre.
Vida cerró los ojos, mordiendo su labio inferior, y gimió suavemente.
—Sí… Miguel… —jadeó—. Quiero chuparte… que me digas cuánto te gusta que te lo haga… que me digas lo que querés que haga con tu polla…
Él dejó salir un gemido bajo, casi animal.
—Quiero que me la chupes, Vida… quiero sentir tu boca… que me dejes completamente loco… quiero escucharte gemir y sentir cómo me aprietas… Dios, me vuelvo loco solo de pensarlo. —Su mano se movía más rápido, acariciando su miembro mientras su mirada permanecía fija en ella—. Cada vez que pienso en tu boca en mí… me corro solo de imaginarlo… Tócate para mí. Muestrame cómo te corres pensando en mi dentro tuyo.
Vida separó más las piernas, la cámara registrando cada movimiento. Los dedos se movían frenéticos entre sus labios mojados mientras su otra mano apretaba sus pechos.
—Miguel… quiero tocarme pensando en vos… quiero que me digas lo sucio que me harías si estuvieras acá… —susurró, con la voz temblando de deseo—. Quiero que me tomes y me hagas tuya… aunque sea así, por la pantalla…
Él se inclinó hacia la cámara, respirando profundo, y susurró con un tono bajo y sucio:
—Me volvería loco contigo, Vida… te agarraría del pelo, te haría tragarme… y luego, te follaría hasta que no pudieras ni respirar. Me encantaría sentir tus labios alrededor mío… tu lengua jugando con mi polla… y después… después metértela toda, duro, hasta que solo podamos gemir y gritar.
Vida gimió fuerte, hundiendo los dedos dentro de su sexo, imaginando cada movimiento, cada toque.
—Sí, Miguel… así… —jadeó—. Decime otra vez cuánto querés que te la chupe… decime lo que harías con mi boca… con mis manos… —su respiración se mezclaba con gemidos, cada palabra suya era una invitación a dejarse llevar.
—Te haría mía, Vida… —murmuró él, la voz rota de deseo—. Cada centímetro de mi polla estaría en tus labios, y te juro que no pararía hasta verte suplicar… hasta escucharte gritar mi nombre mientras me llevas al límite…
Ella se dejó caer sobre la cama, las piernas separadas, los dedos moviéndose con fuerza mientras lo miraba a través de la pantalla, completamente rendida ante sus palabras.
—Miguel… me estoy volviendo loca… —jadeó—. Quiero que me sigas diciendo todo lo que harías… —sus dedos se movían más rápido, su respiración cada vez más agitada—. Que me hagas sentir tu deseo…
Él aceleró el ritmo de su mano, la respiración agitada.
—Te deseo tanto, Vida… —dijo él, respirando con dificultad—. Cada noche pienso en meterte mi polla dentro, sentir tu calor… y en tu boca, en tus manos… no hay distancia que apague esto… no hay forma de que no me corra solo de pensarte…
Los dos jadeaban, las palabras sucias y confesionales llenando la habitación a kilómetros de distancia. La pantalla los unía en una pasión que ninguno podía controlar, alimentando un deseo que era tan real como cualquier contacto físico.
Vida estaba recostada en la cama, el orgasmo acercándose, y Miguel, a través de la pantalla, se corrió nuevamente, con un gemido profundo, sintiendo que la distancia no podía apagar el fuego que los consumía.
Quedaron un rato respirando fuerte, mirándose a través de la pantalla. Vida, aún agitada, pasó la lengua por sus labios.
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Editado: 22.08.2025