A Destiempo pero siempre Tu...

Lo que el Silencio No Dijo

Esa misma noche…
después de todo.
Después de las palabras que no alcanzaron.
Después de lo que ninguno de los dos supo resolver.
Después de ese abrazo que pareció contener años enteros…
me llevó a casa.
Como siempre.
Como si nada hubiera cambiado.
Como si siguiéramos siendo los mismos de aquella primera vez.
Caballeroso.
Sereno.
Presente.
Pero no era igual.
Los dos lo sabíamos.
Aunque ninguno lo dijera.
Porque había algo rompiéndose entre nosotros.
No con ruido.
No con reclamos.
Sino en silencio.
Como se rompen las cosas que todavía se aman.
El camino se sintió corto.
Demasiado corto.
Yo no quería llegar.
No quería que la noche terminara.
No quería bajarme del coche.
Porque sabía lo que eso significaba.
Otra despedida.
Otra pausa.
Otro “después nos vemos” que nunca tenía fecha.
Cuando llegamos, el aire de la noche estaba quieto.
Todo parecía en calma.
Como si el mundo no supiera el caos que llevaba dentro.
Bajé.
Él también.
Y entonces volvió a abrazarme.
No fue un abrazo cualquiera.
Fue uno de esos abrazos en los que el tiempo parece detenerse.
En los que todo tiene sentido.
Y al mismo tiempo, nada.
Sentí su pecho cerca.
Su respiración.
Ese refugio que siempre encontraba en él.
Entonces lo escuché decir, con esa voz que siempre encontraba la forma de tocarme por dentro:
—Eres tan abrazable.
Sonreí.
Pero por dentro…
por dentro estaba gritando.
Sí.
Sí, lo soy.
Pero tengo miedo.
Miedo de enamorarme más.
Miedo de volver a caer.
Miedo de que otra vez te vayas
y yo me quede aquí…
con el vacío.
No quiero estar sin ti.
No quiero volver a perderte.
No te vayas.
Por favor.
Vuelve.
Pero nada de eso salió de mi boca.
Porque a veces el corazón habla en silencio.
Y nadie lo escucha.
Tal vez ni una misma.
Lo miré.
Por un instante sentí que él estaba esperando algo.
Una señal.
Una palabra.
Un paso hacia él.
Como si su corazón estuviera abierto frente a mí, esperando que yo entrara.
Pero no lo hice.
No porque no quisiera.
Sino porque dentro de mí todavía existía otra historia.
Jorge.
Una historia que también era real.
Que también importaba.
Que también había construido una parte de mi vida.
Y así, sin gritos.
Sin lágrimas.
Sin despedidas dramáticas.
Dejé pasar el momento.
Ese momento.
El que no regresa.
El que, con el paso del tiempo, vuelve una y otra vez a la memoria preguntando:
¿qué habría pasado si me hubiera quedado?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.