A Destiempo

Capítulo 15

La primera cosa que sentí al despertar fue el peso de un brazo rodeándome la cintura.

Abrí los ojos lentamente, todavía atrapada entre el sueño y la realidad, y por un segundo no entendí dónde estaba. La habitación oscura. El olor a madera y perfume masculino. La respiración tranquila detrás de mí.

Entonces lo recordé todo de golpe.

Mason.

Me tensé apenas al notar lo cerca que estaba. Él seguía dormido, pegado a mi espalda, con un brazo atrapándome contra su pecho como si en algún momento de la noche hubiera decidido que esa era exactamente la posición correcta para dormir.

Y lo peor era que no me molestaba.

Debería haberme molestado.

Pero había algo peligrosamente cómodo en el calor de su cuerpo, en la forma en que respiraba lento detrás de mí, completamente relajado. Como si tenerme ahí fuera lo más natural del mundo.

Giré lentamente quedando frente a él.

Mala idea.

El cabello despeinado le caía sobre la frente y tenía esa expresión tranquila que nunca mostraba despierto. Sin sonrisas arrogantes. Sin comentarios provocadores. Solo Mason, dormido, abrazándome como si no quisiera soltarme.

Mi corazón hizo algo estúpido dentro del pecho. Entonces él abrió los ojos. Y me encontró mirándolo.

Una sonrisa cansada apareció lentamente en sus labios.

— ¿Disfrutando la vista, preciosa?

Aparté la mirada enseguida.

— No te estaba mirando.

— Claro que sí.

Su voz seguía ronca por el sueño. Sentí cómo su brazo me apretaba suavemente más cerca antes de que colocara su cabeza sobre la mía.

— Cinco minutos más — murmuró.

Solté una pequeña risa nasal.

— No.

Busqué mi teléfono sobre la mesa de noche y apenas vi la hora sentí que el alma se me salía del cuerpo.

— Mason.

Él soltó un sonido confundido.

— Mhm.

— Vamos tarde.

Ahora sí levantó la cabeza.

— ¿Tarde para qué?

Me giré hacia él de golpe.

— El almuerzo en casa de Leonardo.

Eso terminó de despertarlo.

Me levanté rápido de la cama, buscando mis zapatos y la ropa de la competencia mientras intentaba acomodarme el cabello con una mano. Podía sentir la mirada de Mason siguiéndome por toda la habitación.

— Relájate — dijo, apoyándose sobre un codo —. No es tan tarde.

— Tú no entiendes. — dije, cambiándome la ropa de espaldas a él para no sentirme tan observada — La mamá de Leonardo se toma estas cosas demasiado en serio.

— Entonces dile que te secuestré.

Lo miré seriamente.

— Mason.

Él soltó una risa baja.

— Era broma.

Voy al baño para terminar de abotonarme la camisa blanca y acomodar el pantalón. Mientras intentaba arreglarme frente al espejo, Mason apareció detrás de mí, todavía medio dormido, con el pijama arrugado y el cabello imposible.

— El brasier se ve mejor cuando estás de frente — comenta coqueto en mi oído, apoyando una mano en mi cintura

Me giró suavemente hacia él. Mi respiración se traba automáticamente.

—Buenos días, preciosa.

Y antes de que pudiera responder, me besó. Lento. Suave. Como si todavía siguiera medio dormido y besarme fuera lo primero que quería hacer al despertar. Mi mano terminó aferrándose a la tela de su camiseta sin siquiera pensarlo. Cuando se separó, dejó otro beso pequeño en la comisura de mis labios, apenas rozándome.

— Ahora sí puedes seguir entrando en crisis — murmuró.

Lo odié un poco por hacer que me gustara tanto.

☆★☆

El viento frío golpeaba mi cuerpo mientras íbamos en la moto hacia casa de Leonardo. Esta vez lo abracé desde el inicio. No porque tuviera miedo de caerme. Solo… quería hacerlo e intenté no pensar demasiado en eso.

Cuando llegamos, bajé rápido de la moto y me quité el casco. Mason solo levantó el visor de su casco.

— Nos vemos otro día — le dije apenas se lo devolví.

Mason arqueó una ceja.

— Wow. Qué cálida eres — dice sarcástico.

— Lo digo porque Leonardo puede abrir la puerta.

— Y yo digo que estás nerviosa.

Abrí la boca para responderle, pero justo en ese momento la puerta de la casa se abrió. La mamá de Leonardo apareció con una sonrisa amable.

— ¡Megan! Pensé que se habían perdido — Dice caminando hacia mí, con los brazos abiertos lista para abrazarme.

Me saluda con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo. Al separarnos, ve a Mason detrás mío, con ojos sonrientes. Con esa mirada me dio a entender que no quería irse.




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