A Destiempo pero siempre Tu...

Lo que No se Puede Negar

No sabía en qué momento mi vida se había convertido en un cruce entre lo que estaba viviendo… y lo que nunca había terminado de sentir.
Jorge estaba ahí.
Presente.
Real.
Con esa calma que había llegado a mi vida cuando más la necesitaba.
A su lado, los días tenían una paz distinta.
No era la intensidad que una vez conocí.
Era algo más sereno.
Más maduro.
Más seguro.
Y aun así…
había algo dentro de mí que seguía habitando otro tiempo.
Una tarde estábamos juntos.
Una de esas tardes tranquilas que parecían no tener ninguna sombra.
La conversación fluía con naturalidad.
Todo se sentía en su lugar.
Hasta que mi teléfono vibró.
No necesité mirar dos veces.
Lo supe incluso antes de ver su nombre.
Héctor.
Sentí cómo algo dentro de mí se tensó.
Fue instantáneo.
Como si el pasado hubiera entrado en la habitación sin pedir permiso.
Jorge levantó la mirada.
Lo notó.
Siempre supo leerme más de lo que yo misma podía hacerlo.
—¿Quién es?
Por un instante pensé en callar.
En responder cualquier cosa.
Pero entre nosotros no existían las medias verdades.
No quería empezar a construir desde el silencio.
Así que respiré profundo.
Y le dije todo.
Su nombre.
La historia.
Lo que había sido.
Lo que todavía era dentro de mí.
Mientras hablaba, sentí cómo cada palabra me iba dejando más expuesta.
Más vulnerable.
Como si por primera vez estuviera poniendo en voz alta algo que había vivido durante demasiado tiempo en silencio.
Y entonces salió de mí una frase que ni siquiera pensé.
Una verdad que llevaba escondida en el pecho.
—Si alguna vez le fuera infiel a alguien… sería con él.
En cuanto lo dije, sentí que el aire cambió.
El silencio entre nosotros no fue incómodo.
Fue profundo.
Como si incluso las paredes hubieran escuchado la verdad de mi corazón.
Jorge me miró.
No con enojo.
No con reproche.
Solo intentando entender.
Después de unos segundos preguntó, con una calma que aún hoy me conmueve:
—¿Estás segura de seguir conmigo?
La pregunta no solo iba dirigida a mí como pareja.
Era una pregunta que me atravesaba por dentro.
¿Lo estaba?
Lo miré.
Y asentí.
Porque en ese momento quería creer que sí.
Que podía quedarme.
Que podía seguir construyendo algo real con él.
Pero desde ese instante, algo cambió.
No en nosotros.
Sino en lo que sabíamos.
Ahora entre los dos existía un nombre que no necesitaba explicación.
Héctor.
Esa noche hablé con él por teléfono.
Escuchar su voz volvió a moverlo todo.
Había en su tono algo que siempre encontraba la forma de desarmarme.
Hablamos largo.
Como si ambos supiéramos que esa conversación no era una llamada cualquiera.
Había despedida.
Había cariño.
Había palabras bonitas intentando cubrir lo que ninguno se atrevía a decir del todo.
Y entonces sonó la canción.
Vez.
Sin Bandera.
Recuerdo su voz.
Lo que dijo en ese momento.
La manera en que esas palabras, junto con la canción, terminaron de abrir algo dentro de mí.
Porque sí…
esa canción era nosotros.
Era demasiado real.
Si él me tocaba, todo cambiaba.
Todo temblaba.
Me volvía vulnerable.
Me volvía otra.
Como si frente a él perdiera toda lógica.
Como si me desconociera.
Como si el mundo entero dejara de importar.
Nunca entendí por qué.
Nunca supe si él sentía lo mismo.
Pero en el fondo…
siempre quise creer que sí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.