A Destiempo pero siempre Tu...

Puntos Supensivos...

Después de aquella llamada, después de escuchar su voz mezclarse con la letra de Vez, sentí que algo dentro de mí se partía en dos.
Por un lado estaba la tranquilidad que había encontrado con Jorge.
La certeza de una relación que, aunque distinta a todo lo anterior, me ofrecía estabilidad.
Por el otro…
estaba Héctor.
Ese nombre que nunca había dejado de existir dentro de mí.
Intenté hacer lo correcto.
Me repetí muchas veces que lo mejor era tomar distancia.
Que no podía permitir que el pasado volviera a romper lo que apenas estaba comenzando a construir.
Y entonces pasó.
Comencé a verlo en sus publicaciones.
Fotos.
Comentarios.
Palabras que no eran para mí.
Estaba con alguien más.
Recuerdo el instante en que lo vi.
Sentí un vacío extraño.
Como si de pronto me arrancaran algo que nunca había sido completamente mío, pero que aun así seguía sintiendo como parte de mí.
Dolió.
Dolió de verdad.
Pero, aun con todo ese dolor, hubo algo que me sorprendió de mí misma.
Le deseé lo mejor.
Porque cuando amas de verdad, incluso desde la distancia, quieres que la otra persona sea feliz.
Aunque no sea contigo.
Aunque no te toque.
Aunque te rompa un poco más el corazón.
No supe cómo despedirme.
No quería una llamada.
No quería volver a escuchar su voz y desarmarme otra vez.
Así que le dejé una nota en su página de Hi5.
Fueron palabras sencillas.
Cortas.
Pero llevaban todo lo que yo no sabía cómo decir de frente.
Le agradecí.
Le deseé paz.
Le deseé amor.
Le deseé una vida bonita.
Mientras escribía, me di cuenta de algo.
La que realmente se estaba despidiendo era yo.
La que estaba intentando cerrar una herida era yo.
La que se estaba rompiendo el corazón era yo.
Aun así, lo dejé ahí.
Como quien pone un punto final.
Pero en el fondo sabía que no era un final.
Era apenas un punto y coma.
O tal vez…
tres puntos suspensivos.
Porque una parte de mí seguía esperando.
Una respuesta.
Una señal.
Algo.
Los días con Jorge continuaron.
Y eran buenos.
Muy buenos.
Con él la vida tenía una ligereza que no había conocido antes.
Todo era espontáneo.
Diferente.
Había risas.
Planes improvisados.
Momentos que se sentían vivos.
Y aun así…
cada vez que hablaba con mi mejor amiga, terminaba diciendo lo mismo.
Cuánto amaba a Héctor.
Cuánto deseaba verlo.
Cuánto esperaba, en algún rincón secreto del corazón, que algún día volviera.
Como si una parte de mí se hubiera quedado suspendida en el tiempo.
Esperando algo que quizá nunca iba a pasar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.