Volteé a ver de quién se trataba, era un muchacho de más de 20 años, pero no mayor de 28. Era alto, tal vez 1.85m o más, de tez pálida y cuerpo musculoso. Tenía el cabello largo peinado hacia atrás, amarrado con una diadema, una camisa de botones oversize sin terminar de abotonar negra, unos jeans holgados y botas del mismo color.
Mientras estaba pensando en dónde podía conocer al muchacho escucho a Leonardo hablando.
— ... y entreno con él. - terminó de decir Leonardo y al darse cuenta de que no estaba prestando atención añadió — Se llama Mason, el capitán del equipo de voleibol.
— Ahhh. Un gusto, Soy Megan.
— El gusto es mío, en el poco tiempo que tiene Leonardo en el equipo he escuchado mucho sobre ti — dijo sonriendo. — ¿Interrumpo algo?
Miro a Leonardo el cual está mirando molesto a Mason.
— No, solo estábamos hablando. — dije amablemente.
— ¿Me puedo sentar? Mis padres están pegados al celular así que no se darán cuenta que me fui.
Miro a Leonardo a ver qué decía, Leonardo con incredulidad se acomoda en la silla y hace un gesto con la mano para que se siente con nosotros. Mason se acerca a una mesa cercana, pregunta si una de sus sillas vacías están ocupadas. Al ver que la respuesta fue un no, agarra una silla y la coloca en unos de los lados de la mesa.
Un mesero nos entrega las bebidas que habíamos pedido, una bebida con gas para Leonardo y una limonada con granadina para mi. Mason aprovecha para pedir un plato del menú para él junto con una bebida antes de que el mesero se vaya. Hay un pequeño silencio incómodo entre los tres, hasta que Leo decide hablar.
— ¿Qué haces acá? Este restaurante no queda muy cerca que digamos.
— Mis papás querían ponerme a prueba en su empresa. — responde con indiferencia. — ¿Puedo agarrar un poco?
Al ver que Mason señala discretamente mi limonada giro con incomodidad a Leo. Él, en cambio, sigue molesto sin entender lo que está pasando. Pasaron unos segundos antes de que le pasara mi vaso con una sonrisa incómoda.
— Gracias — responde agarrando el vaso, tomando un sorbo y dejándolo de nuevo en la mesa —. No había tomado más que vino en toda la noche.
— ¿En qué dijiste que trabajan tus papás? — pregunté curiosa.
— Ambos son ingenieros civiles, tienen su propia empresa, ahora están negociando para comprar terrenos y construir un edificio o algo así.
Cuando Leonardo intentó unirse a la conversación llega la comida de los tres y otra limonada con granadina, la cual sirvieron a mi lado.
— Yo ya tomé de esta — explica Mason —. Quédate con esa que está el vaso lleno y yo pago mi parte de la cuenta, así que no se preocupen por eso.
— Eso es lo que menos me preocupa — susurra Leonardo con la mano en la boca.
Supongo que Mason no lo escuchó ya que empezó a comer de su plato. Mientras tanto, yo pisé levemente su zapato para que se calmara un poco. Leonardo entendió lo que le quise decir ya que rodó los ojos, se acomodó en la silla de nuevo y comenzó a comer al igual que nosotros dos. Al poco tiempo Leonardo carraspea con su garganta, toma un poco de su bebida y comienza a hablar.
— ¿Tus papás no te estaban poniendo a prueba?
Mason voltea hacia una esquina en el restaurante en donde hay una gran mesa con más de diez personas vestidas formal hablando entre ellas.
— Están bastante ocupados — responde con una sonrisa —. Solo me necesitan cuando vayan a firmar el contrato… si es que lo firman.
Seguimos comiendo nuestras comidas hasta que se me ocurrió cómo romper el hielo.
— ¿Qué posición juegas en el equipo? A parte de ser el capitán.
— Si te digo no creo que sepas.
Leo suelta una risita a la respuesta de Mason.
— Ya sé, eres punta — dije sin cuestionar mi respuesta.
Mason luce sorprendido al escuchar lo que dije. Él voltea en dirección a Leonardo para ver que se estaba aguantando la risa hasta ese momento que comenzó a reírse a un volumen moderado. Me uní a su risa dejando aún más confundido a Mason.
— ¿Cómo lo supiste? — pregunta Mason aún sorprendido.
— Ella jugaba voleibol en secundaria — responde Leonardo por mi.
Mason se sorprende de esa respuesta mientras me mira. No es un dato de mi pasado que muchos conocen, solo lo sabe Leonardo por lo que estudiamos en la misma secundaria. Muchas personas tampoco saben que dejé de jugar luego de lesionarme la rodilla a tal punto de entrar a un quirófano para que me realizaran una cirugía. Le tengo mucho respeto a ese deporte ya que la recuperación fue bastante complicada.
— A parte — continué hablando —, las personas que juegan en esa posición suelen ser los más egocéntricos.
Leo y yo reímos a mi comentario y a la cara de Mason, pero luego se nos une al ver que era una broma.
— Y te sorprenderás en donde estoy jugando — dice Leonardo entre risas.
Leonardo siempre jugaba de opuesto, desde que empezamos a jugar juntos en la escuela, hasta el año pasado que su club cerró por problemas de goteras en la cancha, cosa que no permite que los jugadores se desempeñen bien en los partidos.
#4780 en Novela romántica
#282 en Joven Adulto
romance juvenil y amistad, triangulo amoros, discusiones y peleas
Editado: 20.05.2026