A Destiempo pero siempre Tu...

Lo que se dice... y lo que se Siente

Una tarde, después de la escuela, recibí una llamada de Alfonso.
Su voz sonaba diferente.
Más seria.
Más contenida.
Como si hubiera pensado mucho antes de marcarme.
—¿Podemos vernos?
Solo un rato… quiero platicar contigo.
Hubo un pequeño silencio.
Después añadió algo que no pasó desapercibido.
—Pero no le digas a Héctor.
No supe por qué, pero acepté.
Tal vez por costumbre.
Tal vez porque durante mucho tiempo él había sido mi mejor amigo.
O tal vez porque una parte de mí todavía no sabía cómo poner una distancia real entre lo que fuimos y lo que estaba viviendo ahora.
Minutos después de colgar, el teléfono volvió a sonar.
Era Héctor.
Solo escuchar su voz me cambió el ánimo.
—Ya voy para la casa, estoy cansado.
¿Tú qué vas a hacer?
En ese momento dudé un segundo.
No quería mentirle, pero tampoco sabía cómo decirle que iba a ver a Alfonso, sobre todo porque él mismo me había pedido que no le dijera.
Así que respondí:
—Voy a salir con unos amigos un rato… pero regreso rápido.
Te aviso cuando llegue.
No era una mentira completa.
Pero tampoco era toda la verdad.
Nos vimos cerca de la escuela.
Desde el principio sentí que algo no estaba bien.
Alfonso estaba raro.
Su actitud no era la de siempre.
Había algo en su forma de hablar, de acercarse, de mirarme.
Como si quisiera aparentar que no era solo mi amigo.
Como si quisiera ocupar un lugar distinto.
Varias veces tuve que detenerlo.
—Por favor, respeta… estoy con Héctor.
Él decía que lo entendía.
Que ya había aceptado que yo no quería nada más con él.
Pero algo en su mirada decía lo contrario.
En medio de aquella conversación, mi teléfono sonó.
Héctor.
Mi corazón se aceleró.
Contesté.
—¿Dónde andas?
Le dije el lugar.
Y sin esconder nada, añadí:
—Estoy con Alfonso.
En ese instante sentí la mirada de Alfonso sobre mí.
Una sonrisa extraña apareció en su rostro.
Como si hubiera estado esperando justo ese momento.
Como si, de alguna manera, sintiera que había ganado algo.
Del otro lado de la línea, Héctor guardó silencio por unos segundos.
Luego dijo:
—Ok… está bien.
Luego hablamos.
No llegues tarde a tu casa.
Y colgó.
Así, sin más.
Los días siguientes fueron silenciosos.
No supe nada de ninguno de los dos.
Ni llamadas.
Ni mensajes.
Solo ese vacío incómodo que parecía crecer dentro de mí.
Extrañaba a Héctor.
Me preocupaba el silencio.
No entendía si estaba molesto, ocupado o si algo estaba cambiando entre nosotros.
Hasta que llegó el fin de semana.
Muy temprano, el teléfono sonó.
Era Héctor.
Contesté de inmediato.
—Vamos a salir.
Y en ese instante todo dentro de mí volvió a encenderse.
Los nervios.
La emoción.
La ilusión.
No sabía qué ponerme.
Nada me parecía suficiente.
Me cambié varias veces, buscando verme bonita para él.
Porque iba a verlo.
Porque lo había extrañado demasiado.
Cuando llegó a mi casa, ahí estaba.
Tan guapo como siempre.
Con esa presencia que llenaba todo.
Por un momento sentí que el silencio de los días anteriores se borraba.
Salimos.
Fuimos a comer primero.
La conversación fluyó tranquila.
Yo quería disfrutar el momento, aunque en el fondo todavía sentía la inquietud de no haber sabido nada de él.
Después fuimos al cine.
Recuerdo perfectamente la emoción de caminar a su lado.
Escuchar su voz.
Sentir su cercanía.
La película, honestamente, era lo de menos.
Lo importante era estar con él.
Sentir que todavía estábamos bien.
Que todavía había un nosotros.
No podía dejar de sentirme nerviosa.
Cada mirada.
Cada sonrisa.
Cada pequeño roce accidental.
Todo me hacía sentir que el corazón me latía más rápido.
Solo quería abrazarlo.
Quedarme cerca.
Detener el tiempo.
Porque lo había extrañado demasiado.
Pero la tarde terminó pronto.
Tuvo que llevarme temprano a casa porque tenía planes con su familia.
Lo entendí.
Sonreí.
Le dije que estaba bien.
Pero cuando se fue, sentí que me quedaba queriendo más.
Más tiempo.
Más palabras.
Más de él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.