—Dijiste que era urgente, Bell— soltó Bat nada más me vió entrar, directo al grano.
Seguramente estaba enojado por no dejarlo tomarse su tiempo con Julieta y no lo culpaba. Acabamos de llegar y ya los estoy molestando de nuevo. Pero era mejor que se enteraran por mí y no por Nat.
Asentí. Me coloqué frente a la mesa, con el eco áspero de la bomba de agua marcando el ritmo de mis palabras.
—Interceptamos una transmisión. No sabemos el origen exacto, pero está activa todavía.
Bat alzó una ceja.
—¿Militar?
—No lo parece— contestó Nat, enseñando su libreta—. La señal fluctúa, como si viniera de equipos viejos o portátiles. Algo similar a lo nuestro. Podría ser civil.
Los miré a todos antes de hablar, intentando adivinar cómo serían sus reacciones, qué dirían al respecto…
Yo no quería tomar acción inmediata, Joe sabría eso y estaría de acuerdo. Quizá Tad y Bat también. Keith, si había buenos argumentos, se pondría del lado de Sergio, Río y Nat porque salvar vidas es lo que un doctor hace. Ehecalt no era parte del consejo así que su opinión no definiría nada, pero tampoco podría predecirla para ser sincera. No era tan fácil de leer.
—Mencionaron “cincuenta”. Y algo de “hacerlos volar”.
El zumbido de la bomba pareció hacerse más fuerte gracias al silencio que dejaron. Después, Río levantó la cabeza tan bruscamente que la silla crujió.
—¿Cincuenta… personas?
—Cincuenta cargas— corrigió Nat, aunque sonaba más a un intento de convencerse a sí mismo—. Sonaba a cincuenta cargas de explosivos.
El bolígrafo de Simón cayó sobre la mesa con un golpe seco que hizo que todos pestañeáramos. Ehecalt respiró hondo y, por su mirada –que en ese instante se parecía un poco a la mía–, supuse que se había perdido en sí mismo.
—Eso es mucho peor, ¿saben?— dijo Bat, con voz baja—. Suena a ataque.
—Exacto —respondió Nat—. No sabemos si nos apuntan a nosotros, pero no podemos descartarlo.
Gabe, que no había dicho nada hasta entonces, se acercó el radio a la oreja, pero enseguida se quejó de no poder oír nada.
La sala de reuniones estaba al lado de la bomba de agua, una ubicación estratégica para que el ruido de la máquina ocultara nuestras conversaciones, pero resultaba una molestia cuando nosotros mismos queríamos oír algo.
Con un gesto los silencié a todos.
—Sería más fácil si solo vibrara…—murmuró.
Ah, lo olvidaba. Para mejorar esto, los controladores de volumen del radio de Nat en específico, no servían muy bien entonces el más alto posible eran unos -20 decibeles.
—Está diciendo algo más…
—¿Estás seguro? —preguntó Joe.
Gabe asintió.
—Escuchen. Hay una secuencia que se repite: tres cortos, dos largos, pausa, tres cortos otra vez.
Ehecalt se incorporó, repentinamente atento y muy interesado.
—¿Puedes traducirlo?
—No completo —respondió Gabe sin apartarse el radio—. La interferencia corta fragmentos. Lo que escucho un segundo después ya está incompleto. Estoy perdiendo letras importantes.
Eso bastó para que todos intercambiaran miradas. Cada uno sabía lo que significaba algo así… Sabíamos bien cómo era llegar tarde.
—Sé bien que no todos estarán de acuerdo conmigo…— confesé con la voz hecha un suspiro por dos razones: la primera, que no quería opacar el sonido que Gabe necesitaba oír, y la segunda era que no estaba segura de lo que iba a decir—, pero aún así, todos estarán irrevocablemente de acuerdo con que es más seguro esperar.
Me pareció prudente hacer justamente eso: esperar a ver si alguien opinaba diferente, pero no hubo nada.
—No sabemos si se trata de personas, animales, mousntruos, explosivos o nada y, honestamente, yo no tengo energías para salir a averiguar la respuesta. El objetivo de esta reunión era meramente informar la situación, no tomar acción.
—Bell, no podemos simplemente ignorarlo…— empezó Sergio—. ¡50 es un número muy grande independientemente de lo que sea que represente!
—50 es mucho, sí, pero no es todo— le dije, con tono más firme—. Aquí hay casi cien, en tu base cuarenta y con todas las manadas que conocemos sumamos casi 600.
—¿Y si somos nosotros?— preguntó de pronto una voz baja y fluida.
—Ya sabíamos que en cualquier momento nos iban a encontrar, Tad. Lo único que no pudimos suponer era quién.
Esa respuesta pareció ser suficiente para él. Asintió y esperó pacientemente a ver si alguien más tenía algo que decir; Joe fue el siguiente.
—Ya sabes que yo siempre te apoyo, Bell. Y Pao no está presente pero ella también.
—Completamente razonable lo que piensas— opinó Bat—. Yo también estoy cansado.
—Tienes razón en que no sabemos si se trata de personas y, sin personas heridas, yo no tengo nada de qué preocuparme. ¿Qué opinas tú, mi corazón?— Solo para aclarar, ese era otro de los muchos apelativos cariñosos que Keith usa con sus pupilos.
#94 en Ciencia ficción
#217 en Joven Adulto
#romance #fantasía #recuerdos, #distopía, #post-apocalíptico
Editado: 11.02.2026