Como era de esperarse, todavía faltaban mínimo seis personas antes de mi turno, supongo que querían prevenir atrasos. Comienzo a saltar de un lado a otro como anteriormente hizo Nick y ahí se fueron unos cinco minutos. En lo que quedaba del tiempo me quedo viendo a las demás concursantes.
Veo como la penúltima en la lista termina su presentación y entra a las bambalinas mientras que el público le aplaude y los jueces anotan. Mi corazón fue a millón cuando escucho mi nombre junto con el título “Empty” y recuerdo lo que me dijo el profesor antes de entrar a la tarima: “La idea es expresar esa soledad y el vacío que sienten las personas.”
Estoy de pie, los pies descalzos tocando el piso helado de la tarima. Mi corazón late con fuerza; los últimos minutos antes de empezar me devoran por dentro. Siempre me pasa lo mismo: la ansiedad rueda por mi espalda, tomando mi respiración, acelerando mis pulsaciones.
Mi familia piensa que dejé todo esto, pero aquí estoy, un secreto vivo en cada fibra.
La música inicia. Un acorde suave, casi un susurro. Siento la quietud que lo precede todo. Mi cuerpo se contrae, tironea contra mí misma, y yo avanzó. Un paso al frente, pesado, pero necesario. La tensión me sostiene. Siento como si entrara en una burbuja donde solo existo yo y la melodía. Un escalofrío me recorre cuando alzo los brazos y mis dedos se estiran hacia lo alto, buscando un vacío. El aire alrededor mío vibra; el pulso de la canción lo siento retumbar en mi centro. Giro poco a poco, por dentro y por fuera. Mi cuerpo se inclina y me abandono, me dejo caer y rodar, y se me acelera el ritmo: inhalaciones rápidas, exhalaciones tensas.
Cada ondulación que sale de mi torso trae consigo todo lo que callé: aquellas voces del pasado que me dijeron que no, las silenciosas batallas con mi reflejo. Y sin embargo, estoy aquí, narrando esa verdad con cada costilla que se expande y se contrae al compás.
Me doblo casi hasta tocar el suelo con las manos, permito que el peso me hunda… y después me sacudo, me recompongo, me reconstruyo. La música me dicta que sea fuerte, frágil, valiente, quebradiza.
El clímax me arrastra. Mis brazos se abren como si intentara abarcar lo que no puedo decir en palabras. El pecho explota y mis pies casi dejan de tocar el suelo. Y cuando pienso que todo va a estallar, todo se aquieta. Vuelvo al primer espacio, al silencio que me dio miedo. Respiro. Me quedo allí, solo yo.
Desperté de esta especie de sueño cuando escucho los aplausos. Sigo estática en mi posición hasta que el teatro oscurezca. Mientras mi pecho sube y baja e intento no desmayarme por la ola de adrenalina en la que estuve hace unos segundos, me doy cuenta de que solo quedaba un botón abotonado de los siete que tiene la camisa. Puedo jurar que en más de una ocasión se vio mi brasier color piel.
Y ahí es cuando caigo en cuenta… Estaba prácticamente sin camisa, ya que con la luz y la distancia el brasier no se diferenciaba de mi piel, frente a más de mil personas y las luces aún no se apagaban para yo salir de la tarima.
Intento calmar mi respiración hasta que se oscurece el escenario. Vuelvo a las bambalinas y lo primero que me encuentro es a Nicholas esperando a un lado con mi vestido en la mano. Al tenerlo de frente me desabotona el único botón que lograba ocultar mi brasier y tirarlo un poco hacia atrás haciendo que toda la camisa quede colgando en mis codos.
— ¿Qué demonios estás haciendo? — rápidamente vuelvo a colocar la camisa sobre mis hombros e intentó cubrir un poco con mis manos.
— Ejecuto el plan — dijo mientras terminaba de quitar la camisa de mis brazos y se acercaba al botón del pantalón.
— No. Espera. Anda a desnudar a tu novia, pero a mi no.
— En mi larga vida de bailarín nunca he tenido sexo en un teatro y no está dentro de mis metas de vida. Además, nadie nos está viendo y el presentador casi termina — me regaña mientras termina de desabotonar el pantalón y me entrega el vestido —. Si no quieres ayuda, termina de cambiarte por tu cuenta.
Y así, después de decirlo, se dio la vuelta y calentó rápidamente su cuerpo.
Él tenía razón, el presentador estaba finalizando de contextualizar la siguiente categoría, la cual era duetos, y yo aun estaba con el vestuario anterior. Debido al poco tiempo que tenía, olvido que estoy frente a muchos bailarines y me quito el pantalón para poderme poner el pequeño vestido. Dejo el anterior vestuario a un lado y me coloco el vestido y, al igual que la vez anterior, no pude colocarme los últimos botones detrás del cuello. Busco rápidamente a Nicholas, lo encuentro entre las cortinas, me acerco a él y le pido que me ayude con eso. Él rueda los ojos para luego abrochar los botones en menos de cinco segundos. ¿Cómo hacen para hacer eso tan rápido?
El presentador termina de hablar, sale de escena y el staff nos ayuda a llevar la utilería y a colocarla donde necesitábamos. Eran dos grandes paredes blancas con huecos haciendo la ilusión de ventanas donde nos podíamos sentar y parar.
Cada uno se recostó en una de las paredes y nos quedamos quietos unos segundos esperando a que la música empezara. Al hacerlo, ambos nos metimos en personaje y se encendió una luz que apuntaba directamente a Nicholas, dejando a oscuras mi parte del escenario.
Cuando llega mi momento de bailar, encienden la otra mitad del escenario y Nicholas se acerca al ritmo de la música. Me apoyo en su brazo por unos segundos.
#6303 en Novela romántica
#677 en Joven Adulto
romance juvenil y amistad, triangulo amoros, discusiones y peleas
Editado: 31.07.2026