A Destiempo pero siempre Tu...

Entre Canciones y Dudas

Las vacaciones pasaron entre llamadas, mensajes y esa sensación constante de que mi corazón ya no me pertenecía del todo.
Estaba con él.
Con Héctor.
Incluso cuando no estábamos juntos.
Porque todo en mi día terminaba llevándome a él.
Su voz.
Sus palabras.
La manera en que me decía amor.
Yo ya lo sabía.
Lo amaba.
Lo amaba con esa intensidad que no avisa, que no pregunta, que simplemente llega y se instala en cada pensamiento.
Él también me dedicaba canciones.
Muchas.
Cada una parecía hablar por nosotros.
Cada letra se convertía en una promesa, en una caricia, en una manera de decir lo que a veces no alcanzábamos a poner en palabras.
Pero hubo una en especial que se quedó tatuada en mí.
"No hace falta" de Nicho Hinojosa.
Recuerdo perfectamente el momento.
Su voz al otro lado del teléfono.
La canción sonando.
Y después, sus palabras.
—Es lo que siento por ti.
En ese instante sentí que el corazón se me llenaba por completo.
No hubo duda.
No hubo miedo.
Solo la certeza de que aquello era real.
Fue uno de los días más maravillosos de mi vida.
Porque necesitaba creerle.
Porque quería creerle.
Porque para mí, Héctor ya se había convertido en todo.
Pero mientras todo eso pasaba…
Alfonso ya comenzaba a enterarse.
Sabía de nosotros.
Sabía de Héctor y de mí.
Y aunque no siempre lo decía directamente, empezó a meterse en medio.
A veces me decía cosas de Héctor.
Comentarios.
Frases pequeñas.
Insinuaciones.
Y al mismo tiempo, yo sabía que también le decía cosas mías a él.
Como si poco a poco fuera sembrando dudas entre nosotros.
Como si quisiera romper algo que ya no le pertenecía.
Y no estaba solo.
La recepcionista también empezó a formar parte de esa distancia.
Había días en los que llamaba con la ilusión de escuchar su voz.
Marcaba con el corazón acelerado, esperando que contestara.
Pero muchas veces era ella quien respondía.
—No te lo puedo pasar.
—No está en su lugar.
—Está ocupado.
Al principio intentaba no darle importancia.
Me repetía a mí misma que seguramente estaba trabajando.
Que tenía eventos.
Que su trabajo demandaba mucho tiempo.
Pero conforme los días pasaban, esas respuestas comenzaron a pesarme.
Porque se repetían demasiado.
Siempre había una razón para no comunicarme con él.
Y eso empezó a sembrar algo nuevo dentro de mí.
Inseguridad.
La sensación de no saber si realmente estaba ocupado… o si algo estaba cambiando entre nosotros.
Regresamos a la escuela.
Y todo se volvió aún más confuso.
Alfonso buscaba constantemente llamar mi atención.
Con palabras.
Con actitudes.
Con esa insistencia que antes no había tenido.
Parecía que cuanto más me acercaba emocionalmente a Héctor, más presente quería estar él.
Y yo me sentía ansiosa.
Había días en los que casi no lograba hablar con Héctor.
Días en los que el silencio pesaba demasiado.
Y al mismo tiempo, sabía que su trabajo estaba más demandante.
Había eventos.
Una pasarela que lo mantenía ocupado.
Y aunque trataba de entenderlo, mi mente comenzaba a llenarse de pensamientos que no siempre eran buenos.
Me sentía molesta.
Triste.
Confundida.
Pero cuando por fin lograba escuchar su voz, todo parecía calmarse.
Su voz seguía teniendo ese efecto en mí.
Me sostenía.
Me tranquilizaba.
Por un momento, todo el ruido desaparecía.
Pero en el fondo, algo nuevo ya había nacido.
El miedo de perderlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.